Reyes, coroneles y lucha callejera en Grecia
Ioannis es un chaval griego anarquista de 17 años que conoce al dedillo la historia de los principales dirigentes anarquistas de la Segunda República española, como Buenaventura Durruti y Federica Monseny. «España y Grecia tenemos cosas en común», afirma frente al mural que recuerda a Kyriakos Xymitiris, un ácrata que murió hace dos años mientras manipulaba un artefacto explosivo. El rostro de Xymitris ocupa la fachada exterior de un edificio del barrio de Exarchia, en Atenas. Hay centenares de murales y grafitis en esta parte de la capital griega.
[–>[–>[–>Exarchia es conocido por ser el centro de protestas de grupos izquierdistas y anarquistas. En la memoria permanecen los más de 40 jóvenes que murieron en 1973 cuando, en plena dictadura de los coroneles, el Ejército sofocó a sangre y fuego una revuelta estudiantil en la Universidad Politécnica, situada en el vecindario. Las paredes del barrio evocan también la masacre, así como la muerte de un adolescente por disparos de la policía en una protesta en 2008. Hoy, las pintadas hacen referencia al genocidio en Gaza y al proceso de gentrificación que sufre la zona. Las noches de Exarchia transcurren bajo la vigilancia de policías antidisturbios apostados frente a restaurantes, bares de copas y locales alternativos.
[–> [–>[–>La historia de la Grecia moderna está repleta de sobresaltos y revueltas populares. Desde su independencia del imperio Otomano en 1921, ha vivido revoluciones, guerras civiles, dos guerras mundiales, golpes de Estado, tres repúblicas, lucha guerrillera comunista, violencia terrorista, la bancarrota económica y hasta la imposición desde fuera de monarcas extranjeros. El primer rey de la Grecia moderna fue un alemán, Otto de Baviera, que reinó de 1832 a 1862. El último, Constantino II, hermano de la reina Sofía, era el bisnieto del rey Jorge I de Grecia, nacido en el seno de la familia real de Dinamarca. El golpe de Estado de los coroneles lo envió al exilio en 1967.
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Entre dos mundos
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La República Helénica (nombre oficial del país) vive entre dos mundos, el occidental, que la une a la UE, y el oriental, ligado a la iglesia ortodoxa. La dictadura, que duró siete años, se apoyó en la religión para legitimar su poder. Obligó a la población a asistir a la iglesia, prohibió a los hombres llevar el pelo largo y a las mujeres minifalda. La estricta censura afectó a textos de los clásicos griegos. También a la música. El compositor, político y activista Mijalis Theodorakis sufrió años de destierro en un pueblo del Peloponeso, donde hay un museo en su memoria. La masacre de estudiantes en Exarchia fue el principio de fin la dictadura, que cayó un año más tarde.
[–>[–>[–>Pero las protestas no acabaron ahí. Las luchas callejeras han sido constantes desde la transición democrática hasta hoy. Durante cuatro décadas el poder estuvo en manos de dos partidos, el socialista PASOK y el conservador Nueva Democracia (ND), bajo el liderazgo de tres dinastías políticas: Papandreu, Karamanlis y Mitsotakis. Fue al crack financiero del 2008 el que rompió el bipartidismo. Irrumpió en escena el izquierdista Syriza del exprimer ministro Alexis Tsipras. También apareció el partido neonazi Amanecer Dorado.
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La crisis arruinó la economía griega y los sucesivos gobiernos se vieron forzados a aplicar severas medidas de austeridad a cambio de rescates financieros. Las ciudades de Grecia se transformaron en campos de batalla. Crecieron los suicidios. En cinco años, la economía se contrajo una cuarta parte y el desempleo llegó al 25%, afectando de manera especial a los jóvenes. De 2010 a 2017 medio millón de licenciados se fueron del país, un 10% de la población activa. Los jóvenes marchaban mientras una oleada de refugiados llegaba a las costas griegas huyendo de las guerras en Oriente Próximo. A todo ello hay que sumar la pandemia.
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[–>Efectos de la crisis todavía palpables
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Hoy Grecia ha salido del pozo, aunque el día a día sigue siendo difícil para la mayoría de la población. Demasiada gente durmiendo en las calles. La deuda pública es la mayor de la UE, el sistema sanitario aún sufre los efectos de la crisis y el precio de la vivienda y de los alquileres no deja de subir en barrios como el de Exarchia. El poder adquisitivo de los griegos está entre los más bajos de la UE con una inflación interanual que supera el 5%.
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Desde 2019 está al frente del país el primer ministro Miriakos Mitsotakis, líder de Nueva Democracia, que gobierna con mayoría absoluta y que espera renovar su mandato en las elecciones del año que viene. Las encuestas le son favorables, a pesar de los casos de corrupción que salpican al Gobierno. Los socialistas siguen en horas bajas y la izquierda está fragmentada y debilitada. La extrema derecha, representada por tres partidos en el Parlamento, ocupa más de 12% de los escaños.
[–>[–>[–>Como otros dirigentes europeos, Mitsotakis ha hecho suyo el discurso antiinmigración de los ultras y defiende la deportación de solicitantes de asilo a África. Una medida a la que se opone la izquierda y los movimientos anarquistas. Fueron los anarquistas de Exarchia, como Ioannis, los que dieron cobijo a los refugiados que llegaron a Atenas en la crisis de 2015.
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