Rijosos
Sinceramente, no me lo creo. Es decir, no pensaba que hoy en día existieran tantos «rijosos» en España (según la RAE: inquietos, alborotados, lujuriosos, sensuales ante la presencia de una mujer). De un alcalducho en Orense podría imaginarlo. De un Salazar bajándose la bragueta a diestro y siniestro, también. Pero que todo un DAO, el máximo responsable operativo de la Policía Nacional, elegido y ensalzado por el ministro del Interior, esté implicado supuestamente en algo así, ya me parece demasiado.
[–>[–>[–>Ya sé que el mundo está lleno de machirulos asquerosos. Pero que una persona supuestamente formada, un profesional dedicado a perseguir delitos, pueda cometer uno de los más deleznables, resulta verdaderamente increíble. Un hombre de 66 años, casado, con un físico que, para mí, recuerda al de otros depredadores que parecen confirmar ese refrán de que la cara es el espejo del alma. Un hombre como este que, por cierto, ya había tenido problemas en un prostíbulo de Valladolid, que, por supuesto, no salió a la luz, pero de lo que evidentemente sí tenía que saber quién le nombró. Toda una joya.
[–> [–>[–>No sé si es cosa mía, pero muchas veces intuyo quién tiene pinta de rijoso y quién no. Se percibe algo: no solo en la posible tendencia al acoso y la violencia sexual, sino en el abuso de poder, en el talante tiránico, en la forma de pisar, acosar o amenazar a quienes dependen de él. Y luego está quien lo eligió. Quien dice que tomó medidas inmediatas y que lo cesó, cuando en realidad lo que ocurrió fue una dimisión precipitada en cuanto el asunto salió a la luz. Cuesta creer que alguien en esa red de poder, en las altas esferas, no supiera nada, especialmente si la denuncia llevaba semanas en los juzgados. Me pregunto qué habría pasado si, en lugar de este gobierno, tuviéramos uno de derechas que hubiera colocado en lo más alto del Ministerio del Interior a alguien investigado por un delito sexual. ¿No se habría pedido la dimisión inmediata del ministro? ¿No se habrían alzado voces con mucha más fuerza? ¿No se habría cuestionado todo el sistema? Porque, al final, la sensación es de hartazgo. De doble rasero. Y, sobre todo, de asco. n
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