Sánchez, ante el riesgo de que las derrotas autonómicas de 2026 hundan sus expectativas de llegar a 2027 y mantenerse
Alberto Núñez Feijóo ha utilizado casi todos los medios posibles para oponerse al Gobierno de Pedro Sánchez.
Por ejemplo, con su mayoría absoluta en el Senado que le permite establecer comisiones investigadoras.
También con media docena de manifestaciones en la calle.
Llevando conductas que consideraba que podían ser delictivas a la Fiscalía y a los tribunales.
O con el peso de la gran mayoría de las comunidades autónomas que gobierna el PP.
Y, evidentemente, con la actividad parlamentaria diaria, sus votos en el Congreso como partido más votado y en las sesiones de control con sus preguntas al Gobierno.
Ahora, el principal partido de oposición está experimentando con una nueva fórmula en Democracia que consiste en construir un camino tortuoso hacia el PSOE con elecciones escalonadas en diferentes comunidades autónomas, con la intención de tenderle una trampa a Pedro Sánchez.
Primero en Extremadura el 21 de diciembre, luego en Aragón el 8 de febrero, en marzo en Castilla y León y, finalmente, en Andalucía en mayo o junio.
Los dos últimos iban a celebrarse por el final automático de la legislatura, pero Alfonso Fernández Mañueco y juanma moreno Han rechazado la posibilidad de coordinar las convocatorias. Y en Extremadura y Aragón se han apresurado con el argumento de la imposibilidad de aprobar los Presupuestos de las dos comunidades.
El PP busca debilitar a Pedro Sánchez aprovechando que las encuestas le son muy adversas. Además, en dos de ellos aparecen como cabezas de lista del PSOE dos personas muy cercanas al presidente del Gobierno: Pilar Alegría y María Jesús Montero.
Es decir, el PP quiere convertir estas elecciones escalonadas en Plebiscitos limitados en los que se puede castigar a Sánchez para su gestión a través de intermediarios.
Para Moncloa, es irresponsable que el PP utilice las elecciones autonómicas como si fueran elecciones generales parcialeslo que, a su juicio, representa una falta de respeto hacia los ciudadanos de esas comunidades.
El ‘efecto Vox’
¿Cuál es la contraindicación que puede tener esta estrategia? En última instancia, lo que determina todo el proceso electoral es la relación entre el PP y Vox.
Que los de Feijóo asciendan en esas comunidades y que estén en condiciones de gobernar, pero dependiendo del partido de Santiago Abascal lo que, a su vez, podría elevar el precio de estos acuerdos. Y que estas sucesivas negociaciones contaminen las elecciones autonómicas que siguen después.
Todo esto ya pasó en las elecciones extremeñas del 21 de diciembre.
María Guardiola Ha ganado con diferencia a un PSOE colapsado, pero depende de un Vox que ha conseguido más escaños y en cuyas manos está la investidura y las siguientes decisiones, como la aprobación de los Presupuestos.
Luego será Aragón, donde nunca ha habido mayoría absoluta y donde el PP de Jorge Azcón Sueña con alcanzar una mayoría que le permita llegar a un acuerdo con los partidos regionalistas y evitar el peso de tener que negociar con Vox.
En Castilla y León es imposible que Alfonso Fernández Mañueco evite el pacto con Vox.
Y en Andalucía, Juanma Moreno ya empieza a contemplar la imposibilidad de renovar la mayoría absoluta.
Los de Abascal juegan en las comunidades autónomas a condicionar estos gobiernos desde fuera, sin entrar en coaliciones como hicieron en 2023.
El partido de extrema derecha ha visto que su decisión de abandonar los gobiernos autonómicos en 2024 ha acertado, porque ha permitido estar a salvo del desgaste de gestión.
Por ejemplo, ha evitado gestionar los daños en la Comunidad Valenciana o los incendios forestales en Castilla y León, cuestiones que sufre el PP.
El otro efecto de la yincana electoral es el relacionado con la política nacional y, más concretamente, el de la continuidad de Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno parece haber conspirado con su equipo más cercano para resistir, para al mismo tiempo lanzarse a esas elecciones y luego decir que el candidato no es el presidente del Gobierno. Y, sobre todo, sumarse a la gran paradoja de celebrar los ascensos de Vox para combatir al PP.
Por un lado, utilizar los pactos de ambas formaciones y Visualizamos en general que Abascal puede ser el vicepresidente de Feijóo y, al mismo tiempo, buscar la manera de crear entre los líderes populares la idea de que con su actual líder será imposible gobernar solos.
Entienden en Moncloa que si esta idea permea en el PP y todas sus baronías, puede llegar un momento en el que se pregunten cómo es posible que con el PSOE en una situación tan delicada, Feijóo no sea capaz de despegarse de los socialistas y garantizar una victoria electoral de su partido.
A priori, el momento más complicado para Sánchez sería una dura derrota en Andalucía, por la consolidación de la imagen de que ya no será el feudo socialista que fue y porque ese desplome lo sufriría directamente su número dos, María Jesús Montero..
Una cadena de derrotas del PSOE podría provocar pánico en todas las comunidades sobre el futuro del partido con Sánchez y acelerar desde dentro un hipotético final de ciclo.
Los dados han empezado a rodar sobre el tablero.
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