Se cumplen 30 años del adiós al Tarangu, el gran rebelde de la montaña que desafió a Merckx
Nació en Limanes, hijo de un metalúrgico que lo quería en el taller y no en la bicicleta. Fueron su hermano Ramón, el médico Eduardo Préstamo y su amigo «Carretillo» quienes convencieron a la familia para que lo dejaran correr. Sin ellos, el ciclismo español nunca habría tenido éxito.
Empezó tarde, con casi 25 años, en un modesto equipo llamado karpie. Una Vuelta le bastó para obtener el mejor maillot neoprofesional y la atención de Antón Barrutia y Dalmacio Langarica, que le contrataron para el KAS en 1971. A partir de ahí, todo fue muy rápido: victorias de etapa en el Tour y el Giro esa misma temporada, la Vuelta en 1972, un tercer puesto en el Tour de 1973 -el que había ganado Ocaña-, otra Vuelta en 1974. Corrió el Giro cuatro veces y ganó la montaña cuatro veces.
Pero Fuente no entiende sus números. Se nota por su forma de atacar: demasiado pronto, casi siempre, sin calculadora ni plan B. Podía volar y podía detenerse en el mismo punto, y esa incertidumbre era exactamente lo que lo hacía diferente. Merckx tenía el control absoluto; Tarangu tuvo una explosión. No le ganaba con regularidad, pero le hacía dudar, que es mucho contra un corredor así.
En 1975, llegó el golpe que no veía venir. Se desplomó durante la primera etapa del Tour, camino de Roubaix, de una forma que nadie supo explicar hasta que llegaron los exámenes: una grave enfermedad renal. Los médicos le pidieron que se fuera. Lo intentó un año más con los Bianchi, ganó una etapa de la Vuelta en los Valles Mineros y llegó a lo único que no podía atacar.
No ha desaparecido en absoluto. Abrió una tienda de deportes en Oviedo que se convirtió en punto de encuentro de los aficionados y dirigió el CLAS, el equipo asturiano que, años más tarde, se convertiría en la comidilla del equipo internacional.
Dos Vueltas, un segundo puesto en el Giro, un tercero en el Tour: el récord está ahí, pero no es eso lo que queda. Lo que queda es la idea de un ciclista que prefirió perder atacando antes que sobrevivir escondiéndose en el pelotón. Treinta años después, cada vez que alguien ataca temprano un pico asturiano, Tarangu sigue pedaleando un poco hacia adelante.
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