¿Se está portando bien la sociedad con los jóvenes?
El crecimiento económico futuro depende de dos factores: el aumento del número de horas trabajadas y el de la productividad por hora trabajada. Las horas trabajadas dependen del crecimiento poblacional. Este puede ser natural, basado en tener más nacimientos que fallecimientos, o vía inmigración. Pero esta última tiene limitaciones. Cuando los inmigrantes suponen una proporción excesiva de la población, históricamente terminan generando cierto malestar en algunos colectivos. Como se ha visto, pueden surgir partidos políticos que traten de capitalizarlo restringiendo la inmigración. Por lo tanto, queda como factor esencial generador de crecimiento futuro la demografía local.
[–>[–>[–>¿Estamos facilitando el crecimiento poblacional vegetativo? El que nos permitiría un aumento razonable del producto interior bruto (PIB) que, a su vez, facilitaría pagar la sanidad y las pensiones de una población crecientemente envejecida. En España, el número de hijos por mujer es de apenas 1,1, frente al 1,3 europeo, y al 2,1 necesario para que la población no decrezca. Razones para lo anterior hay varias, pero la dificultad creciente para acceder a una vivienda por parte de los jóvenes es una causa relevante.
[–> [–>[–>Es difícil que una pareja decida tener hijos si no puede acceder a una vivienda. Igualmente, es complicado que lo haga cuando los salarios de los jóvenes llevan mucho tiempo creciendo por debajo del precio de las casas. Si a este factor añadimos una tasa de desempleo juvenil cercana al 25% frente a una media europea del 15%, el problema se multiplica. En definitiva, si como sociedad seguimos dificultando a la juventud el acceso a una vivienda, la demografía seguirá debilitándose, el crecimiento económico también y la sostenibilidad del Estado de bienestar sufrirá.
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Otro dato que indica lo perjudicados que están los jóvenes en España es su riqueza media en comparación con épocas pasadas. Un informe del Banco de España publicado en 2024, referente al mercado de la vivienda, indicaba que una persona cercana a los 35 años detentaba un patrimonio inferior en más de un 50% al de alguien de la misma edad, pero nacida en los años 70 (ajustado por inflación).
[–>[–>[–>Adicionalmente, otro fenómeno que perjudicará especialmente a la juventud es la deuda pública que van a heredar. Los adultos experimentamos una larga época de crecimiento y excesos antes de la gran recesión iniciada en 2008. Posteriormente, una vez que la crisis explotó, el déficit y la deuda pública aumentaron sensiblemente durante varios años, para mitigar parcialmente la hecatombe experimentada por el sector privado. Luego, la epidemia y la guerra de Ucrania volvieron a requerir de ayudas públicas para evitar derrumbes económicos. Ahora la guerra de Irán algo influirá en el mismo sentido.
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Vamos a dejar de legado una deuda pública muy elevada que los que vengan detrás deberán pagar, lo que supondrá mayores impuestos
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Gastos consolidados
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Muchos de los gastos públicos originados por factores a priori considerados coyunturales al final han sido consolidados y, por ello, la deuda pública sobre el PIB se sitúa por encima del 100%. En la historia moderna del país, este nivel solo se ha igualado o superado tras la gran recesión del 2008 y durante la pandemia de coronavirus. El envejecimiento poblacional y la necesidad de aumentar nuestro presupuesto en seguridad y defensa serán elementos que la presionarán al alza.
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[–>En definitiva, vamos a dejar de herencia a nuestros jóvenes una deuda pública muy elevada, que tendrán que pagar. Un mayor gasto público en intereses supone implementar mayores impuestos, lo cual reduce la renta disponible y, con ello, también el consumo y el bienestar.
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Avance tecnológico
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Finalmente, el avance tecnológico parece que a corto plazo también puede perjudicar a muchos jóvenes. Las nuevas herramientas asociadas al procesamiento avanzado del lenguaje, la programación y los agentes pueden sustituir una parte importante de las tareas de trabajos cualificados, intensivos en conocimiento, no en trabajo manual. Son los denominados empleos de cuello blanco, mayoritariamente ejercidos por empleados jóvenes, sin apenas experiencia laboral. Esto afecta sobre todo a departamentos financieros de empresas o a sectores como el financiero y la consultoría. Está por ver que el deterioro de la fuerza laboral correspondiente se confirme.
[–>[–>[–>En cualquier caso, una reflexión pertinente sería si a las empresas con vocación de continuidad les interesaría reducir la cantidad de jóvenes en plantilla estructuralmente. Si no pasan por el obligado proceso de aprendizaje que implica hacer ellos mismos las cosas durante no menos de cinco años, cuando los trabajadores más veteranos vayan cumpliendo nuevos roles o directamente vayan reduciendo su productividad, ¿quién va a gestionar el núcleo del negocio?
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En conclusión, con todo lo señalado a lo largo del artículo, ¿se está portando bien la sociedad con los jóvenes en general?
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