Sentí mucha presión, pero estoy muy emocionado
La expectación era máxima. En el muro de la playa de La Ribera (Luanco) no cabía ni un alfiler. Todas las miradas se posaban en Félix Prieto. Era como tirar el último penalti en la final de un Mundial. El gozoniego, vecino del barrio de La Vallina, debutaba como abanderado de La Venia, una de las tradiciones más instauradas en la villa marinera. En sus manos estaba el porvenir de la costera para lo que queda de año. Si el pendón tocaba la arena, el futuro del sector se teñiría de negro. Pero, a pesar de los nervios y la presión, Prieto no falló. “Siento mucho orgullo”, confiesa el abanderado.
[–>[–>[–>“Fue un momento muy emotivo. Cuando me puse más nervioso fue cuando me quedé solo ante el peligro, tras hacer los pasos. Temblaba un poco, pero todo salió bien”, apunta Prieto, que tras la ceremonia está recibiendo el cariño de todo el público. “Me están parando por la calle para darme la enhorabuena. Sentí mucha presión, pero estoy muy emocionado”, asegura el abanderado, que espera volver a repetir en el puesto para la próxima Semana Santa. “Yo hago lo que me manden, pero seguramente me toque volver a repetir”, comenta.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Prieto cumplió uno de sus sueños de pequeño. “De pequeño siempre iba a ver la ceremonia y decía que me gustaría ser yo el abanderado. Hoy puedo decir que lo he cumplido. Es una experiencia increíble”, señala el vecino de Luanco. Lo más importante, claro está, es que el pendón no tocase la arena. “Gracias a Dios no tocó, o eso me han dicho. Yo, sinceramente, no me fijé. Me concentré al máximo en los pasos previos, quería que saliesen a la perfección. Tras eso me dejé llevar, pero todo salió bien”, subraya.
[–>[–>[–>
La procesión del Domingo de Resurrección, que se lleva celebrando desde el siglo XVIII, incluye el ritual que conecta la fe con las tradiciones de la mar durante el encuentro de la Virgen y Jesús en el arenal. Y es allí donde Prieto tuvo que ondear el pendón de la cofradía de pescadores a ras de suelo sin que toque la arena. Según la tradición, ese éxito es signo de buena suerte para que los pescadores tengan una buena costera. La ceremonia gana, además, cada vez más fieles. “Es un momento muy especial. En la zona se escucha un silencio muy respetuoso, prueba de la importancia que tiene la cita. Es algo que no se puede ver en otra parte de Asturias”, destaca María Sánchez, una de las fieles que, junto a su pareja Raúl Iglesias, quisieron madrugar para poder un sitio privilegiado. “Lo mejor es verlo desde la arena, es donde puedes sentir que hay una magia especial”, afirman.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí