Shakira, ‘la Loba’ se hace un Macondo, por Javier Durán
Segundo sexo no, de igual a igual. La segunda vida de Shakira empieza al mismo tiempo que acaba su relación con Gerard Piqué. Una lógica del despecho que envasa en el cogito «las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan», eje diamantino que, al menos en sus cinco primeras palabras, forma parte del nombre de la gira —residencia artística— con la que viene a España en septiembre la cantante de Barranquilla (1977).
[–>[–>[–>Llega arrasando. En Zócalo (Mexico) lidió con 400.000 gargantas; en la playa de Copacabana (Brasil) será otro tanto de lo mismo… Asia más… Una gira global por medio planeta que ha puesto al rojo vivo el capítulo de ingresos: unos 362 millones de euros. ‘Las mujeres ya no lloran World Tour’ rompe las costuras.
[–> [–>[–>Una hipérbole que levantará en las afueras de Madrid, en Villaverde, un estadio efímero —con un aforo de 50.000 personas— , que de acuerdo con su magnitud tendrá un anexo para el esparcimiento que se llamará nada más y nada menos que Macondo, el territorio literario de su paisano Gabriel García Márquez, encapsulado en ‘Cien años de soledad’. Todo es franquiciable, hasta el alma de los Buendía. ‘Merchandising’ aparte, cierto es que el Nobel la entrevistó cuando tenía 22 años para la revista Cambio («Tiene una madurez inconcebible a su edad»). Era la etapa de ‘Magia’, ‘Peligro’, ‘Pies Descalzos’ y ‘Dónde están los ladrones’. Ahí nació una admiración mutua.
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Se daba por hecho que Shakira no iba a pasar por España, porque aquí Hacienda la había sometido a un marcaje que desembocó en una multa de unos siete millones de euros. A raíz del IRPF, los sabuesos contabilizaron hasta cuándo iba a su peluquería preferida de Barcelona con el objeto de aclarar si cumplía o no con los requisitos de residente a efectos fiscales. Vino de Miami y cerró un acuerdo que le evitó tres años de cárcel a cambio de la sanción y de admitir los hechos. Dijo que lo hacía para proteger a sus hijos, Milan y Sasha, de 13 y 11 años. La mala vibra no se ha enterrado del todo: el delegado del Gobierno en Madrid insiste que el Iberdrola Music, el recinto para el macroconcierto, carece de seguridad en sus accesos y pide al Ayuntamiento la suspensión del evento. O sea, que el final no está escrito aún.
[–>[–>[–>El follón con el fisco, considerado por sus fans colombianos como una ‘traición Spain’ a su ídolo, ya era de por sí una razón más que suficiente para no actuar en Madrid. Pero había otra con más chicha: su separación de Piqué por una infidelidad en 2022 con Clara Chía Martí, tras doce años juntos. El ‘cuernazo’ hasta el fondo del exfutbolista azulgrana desató una guerra civil entre la pareja con material tóxico de todo tipo. ‘Session 53’, con Bizarrap, se constituyó como cuaderno de bitácora de hasta dónde puede rodar el amor/desamor… Mejor, ¿cómo le hago daño a semejante desleal? «Me dejaste de vecina a la suegra / Con la prensa en la puerta y la deuda en Hacienda / Te creíste que me heriste y me volviste más dura / Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan». Muy rabiosa. Es el desquite.
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Dejó un Rolex por un Casio, le espetó. «A ti te quedé grande y por eso estás / Con una igualita que tú-uh-uh-uh-uh / Oh-oh». Isabel Shakira Mebarak Ripoll recauchutada, pese a que España se le atragantó. Por ahí ha confesado que sufre el síndrome del impostor, incapacidad para internalizar sus logros. Quizás haya sido esa la adrenalina de una carrera que tuvo sus primeros balbuceos a los 17 años, con tres décadas en los escenarios, además de ser una de las 17 nominadas este año para entrar en el Salón de la Fama del Rock & Roll.
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[–>Psicólogos y psicoanalistas la han metido en el diván para conocer si la expulsión de su herida amorosa le hace bien o mal. No hay consenso, como ocurre casi siempre con los derroteros de la mente. Tampoco lo hay con respecto a su carrera. Unos hablan de bandazos y otros prefieren destacar su resiliencia para salir de las crisis metiéndose de lleno en la porosidad de los ritmos urbanos. De lo que no hay duda es de su capacidad para comunicar sus sentimientos y hacer que una gran mayoría, sobre todo mujeres, se identifiquen con su afán por elevar la autoestima y los valores. En un tiempo donde las minorías inmigrantes lo pasan mal, Shakira no solo factura, sino que llena el enorme vacío de los que buscan el calor de la comprensión y la defensa frente al abuso.
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No es Juana de Arco, pero algo de humanidad en el neocapitalismo loco de la producción musical siempre es bien recibido. Pero habrá que ver cómo acaba Shakira después de esta gira brutal. Y no lo digo precisamente por la presión en su estructura ósea de una danza que nos evoca al maltratado Líbano, otra tierra suya. Necesitará otro Macondo.
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