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Si ahora resucitara, la gente le volvería a votar

Si ahora resucitara, la gente le volvería a votar
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  • Publishedmayo 24, 2026



Su nombre era la definición de populismo, precediendo, en versión local, a Donald Trump. Por tanto, es increíble que nos hayamos olvidado de esta fábula ocurrida aquí, en España, en la Costa del Sol. Jesús Gil Fue mucho más que un constructor, mucho más que el alcalde de Marbella, mucho más que el presidente del Atlético de Madrid. Era la representación en carne y hueso de un Sociedad sucia, mafiosa y rica que se creía por encima de la ley y la moral..

Su figura protagoniza el inicio de la cuarta temporada de Anatomía de…el programa Mamen Mendizábaly en esta ocasión reconstruye cómo aquel empresario acabó convirtiéndose en uno de los personajes más influyentes -y temidos- de la España en los años 90. Porque ante las causas judiciales, antes de los operativos policiales y antes de convertirse en sinónimo de corrupción urbana, Gil fue un fenómeno popular.

El documental retrata cómo logró conquistar esa ciudad de la costa que era un caramelo para empresarios con aspiraciones urbanas. «El gran problema en Marbella fue la inseguridad pegado al pequeño delincuencia ahora la droga ahora es un gran problema de drogadicción. Eso fue el caldo de cultivo para que Jesús Gil triunfe«, recuerda el periodista José Carlos Villanueva, corresponsal de El Mundo en Marbella desde hace casi dos décadas.

Al golpe de populismoGil ganó las elecciones municipales de 1991 y convirtió el Ayuntamiento en un espectáculo permanente. Su partido, gil -Grupo Liberal Independiente-, promesas mixtas de mano dura, alarde de riqueza y una política hecha para la televisión. En el programa de laSexta, el exalcalde Celia Villalobos recuerda que «Había miedo y preocupación en todos los partidos, tanto en el PSOE como en el PP«. Porque Gil no sólo se llevó votos de la derecha: también sedujo a parte de la izquierda con un discurso aparentemente cercano y eficaz.

Con el paso de los años, aquel experimento político ya no se limitó a Marbella. gil extendió su influencia por gran parte de la Costa del Solconquistando alcaldías y colocando a personas afines -como su hijo en Estepona- en municipios estratégicos. Lo hizo combinando campañas desorbitadas, una presencia constante en televisión y una red de clientela construida con favores, dinero y promesas de rápida prosperidad. «Como empresario era de derechas, pero como ideología solo tenía la suya propia, el GIL.«, resume el periodista de investigación Antonio Rubio. El mensaje era sencillo: menos burocracia, más espectáculo y la sensación de que podía hacer lo que otros políticos no se atrevían.

«Todo era preocupante, proscrito «Y a veces atractivo para mucha gente porque les daba dinero y manipulaba muy bien a la gente normal y sencilla», añade Villalobos. Eso fue parte de su éxito: presentarse como un hombre sin filtros, enemigo de las elites tradicionales, mientras construía una estructura de poder cada vez más opaca y personalista.

El exrepresentante de IU Cristina Almeida Describe en el documental cómo, con el paso de los años, el fenómeno dejó de parecer pintoresco y se convirtió en una amenaza real. “Están empezando a dejar pasar la droga con más facilidad”, apunta sobre la transformación de Marbella durante el mandato gilista. Lo que al principio parecía una extravagancia política empezó a adquirir dimensiones mucho más oscuras.

La tele de ‘fulano de tal’

El programa también explora la construcción mediática del personaje. Gil entendió el poder de la televisión antes que muchos políticos. Sus campañas «al estilo americano», con azafatas, camiones publicitarios y distribución masiva de vídeos, anticiparon una forma de hacer política basada en el espectáculo y la provocación constante. El guionista y experto en cultura pop Alberto Rey resume así el fenómeno: «Ocupó el mismo espacio que Trump y otros 20.000 idiotas que dicen barbaridades y encuentran su hueco en el mercado».

Esa imagen de Gil en el jacuzzi rodeado de mujeres Acabó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos televisivos de los años 90. una caricatura de exceso, machismo y dinero fácil transmitido en horario de máxima audiencia. «El problema no era que apareciera un alcalde en televisión, sino que una persona que hacía eso era alcalde», dice Rey en el documental. Pero precisamente ahí residía buena parte de su magnetismo político: Cuanto más escandalizaba, más reforzaba su carácter..

Las atrocidades e insultos fueron parte del espectáculo. «Él era así, ofendía, y si eras mujer ni te lo digo, te llamaba puta.«, recuerda Villalobos. Almeida recuerda también los insultos que recibió del dirigente marbellí en televisión. Gil convirtió cada intervención pública en una demostración de fuerza, agresividad y desprecio por cualquier límite institucional o moral.

Un ecosistema de fieles, geeks, empresarios, personalidades de la televisión y colaboradores que alimentó el mito. «Estómagos agradecidos», resume Josele Sánchez, fotógrafo del Diario Sur. Desde figuras de la jet set hasta comunicadores que preferían acompañar al personaje antes que supervisarlo. «Había compañeros a los que les resultaba más fácil estar al lado de un corrupto que denunciarlo», lamenta José Carlos Villanueva, corresponsal de El Mundo en Marbella, uno de los periodistas que viví amenazado por el magnate.

Pero el gran punto de inflexión llegó cuando Gil Intentó extender su poder a Ceuta y Melilla. Allí dejaron de sonar las alarmas mediáticas y políticas y empezaron a sonar las alarmas de Estado. «Jesús Gil intentó hacer de Ceuta y Melilla su patio de recreo. Paraíso fiscal, casino, blanqueo, lo que quieras», afirma Rubio. Cristina Almeida va más allá: «Hay fronteras para el tráfico de drogas, de armas y de personas».

Anatomía de… reconstruye cómo el Gobierno, la Fiscalía Anticorrupción y el CNI activaron mecanismos para frenar su expansión política. Una denuncia que llevaba mucho tiempo olvidada en un cajón acabó convirtiéndose en el medio judicial para rodearlo. Cuando Gil va tras Ceuta y Melilla, la Fiscalía Anticorrupción va tras él. Incluso recuerda la advertencia que recibió de Mariano Rajoy en tiempos de José María Aznar: «El presidente dice que si vas a Ceuta y Melilla te electrocutarán». Y así fue, aunque Celia Villalobos no estaba al tanto de esa advertencia. Jesús Gil fue a la cárcel por el ‘caso de las camisetas’ y luego fue inhabilitado.

El renegado de Eurodisney

En este contexto, el documental recupera uno de los episodios más surrealistas de aquella época: la operación política que permitió al gilismo hacerse con el control de Ceuta gracias al apoyo de un diputado socialista renegado. Según Villanueva, la llevaron a ella y a toda su familia a Eurodisney.» La escena resume bien el clima de aquellos años, en los que la política española parecía deslizarse constantemente entre el absurdo y la corrupción a causa de Gil.

Mientras tanto, quienes intentaban informar sobre el complot de Marbella trabajaban bajo presión constante. José Carlos Villanueva recuerda en el programa que «En Marbella hubo que trabajar con protección policialEl documental incluso revive cómo una televisora ​​local anunció a bombo y platillo que el corresponsal de El Mundo ya no estaba. escolta unos días antes de sufrir un ataque.

En la memoria colectiva de España está el puñetazo que regaló en 1996 a José González Fidalgodirectivo de la SD Compostela, durante una pelea tras un encuentro de la Liga Profesional de Fútbol. El altercado comenzó con insultos entre Gil y el presidente compostelano, José María Caneda, y acabó con la agresión física que quedó grabada por las cámaras y se convirtió en una de las escenas más sonadas y polémicas del fútbol español.

La sustitución de Jesús Gil y el caso Malaya

La caída de Gil no borró su sombra. En 2002, Julián Muñoz asumió formalmente la presidencia del partido, aunque el exalcalde siguió moviendo los hilos hasta su muerte en 2004. Dos años más tarde estallaría el caso Malaya, la gran operación contra la corrupción en Marbella. Sin embargo, hay quienes ahora elogian su figura: «Ahora se le ve como un personaje y muchos lo reclamarán«advierte Cristina Almeida. Y Villanueva concluye con una frase aún más inquietante: «Si resucitara ahora, la gente volvería a votar por él«.

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