Si no vas a consumir, ¿a qué vas al bar?
“No se trata de reglas nuevas, sino de recordatorios de sentido común”, explica un cliente mientras termina su café. En la puerta de muchos establecimientos se pueden ver cartas o menús y también hay pósters que recuerden reglas basicas. Mensajes como «consumomínimo», «instalaciones sanitarias reservadas a los clientes» o incluso «está prohibido traer scooters» Buscan organizar el espacio y evitar conflictos, particularmente en lugares con grandes aglomeraciones de personas. Esta formalización responde sobre todo a la evolución social y a los nuevos hábitos de consumo. La masificación de determinados lugares, la llegada de grandes grupos o la proliferación de los patinetes eléctricos han hecho explícitos comportamientos antes implícitos: sentarse sin consumir, ocupar demasiado espacio o introducir objetos que obstaculicen la circulación.
La tendencia se ha extendido a varias ciudades españolas, desde Vigo a Madrid y Barcelona, donde los lugares con mucho tráfico también han tenido que adaptarse. En Vigo, en el Café Van Gogh, Jordi Casado, propietario y administrador, explica la lógica de los carteles. «A veces pasa que vienen diez personas y solo piden tres cafés. Es un negocio: hay que cubrir los gastos y pagar al personal. Los carteles ayudan a evitar malentendidos y conflictos innecesarios», subraya. Casado destaca, por ejemplo, que limitar el número de carros responde principalmente a motivos de seguridad y evacuación. Durante los períodos pico, La presencia de objetos voluminosos en el interior del local puede obstruir la circulación y complicar una posible emergencia. “Limitar los cochecitos en determinadas zonas no es un impulso, sino para garantizar la seguridad y la evacuación en caso de emergencia”, afirma.
El contexto de la hostelería española también influye en estas medidas. Tras cerrar debido a la pandemia, los bares enfrentaron deudas, mayores costos operativos y un mayor número de turistas en determinadas temporadas. La necesidad de organizar el espacio y memorizar reglas básicas se ha vuelto más obvia.
Entre los clientes, la reacción es generalmente pragmática. Un joven tomando una cerveza comenta: «Si no vas a beber, ¿por qué vas al bar? Una pareja que desayuna a su lado coincide: «Estamos de acuerdo con eso, siempre y cuando te lo informen con anticipación». Otro cliente añade: «No es justo ocupar una mesa si no consumes, le quitas espacio a quien quiere consumir». Incluso las restricciones a los cochecitos son recibidas con comprensión: muchos reconocen que se trata de organización y seguridad, no de conveniencia.
Casado recuerda que antes de la pandemia y los picos del turismo de masas estas reglas se daban por sentadas: la relación entre el cliente y el bar se basaba en la confianza. “Se pidió algo, se ocupó la mesa y todo salió perfecto”, afirma. Sin embargo, los recientes cambios en los hábitos sociales, la llegada de los patinetes y la masificación del espacio han hecho que esta dinámica se detenga de forma automática. «Siempre ha existido. La diferencia es que ahora parece necesario recordárselo a todo el mundo», concluye Casado. La OCU destaca que ELLos establecimientos son libres de fijar las condiciones en las que prestarán el servicio, siempre que no violen derechos fundamentales y que estas condiciones no estén expresamente prohibidas por la ley. En este contexto, prácticas como el consumo mínimo o el tiempo máximo de estancia pueden considerarse legítimas si son comunicadas previamente al cliente.
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