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Sudán del Sur cumple 15 años de independencia ante el repunte del conflicto y sin celebrar elecciones

Sudán del Sur cumple 15 años de independencia ante el repunte del conflicto y sin celebrar elecciones
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  • Publishedjulio 9, 2026



Archivo – Una mujer transporta agua por la capital de Sudán del Sur, Juba (archivo)

– Michael Kappeler/dpa – Archivo

MADRID, 9 de julio. (EUROPA PRESS)-

Sudán del Sur conmemora este jueves el 15º aniversario de su independencia de Sudán, proclamada el 9 de julio de 2011 tras la aplastante victoria del ‘sí’ en el referéndum celebrado en enero de ese año, una fecha que llega con el país aún sumido en la incertidumbre política por la falta de avances en la implementación del acuerdo de paz de 2018 tras una guerra civil y la profundización de la crisis humanitaria que atraviesa gran parte de la población.

Las raíces de la secesión del país están en la propia independencia de Sudán del mandato británico y egipcio, obtenida en 1956, que dio paso a una serie de guerras civiles entre las zonas norte y sur, catalizadas por divisiones religiosas y étnicas, que llegaron a su fin con el acuerdo de paz firmado en 2005, que archivó el conflicto y fijó la fecha para un referéndum de autodeterminación.

La votación, que se celebró entre el 9 y el 15 de enero de 2011, se saldó con un 99,57% de los votos a favor del ‘sí’, resultados que fueron reconocidos por el régimen liderado en aquel momento por Omar Hasan al Bashir. Sin embargo, el referéndum paralelo sobre Abyei fue suspendido debido a disputas sobre el censo y la demarcación del territorio, que sigue en disputa.

De hecho, Sudán se convirtió en el primer país en reconocer a su nuevo vecino, mientras Al Bashir estuvo presente, junto al entonces secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, en la ceremonia oficial en la nueva capital, Juba, para la declaración de independencia, que tuvo lugar después de que una cuenta atrás llegara a cero y sonara el nuevo himno nacional.

Al Bashir, que firmó el acuerdo de paz con el rebelde Ejército Popular de Liberación de Sudán (SPLA) -cuyo líder desde 1983, John Garang de Mabior, murió en un accidente aéreo días antes del citado pacto-, mostró su voluntad de mantener buenas relaciones con Juba, de especial relevancia para el desarrollo económico de ambas naciones africanas.

De esta manera, el país más joven del mundo pudo declarar oficialmente su independencia en julio de ese año, abriendo un nuevo capítulo con el que las nuevas autoridades aspiraban a dejar atrás décadas de conflicto y tomar la situación en sus propias manos, tras reiteradas denuncias sobre discriminación en este ámbito y abusos por parte de Jartum por la falta de inversiones pese a las riquezas obtenidas con la explotación de recursos.

Sin embargo, pronto quedó claro que el camino no sería fácil debido a las disputas sobre el federalismo, el reparto del poder político y los beneficios de las exportaciones de petróleo, que marcaron la primera etapa de Salva Kiir como primer presidente de Sudán del Sur y provocaron el estallido de una nueva guerra civil en 2013 entre facciones del SPLM lideradas por el presidente, de etnia dinka, y la del vicepresidente Riek Machar, de etnia nuer.

LA GUERRA CIVIL

El conflicto estalló después de que Kiir destituyera a Machar -que ya se había visto envuelto en tensiones con Garang que le llevaron a su expulsión del grupo- tras afirmar que aspiraba a convertirse en presidente, lo que llevó al vicepresidente a acusar al jefe de Estado de deriva autoritaria y desató enfrentamientos entre facciones opuestas dentro del SPLM, que procedieron a escindirse.

El conflicto, que rápidamente adquirió tintes intercomunitarios, llevó a Naciones Unidas a autorizar un refuerzo del despliegue de tropas de mantenimiento de la paz, lo que no impidió que la guerra se expandiera y profundizara la grave crisis humanitaria que asolaba el país, que también sufrió numerosas oleadas de desplazamientos en medio de episodios de violencia por parte de ambas partes enfrentadas.

Los esfuerzos internacionales para remediar la situación condujeron al regreso de Machar a Juba en abril de 2016, cuando asumió nuevamente el cargo de vicepresidente, aunque poco después el conflicto se intensificó y tuvo que huir nuevamente. Desde entonces se abrieron varias rondas de contactos y se acordaron altos el fuego que no fueron respetados, hasta la firma en enero de 2018 de un nuevo acuerdo de paz que desembocó en un acuerdo de reparto de poder que devolvió al líder rebelde al poder y creó un gobierno de unidad de cara a la convocatoria de elecciones.

El acuerdo, mediado por Uganda, abrió un nuevo capítulo de esperanza que dio un impulso político al país, aunque poco a poco quedó claro que los retrasos en la aplicación de las cláusulas, incluida la unificación de las Fuerzas Armadas y la redacción de una nueva Constitución, crearían obstáculos para la celebración de unas elecciones, aplazadas en varias ocasiones de su fecha original, en 2023, sin que los sursudaneses hubieran acudido a las urnas desde la independencia.

Como ejemplo de este estancamiento, el conflicto estalló de nuevo a principios de 2025, cuando la milicia del Ejército Blanco -integrada por nuer y a la que Yuba acusa de estar apoyada por Machar- provocó la detención del vicepresidente tras una serie de ataques cerca de la frontera con Etiopía, que llevaron a su facción a dar por muerto el acuerdo de paz.

LLAMAMIENTOS A LA ESTABILIDAD

En este contexto, la jefa de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS), Anita Kiki Gbeho, destacó esta semana que el 15º aniversario de la independencia de Sudán del Sur «es una oportunidad para honrar el coraje y la determinación del pueblo sursudanés», al tiempo que pidió «reflexionar sobre el futuro que anhelan: un futuro marcado por la paz, las oportunidades, la justicia y la unidad».

«El camino hacia la estabilidad y la seguridad no es fácil. Sin embargo, en toda esta joven nación, las comunidades siguen demostrando una fe inquebrantable en un futuro más próspero», señaló, antes de ahondar en que «en este momento crucial, esas aspiraciones exigen un compromiso renovado con el diálogo, la confianza y el bien común».

Asimismo, el jefe de la comisión encargada de supervisar la aplicación del acuerdo de 2018, George Aggrey Owinow, ha pedido a los líderes sursudaneses que aceleren la materialización de sus cláusulas y ha subrayado que este aniversario debe servir como recordatorio de la necesidad de ultimar las reformas para materializar «una paz duradera» y una «gobernanza democrática», según la emisora ​​sursudanesa Eye Radio.

Los llamamientos llegan en un momento en que Sudán del Sur sufre diversas emergencias humanitarias debido a shocks climáticos, violencia, brotes de enfermedades y crisis económicas, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), que detalla que 9,9 de los 14,4 millones de habitantes están necesitados.

La organización explica en su página web que el impacto acumulativo de estas crisis ha minado la capacidad de resiliencia de numerosas comunidades, afectadas también por el aumento de los retornos de refugiados y la llegada de nuevos desplazados desde Sudán debido a la nueva guerra desatada en el país vecino entre el Ejército y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).

La situación es especialmente acuciante en el país, según advierte la organización no gubernamental Save the Children, cuyo director en Sudán del Sur, Chris Nyamandi, ha afirmado que «la primera generación que creció junto a la nación más joven ha sufrido múltiples conflictos, desplazamientos y crisis climáticas».

«Es vital que los niños sean reconocidos como líderes clave con derecho a definir el país, no sólo en el futuro, sino hoy», explicó, antes de ahondar en que «cada decisión que se tome ahora, desde la educación y la resiliencia climática hasta la paz, afectará a sus vidas en las próximas décadas». «Sus voces deben ser escuchadas y sus derechos deben estar en el centro de la toma de decisiones», subrayó.



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