Tecnologías exponenciales, amenaza existencial y perogrullada
Las tecnologías exponenciales amenazan la existencia de la humanidad. Hasta el Papa ha alertado de los efectos colaterales de la inteligencia artificial. Lo de ser exponenciales suena a descontrol previsible, innovaciones que aceleran capacidades y rendimientos, mientras reducen los costes y las complejidades de manera igualmente rápida. Son por ello tecnologías de las que no puede zafarse nadie, hasta el punto de que dejarán en anécdota lo de que todo el mundo haya sido cooptado por los móviles desde hace algunos años.
[–>[–>[–>Para los nacidos en tiempos de cabina telefónica y ordenador que se comunicaba en fósforo verde y con una enigmática C:, lo de exponencial saben exactamente lo que es. Y ahora la tecnología va más rápida. A diferencia del crecimiento lineal, las nuevas tecnologías exponenciales transforman rápidamente industrias y formas de vida, siendo la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología, la computación cuántica y las redes las más destacadas. Hace algunos años ya se apuntaban las tecnologías que iban a suponer una disrupción, aunque algunas se perdieron por el camino tras el intento de captar inversores.
[–> [–>[–>La IA contra el empleo
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Es la IA la que tiende a preocupar más. Sobre todo por su faceta sustitutoria más amenazante. Amenaza puestos de trabajo. De tanto tomar decisiones, la IA es asesina por naturaleza al eliminar alternativas poco probables, poco adecuadas, poco lógicas, poco aceptables. La IA es exterminadora nata. La IA agéntica (o inteligencia artificial agéntica) es un sistema autónomo diseñado para cumplir objetivos específicos sin necesidad de supervisión humana constante. A diferencia de los ‘chatbots’ tradicionales que esperan órdenes directas, estos agentes entienden el entorno, planifican acciones, toman decisiones y las ejecutan por sí mismos.
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Reforma fiscal contra la IA
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Tan amenazante es la IA para el desarrollo humano que hasta el millonario Bill Gates aconsejó recientemente que las futuras reformas fiscales prevean un impuesto especial para tecnologías avanzadas, ante una previsible eliminación masiva de empleos. La solución propuesta por Gates y ‘The Economist’ es que en un mundo con menos trabajadores es necesario incrementar los ingresos públicos mediante impuestos a la tecnología. Lo que no está claro es el mecanismo adecuado para hacerlo. «Un mundo con inteligencia artificial también podría ofrecer más fuentes de rentas extraordinarias, que podrían gravarse sin alterar los incentivos a la inversión y, por lo tanto, sin perjudicar el crecimiento», explican en ‘The Economist’.
[–>[–>[–>Perogrullada
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‘The Economist’ dedicó una portada al asunto, con una premisa simple que suena a priori a perogrullada: «Si la inteligencia artificial provocara desempleo masivo, los trabajadores no estarían contentos». Si Francisco de Quevedo levantara la cabeza no creería que el personaje imaginario Pedro Grullo (o Pero Grullo), a quien se atribuyen sentencias de contenido obvio, hubiese formulado la frase de ‘The Economist’. Francisco de Quevedo popularizó el término en el siglo XVII, pero no diría que la frases fuese innecesaria, banal o poco inteligente. No es nada obvio que tras una revolución tecnológica se desate una revolución social. Y sin trabajo, eso es más fácil que suceda.
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Implantación de la IA en España
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Y el cambio es rápido. Llega este martes un informe de LLYC y Appinio sobre el grado de implantación sorprendente de la IA en España. La inteligencia artificial generativa (crea contenido original —como texto, imágenes, audio, video y código— a partir de los patrones que ha aprendido de datos existentes) ya está implantada: «Un año después de que modelos como ChatGPT o Gemini irrumpieran de manera masiva en nuestras vidas, su adopción no solo se ha vuelto universal (ya la usan el 93,5% de los ciudadanos frente al cerca del 60% en 2025) sino que, y es lo más relevante, también se decide con ella. El comprador ha pasado de informarse en la IA a utilizarla como una palanca clave para adquirir un producto o servicio, para vender, contratar, financiarse y rendir cuentas».
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[–>El Papa contra la IA
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Perogrullada o no, lo cierto es que encontrar la forma de hacer una revolución fiscal sin que se desmande el asunto no puede considerarse necedad. Quizá no es tal perogrullada cuando en los interesados foros tecnológicos nadie osa mentar al fisco o a los límites del fiasco económico que se puede lograr en esta implantación veloz de las tecnologías exponenciales. «La IA debe ser desarmada», dijo esta semana el papa León XIV. La IA está, por consiguiente, armada. Dice el Papa que la IA «no es neutral», que «es un instrumento de dominación, exclusión o muerte» «fruto de la idolatría del lucro».
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Inversores cómplices de la IA
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Pese a tantos temores y advertencias, las bolsas siguen apadrinando el desarrollo de las tecnologías exponenciales como la IA. En los mercados de acciones se premian las potencialidades. Es en este sentido el inversor cómplice de un desarrollo amenazante que puede enriquecer hoy para traer penurias en el futuro. Quizá no sea una perogrullada. O sí. Pero no deja de dejar pensativo a cualquiera.
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