Tras sortear la corrupción, afronta el dilema de las exigencias de Trump
A la oficialidad rusa le gusta describir al presidente de Ucrania como un “dictador ilegítimo”, pero a diferencia de lo que ocurre en Rusia, Egipto, Corea del Norte y otras dictaduras, en las calles ucranianas es muy difícil encontrase con un solo cartel o valla publicitaria con el rostro o la efigie de Volodímir Zelenski. El culto al líder, como el que Donald Trump trata de imponer en Estados Unidos, no existe. Ni siquiera en estos tiempos brutales de guerra. El patriotismo se cultiva con banderas nacionales, reverencia hacia los militares que defienden el país y un sinfín de reclamos que llaman a la población a alistarse en el Ejército para subsanar las acuciantes carencias de efectivos. Zelenski es un político de carne y hueso, con un apoyo todavía mayoritario pese a los escándalos de corrupción, pero con fecha de caducidad, como sucede en las democracias.
[–>[–>[–>En las calles ucranianas Zelenski ha perdido algo de lustre. Aquel actor que llegó al poder a través de las urnas en 2019 con la intención de regenerar el país y encandiló al mundo con su valentía y su altura moral ha bajado de las nubes. “No quiero un pasaje, quiero munición”, le dijo a Joe Biden cuando el entonces líder estadounidense se ofreció a sacarlo del país en los primeros compases de la invasión rusa a gran escala de 2022. Aquel día Zelenski se convirtió en Allende, pero cuatro años después el Verbo se ha hecho carne.
[–> [–>[–>Algunos relevos en la cúpula militar, las restricciones de la ley marcial, el estancamiento en el frente, los escándalos de corrupción y el mero desgaste del poder le han pasado factura. Pero aun así mantiene unos índices de aprobación inalcanzables para casi cualquier líder occidental, un 61%, según la última encuesta realizada a finales de enero por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev. “La gente lo quiere como su líder en tiempos de guerra, pero no necesariamente después”, asegura a este diario su director ejecutivo, Anton Grushetskyi. “Lo ven como un dirigente fuerte y valiente que defiende el interés nacional pero, una vez acabe la guerra, solo un 25% quiere que siga como presidente”.
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El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, en una reciente visita a Polonia. / Europa Press/Contacto/Fot.Tedi/Newspix.Pl
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Corrupción en el entorno de Zelenski
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Esa idea asoma frecuentemente en las conversaciones de café. A Zelenski se le aprecia más como estadista y comandante en jefe que como gestor de la política interna. Algunas de sus decisiones, como restar autonomía a las agencias encargadas de investigar la corrupción no han gustado, pero al mismo tiempo se sigue persiguiendo a los implicados en los pufos. Hace unos días se detuvo en la frontera al exministro de Energía, German Galushchenko, presuntamente implicado en la ‘Operación Midas’, una trama de sobornos y comisiones ilícitas a cambio de contratos en el sector energético con una factura cercana a los 100 millones de euros.
[–>[–>[–>El escándalo ha salpicado a varias figuras cercanas al presidente como su brazo derecho Andriy Yermak —que no ha sido formalmente acusado, aunque sí tuvo que dimitir—, el ex viceprimer ministro Oleksiy Chernyshov o el antiguo socio empresarial de Zelenski, Timur Mindich. “Esos escándalos tienen mucha repercusión mediática y se discuten mucho entre las élites. Pero para la gente común no son demasiado chocantes. Les irrita y los condenan, pero no lo ven como algo nuevo”, explica Galushchenko. Cuando su instituto de demoscopia preguntó en diciembre al respecto, un 20% de los ucranianos no había oído nada de la ‘Operación Midas’ y a un 30% le sonaba pero no conocía los detalles. Para muchos ucranianos la prioridad es sobrevivir. Y la corrupción, un viejo mal que, pese a todo, está mejorando, como indican los organismos independientes.
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Zelensky habla con Rubio sobre el proceso de paz y le informa sobre los ataques rusos a la energía / .
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Oposición fiel por imperativo bélico
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“Para nosotros es esencial ser transparentes y generar confianza. La gran pregunta pasa por saber hasta qué punto nuestro sistema judicial abordará adecuadamente esos escándalos expuestos”, asegura la diputada de la oposición y exviceprimera ministra, Ivanna Klympush. Con el proceso de adhesión a la Unión Europea en marcha, la cuestión es de máxima importancia si Kiev quiere llegar a buen puerto en un periodo razonable. Por imperativo bélico, la oposición ucraniana ha cerrado filas en torno al presidente durante estos años, pero ahora que el Parlamento empieza a preparar las primeras elecciones para cuando acabe la guerra — que Donald Trump quiere que se celebren en mayo, con la contienda en plena efervescencia— el ruido de sables va tomando forma.
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[–>“Creo que el presidente hizo un trabajo extraordinario como comunicador a principios de la invasión a gran escala y nosotros renunciamos a nuestra función como oposición por el bien del país”, reconoce Klympush. “Pero Zelenski no ha mantenido un diálogo con el Parlamento y eso es inaceptable”. En siete años de presidencia apenas se ha reunido con los líderes parlamentarios, una actitud que no es exclusiva del líder ucraniano.
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Y en las próximas semanas puede que tenga que enfrentarse a una de las decisiones más difíciles de los últimos tiempos: ¿qué hacer con las demandas de Trump, que habría exigido a Zelenski que celebre esta próxima primavera elecciones y un referéndum sobre el potencial acuerdo de paz con Rusia que negocia la Casa Blanca? El líder ucraniano ha negado esas informaciones e insiste que se necesitaría un alto el fuego prolongado para poder celebrar unos comicios con garantías. En la calle esa parece ser también la opinión mayoritaria, pero Trump ya ha dicho que quiere acabar con la guerra en junio a más tardar. La coacción estará sobre la mesa, aunque si algo ha demostrado Zelenski hasta la fecha, es que no es de los que se dejan amedrentar fácilmente.
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