Tristeza PSOE frente a impotencia PP
Las temperaturas se dispararon en España y vienen más calores aún, impropios de estas fechas. Pero la climatología desbocada va por detrás del horno político que abrasa. La imputación (es decir, la investigación) al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero por supuesto tráfico de influencias y cobro de comisiones directamente, o a través de la empresa de sus hijas, se recibió como un mazazo entre la militancia y el electorado socialista. No es para menos.
[–>[–>[–>Venía el partido de Pedro Sánchez de un retroceso electoral en Andalucía sufrido el domingo anterior cuando, sin el tiempo de recuperación mínimo que se concede a cualquier boxeador noqueado, llegó la peor noticia judicial de la democracia: un ex presidente del Gobierno imputado. Cierto es que buena parte de los ministros del conservador Aznar empezaron por ahí y fueron después condenados, e incluso algunos entraron en prisión (Zaplana, Rato y Mata). Y que Montoro, ministro de Hacienda con Aznar y con Rajoy, está acusado de cambiar reglamentos y leyes para favorecer a clientes de un despacho muy amigo. Pero Zapatero fue presidente de España siete años y era uno de los referentes del Partido Socialista.
[–> [–>[–>«El auto es impresionante y el magistrado ha tomado medidas muy medidas», jugó hábilmente con las palabras el primer presidente socialista de la historia democrática, Felipe González. «No veo a Zapatero en ese papel (se refería al de líder una trama) y me parece tristísimo». Llevaba ese titular preparado y con él respondió las tres veces que le preguntaron cuando acudió, el pasado viernes, a recoger el premio del Instituto Ana Frank de Buenos Aires en la sede en Madrid de la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos).
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«Tristeza» –Felipe suele acertar al definir estados de ánimo– es lo que se percibe en la familia socialista. Enfrente, en el conservador Partido Popular, después de un estallido de júbilo, se aprecia impotencia. Aunque su portavoz en el Senado, Alicia García, anunciara una «ofensiva total», les faltan cuatro votos en el Congreso para plantear con éxito una moción de censura que tumbe a Sánchez. Por tanto, salvo que el presidente se muera, o se rompa emocionalmente, tendrán que esperar a 2027 para llegar al poder. Otro año más de rabia contenida y fuego garantizado. Vox, la ultraderecha, se entretiene convocando movilizaciones, apretando las tuercas al PP en las autonomías donde es necesario para gobernar y disfrutando de que su líder, Santiago Abascal, sea recibido con foto por el embajador de Trump en España. Oportuno gesto para contribuir a la exasperación de los populares. Y para certificarle al Gobierno Sánchez la colaboración de una agencia de inteligencia americana, la HSI (Homeland Security Investigation), en la recopilación de indicios en el caso Zapatero.
[–>[–>[–>El Gobierno se protege del infierno informativo –los periódicos de derecha ya han titulado ansiosos, como el «ABC», que «Zapatero lideró una trama criminal»– declarando con recurso de manual que «hay que respetar el trabajo de la Justicia». Eso, tan prudente, a pesar de que la Justicia filtrara al PP la que le estaban preparando al PSOE, como anunció imprudentemente Núñez Feijóo en un mitin días antes.
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«Estoy loco por confiar en la Justicia», ha escrito Jordi Évole, uno de los periodistas mas seguidos en España. Esa Justicia española que «dictó una sentencia incomprensible contra el Fiscal General del Estado», o que no supo identificar quién era «M.Rajoy» en una investigación del PP. De ahí su lamento irónico.
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