Trump quiere «acceso total» al petróleo de Venezuela, pero no será fácil ni rápido
Ni devolver la democracia a los venezolanos. Ni ajustar cuentas con la corrupción sistemática que ha hecho de Venezuela el tercer país más corrupto del mundo, según Transparencia Internacional. O siquiera frenar el supuesto flujo masivo de drogas a Estados Unidos, el mantra que puso en marcha la campaña contra el régimen de Nicolás Maduro. El argumento más repetido por Donald Trump y sus lugartenientes para justificar la agresión militar contra Venezuela, la captura de su presidente y sus planes para convertir al país caribeño en un protectorado de EEUU se resumen en una sola palabra: petróleo. “Las grandes petroleras estadounidenses, las mayores del mundo, invertirán miles de millones de dólares para reparar la maltrecha infraestructura petrolera y empezar a hacer dinero para el país”, dijo Trump el sábado. No será fácil ni rápido. Todo sugiere que Trump ha disparado sin tener un plan claro para el día después, un modus operandi muy recurrente en Washington.
[–>[–>[–>Si Trump tiene algún interés en Venezuela más allá del petróleo, un sector dominado actualmente por las compañías chinas, todavía no lo ha demostrado. No hay pedido la liberación de los presos políticos. Ni el desmantelamiento del régimen de Maduro o la puesta en marcha de una transición democrática. Se ha limitado a ungir a Delcy Rodríguez como presidenta encargada tras su nombramiento en Caracas. El domingo le dijo que quiere “acceso total” a los hidrocarburos del país y sus infraestructuras para que puedan ser remozadas. Rodríguez se ofreció “cooperar” tras la escenificación inicial.
[–> [–>[–>Esta confianza en la número dos del chavismo no parece ser casual. Vicepresidenta desde 2018 y abogada de formación, Rodriguez es también ministra de Hidrocarburos y una figura central tanto en la gestión del sector como en las relaciones con las petroleras extranjeras. Un sector que ha gestionado mejor que otros, según la opinión prevalente en Washington. Además, según Associated Press, mantiene “estrechas relaciones con algunos republicanos en la industria del petrolero y con Wall Street”, y habría ejercido de intermediaria con Chevron, la única petrolera estadounidense que opera en Venezuela.
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Paralelismos con Irak
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Para encontrar algún paralelismo reciente a la diplomacia cañonera de Trump habría que retrotraerse hasta la invasión de Irak en 2003. Por entonces, la Administración Bush se cuidó mucho de no incluir el petróleo entre los motivos oficiales de la invasion, justificada por las (inexistentes) armas de destrucción masiva y la promoción de la democracia. Pero el viento no tardo en barrer aquella cortina de humo. Los campos petroleros fueron uno de los primeros objetivos ocupados por sus tropas en Irak. La industria nacionalizada por Sadam Husein se abrió a la inversión extranjera a golpe de decreto y se concedió un acceso preferencial a las petroleras estadounidenses y británicas. Hoy tienen una presencia notable en los yacimientos más importantes del país, si bien la propiedad de las reservas sigue siendo del Estado iraquí.
[–>[–>[–>Venezuela es un dulce todavía mayor, con el 17% de las reservas mundiales conocidas, casi cuatro veces más que las de EEUU, el primer productor mundial. Pero es también un gigante con pies de barro. Produce hoy únicamente el 1% de la oferta mundial. Apenas llega al millón de barriles diarios, frente a los 3.5 millones que producía en 1999, antes de que Hugo Chávez asumiera el poder en Venezuela. La mala gestión, la corrupción masiva y las sanciones occidentales han atrofiado a Petróleos de Venezuela (PDVSA), la compañía estatal que controla el sector, explotado mediante ‘joint-ventures’ con empresas extranjeras. De los siete presidentes que ha tenido PDVSA desde 1999 hasta mediados del año pasado, cuatro fueron acusados de corrupción: dos han sido sentenciados, uno vive prófugo en el exilio y otro murió en prisión, según publicó ‘El País’ en 2024.
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Infraestructura ‘dilapidada’
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Trump habló el mismo sábado de la captura de Maduro con los ejecutivos de las grandes petroleras estadounidenses para decirles que espera que empiecen a poner dinero en Venezuela, según publicó ‘Politico’. Pero sus demandas fueron recibidas con mucha cautela. “El sector está tan dilapidado que nadie en esas compañías puede ni siquiera estimar cuánto se necesita para hacerlo operativo”, le dijo un experto del sector al portal estadounidense. La propia PDVSA reconoció en un documento interno de 2021 que sus oleoductos no se han modernizado en 50 años y que el coste de remozar la infraestructura para volver al pico de producción de 1999 rondaría los 58.000 millones de dólares.
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[–>Pero hay otros elementos en la ecuación. Todos los expertos reconocen que es indispensable que exista seguridad jurídica para que las petroleras inviertan sustancialmente en Venezuela. Una seguridad que no existe hoy: Caracas vive en un limbo, con su régimen intacto y Trump dispuesto a tutelarlo con el dedo en el gatillo. “Es imposible llevar a las compañías de EEUU a Venezuela sin que exista un acuerdo previo con su gobierno”, le ha dicho a la CNN Homayoun Falakshai, experto de la consultora energética Kpler.
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Las refinerías del sur de EEUU están listas para recibir al crudo extrapesado de Venezuela, utilizado principalmente para producir diésel, asfalto y otros fangos para maquinaria pesada. Pero más dudas hay de que el sector esté dispuesto a recibir el potencial rebrote venezolano — que en cualquier caso, tardaría años en materializarse— con los brazos abiertos. “Ahora mismo el mercado está algo sobresaturado”, le ha dicho a ‘Wire’ Lorne Stockman, analista de Oil Change International. Sus precios rondan los niveles más bajos de los últimos años. “Lo último que quieren es que se abran de repente masivas reservas de petróleo”, añade Stockman.
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