Un Gobierno al escondite
Como si la tierra se los hubiera tragado. Desde la última reunión de gobierno días antes de Nochebuena, ni el presidente ni ninguno de sus ministros habían dado la cara. Al parecer, según información publicada por un diario andorrano, Pedro Sánchez y su familia estaban pasando unos días de lujo en el Principado dedicados a los deportes de nieve y montaña. No es la primera vez que lo hace, está claro que a Sánchez le gusta Andorra, un hermoso lugar y paraíso fiscal para muchas fortunas, incluida la de la familia del expresidente catalán Jordi Pujol. Rodeado del más absoluto secretismo y de numerosos guardaespaldas pagados por el sufrido contribuyente, el autócrata eligió la bella localidad de Encamp para su relax navideño mientras sus compañeros de gabinete salían del foro. «Están jugando al escondite», dice sarcásticamente un líder socialista crítico al comparar cómo cada uno juega al «sálvese quien pueda» ante las elecciones regionales bastante oscuras que se avecinan. El gran líder no puede salir a la calle sin abucheos y sus colaboradores tampoco. El pasado fin de semana, un ministro fue increpado en un centro comercial de Madrid mientras hacía compras. La calle está alborotada.
Quizás por este ambiente caldeado, el presidente del Gobierno decidió interrumpir sus vacaciones al estilo norcoreano y aparecer una vez más en un vídeo colgado en una red social para asegurar que su Ejecutivo «ha mejorado la vida de los españoles» y «España está creciendo más que nunca». Hay que tener el descaro de hacer tal afirmación cuando miles de ciudadanos, pequeñas empresas y autónomos se asfixian bajo el yugo de un auténtico calvario fiscal, los precios se disparan, la calidad de vida disminuye y algo tan básico como la vivienda resulta inasequible. En su trono alejado de toda realidad, Pedro Sánchez hace un balance mentiroso y oculta descaradamente la corrupción, el cerco judicial a su familia, el encarcelamiento de sus grandes hombres de confianza, Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García en Soto del Real, el acoso sexual y la condena sin precedentes de un fiscal general del Estado, desde cuyo entorno se ha lanzado un ataque sin precedentes contra el Tribunal Supremo. El alcalde de León, el crítico José Antonio Díez, lo ha denunciado con voz clara: «Esto está peor que nunca y Sánchez sólo hace Tik-toks».
En efecto. La Moncloa se ha convertido en un plató audiovisual y su inquilino en un actor de quinta. Asesorado por esta plétora de asesores bien remunerados y con sueldos públicos, muestra mes tras mes los logros de su Gobierno, desentrañando una mentira tras otra. Y amenaza con seguir al frente, según él mejorando la vida de la gente en una legislatura agónica y un equipo que está fracasando. «¿Pero de qué se trata este hombre?» se preguntan algunos empresarios al escuchar sus medidas económicas y fiscales, que son un auténtico expolio. No importa todo. Con el rostro maquillado y su sonrisa forzada, el gran líder hace su propia valoración triunfalista y advierte que no se moverá ni un ápice. Ajeno a los escándalos que azotan a su familia y a su partido, ni siquiera una alusión al desastre de Extremadura. Es sabido que el «sanchismo» deja cadáveres por el camino, los culpables siempre son otros y su figura es la única salvadora para aplastar la «facosfera». El colmo del cinismo.
Así que el fracasado Pedro Sánchez, derrotado en todas las elecciones electorales, se habrá comido las uvas en un refugio de lujo a costa del contribuyente sin importarle un comino el bienestar de los españoles, sino sólo el suyo propio. Con este último vídeo la propaganda “sachista” ha batido un récord de impostura.
En un restaurante madrileño, un grupo de empresarios y periodistas siguieron el discurso del presidente desde sus móviles. El estupor es enorme al contemplar a un líder noqueado, desgastado y maquillado para aparecer triunfante en el más puro cine de autor. Pero algo se mueve, los mensajes entre militantes de las agrupaciones regionales del partido empiezan a echar humo, aunque de momento el capo controla todo con mano de hierro.
Los empresarios llevan días en zozobra sin Presupuestos, sin hoja de ruta económica, con un vacío en el sector industrial y medidas disparatadas en el ámbito laboral en una legislatura envenenada. La conclusión es unánime: «Es el principio del fin». Por eso, Pedro Sánchez es más peligroso que nunca.
La batalla será dura. El presidente planea resistir a toda costa y ya prepara reuniones con el líder de ERC, Oriol Junqueras, y los cachorros Bildu-ETA de Arnaldo Otegi, su socio favorito, para apuntalar su apoyo. “Nadie quiere que venga la derecha”, alardean orgullosos los portavoces de La Moncloa. Pero la aritmética electoral es imparable. Después de lo ocurrido en Extremadura, el «sanchismo» y sus terminales no frenan ese espacio, al contrario, lo engordan cada día.
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