un intento de frenar a la ultraderecha que amenaza con frenar el crecimiento económico
Las cifras de inmigración neta en el Reino Unido se han reducido drásticamente en los últimos meses. Según los últimos datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONS), la diferencia entre el número de extranjeros que han llegado al país y los que se han ido se situó en 204.000 personas entre junio de 2024 y el mismo mes de 2025, una caída de cerca del 70% respecto al mismo periodo del año anterior. El Gobierno laborista está dando continuidad al endurecimiento de las políticas migratorias impulsado por el anterior Gobierno conservador, en un intento de contener el auge del partido de derecha populista Reform UK, pero el descenso pronunciado en la llegada de trabajadores extranjeros amenaza con golpear a la economía británica.
[–>[–>[–>La inmigración neta en el Reino Unido alcanzó su récord histórico en 2023, con 860.000 personas. A pesar de que muchos de estos trabajadores cubrieron puestos en sectores clave como la sanidad o el sector de los cuidados, el aumento de la llegada de extranjeros provocó el rechazo de una parte de la población, golpeada por la crisis de la vivienda y por el aumento del coste de la vida. Este rechazo llevó al anterior Gobierno conservador de Rishi Sunak a endurecer las políticas migratorias, una línea que ha mantenido el actual Gobierno laborista, el cual ha cancelado el reclutamiento de cuidadores en el extranjero y ha extendido el periodo mínimo de estancia en el Reino Unido para poder obtener la residencia permanente, un periodo que puede llegar hasta los 20 años en algunos casos.
[–> [–>[–>Impacto económico
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A pesar de que todavía es pronto para saber qué impacto tendrá el drástico descenso de la llegada de extranjeros al país, algunas previsiones apuntan a que una caída de la inmigración neta de 300.000 personas anuales podría incrementar el déficit en hasta 20.000 millones de libras (cerca de 22.800 millones de euros), algo que obligaría al Gobierno a aprobar nuevas subidas de impuestos y recortes del gasto público.
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Para el profesor Jonathan Portes, experto en economía y políticas públicas de la King’s College de Londres, el impacto no se notará tanto a corto plazo, ya que la demanda de trabajadores en el Reino Unido se ha reducido en los últimos años, sino más bien a largo plazo. “Si se mantienen estas restricciones será bastante perjudicial, ya que la inmigración ha sido una importante fuente de crecimiento para el Reino Unido, especialmente en los últimos cinco o seis años”, asegura Portes, quien atribuye las políticas restrictivas del Gobierno laborista en materia migratoria a la voluntad de hacer frente a la derecha populista y no al hecho de que sean necesarias en términos económicos.
[–>[–>[–>El Ejecutivo confía en cubrir con trabajadores locales las vacantes ocupadas hasta ahora por extranjeros, algo que ayudaría a su vez a reducir el elevado número de personas inactivas que reciben prestaciones del Estado. Pero los expertos señalan que esta estrategia será difícil de implementar. “[El Gobierno] Lo dice retóricamente, pero no es así como funcionan las economías modernas», dice Portes. «Los gobiernos desempeñan un papel importante en la educación y la formación, y eso es absolutamente cierto, pero estaríamos mucho mejor si lo complementaran con un política de inmigración relativamente liberal eso permitiría a los inmigrantes venir y trabajar donde se les necesita”, añade.
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Recelo en las empresas
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En un reciente artículo, el centro de pensamiento UK in a Changing Europe apunta en la misma dirección y alerta de que algunas empresas están externalizando sus servicios en el extranjero para responder a las políticas restrictivas del Ejecutivo. La organización también advierte de que algunas vacantes serán difíciles de cubrir, especialmente en los cuidados de personas dependientes, y señala que muchos trabajadores extranjeros optarán por dejar el país en los próximos años porque no quieren esperar 10 o 20 años para obtener la residencia permanente.
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[–>El endurecimiento de las políticas migratorias por parte del Gobierno laborista está provocando estupor entre las empresas europeas, especialmente porque esta política choca con la supuesta voluntad de acercamiento a la Unión Europea defendida por el primer ministro, Keir Starmer. “Este Gobierno no sabe lo que quiere. Y así es difícil generar confianza”, asegura un representante de la Cámara de Comercio de España en el Reino Unido. La dificultad para traer trabajadores al país es una de las principales quejas de los inversores extranjeros, quienes confían en que el Ejecutivo cierre acuerdos de movilidad con Bruselas en un futuro cercano. Starmer, de momento, avanza con pies de plomo.
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