Un país gobernado por dos hermanos: ¿Tras el chavismo y el madurismo, llega el rodriguismo?
Diosdado Cabello, el número dos del madurismo y cabeza del Ministerio del Interior y los servicios de inteligencia de Venezuela, salió en la noche del lunes a patrullar Caracas después de una serie de extraños disparos. Cuando callaron se tomó una foto con su nutrida escolta al grito de «leales siempre, traidores nunca«. Repitió a su vez un lema personal que daba cuenta de la extrema intransigencia del Gobierno antes de la captura veloz de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. «Dudar es traición». Sin embargo, la «duda» sobre la existencia de una «traición» que derivó en los hechos del 3 de enero no ha podido ser disipada después de estos días. En cuanto a lo de «leales siempre», un Gobierno descabezado que incluye a los militares se ha visto en la obligación de respaldar el nombramiento de Delcy Rodríguez como «presidenta encargada». El respeto a la institucionalidad invocado no parece ser un argumento demasiado creíble, al menos en Venezuela.
[–>[–>[–>La sospecha de que el dedo de Donald Trump ha estado detrás del ascenso de Delcy se mantiene intacta a pesar de que el multimillonario pasó de la ponderación al zarandeo acompañado y la advertencia de que un jefe de Estado extranjero estaba al mando en el país sudamericano. Venezuela ha pasado en 26 años del chavismo al madurismo y desde hace menos de una semana parece haber comenzado un rodriguismo que puede desembocar en una transición política según las apetencias de Washington o tener un final abrupto. Pero la conjunción en el poder de Delcy y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional (AN) y el encargado de tomarle juramento, en una escena casi familiar, permite al menos por el momento asignarle al apellido una importancia relevante.
[–> [–>[–>Interés de las petroleras
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El rapto de Maduro hizo que subieran las cotizaciones de las petroleras en Wall Street, en especial a Chevron y ExxonMobil. Los bonos de la estatal PDVSA escalaron hasta 28%. No ha pasado por alto a ningún analista que una de las razones de esta euforia tiene que ver con las intenciones de Trump en manejar las grandes reservas de crudo de ese país. Pero los mercados también «avalaron» el nuevo lugar de Delcy quien, además de ser vicepresidenta, era la ministra de Petróleo y, desde ese cargo, había establecido fluidas relaciones con las multinacionales. De acuerdo con Bloomberg, ejecutivos, abogados e inversionistas vinculados a esa industria «defendieron» que ella ocupara el puesto de Maduro. Había demostrado ser mucho más eficiente que los anteriores jefes del área petrolera, todos ellos salpicados de escándalos de corrupción. «La Administración Trump llegó a la misma conclusión, creyendo que Rodríguez podría estabilizar la economía basada en el petróleo de Venezuela y facilitar los negocios estadounidenses».
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Hans Humes, el presidente ejecutivo de Greylock Capital Management, quien forma parte del comité de acreedores de la deuda soberana de Venezuela, dijo a su vez a Bloomberg Television: «Si quieres a alguien que pueda operar en condiciones razonablemente aceptables, consigue a la persona que operó en las peores condiciones». Esa persona sería la actual «presidenta encargada». Con la misma expectación de Chevron debieron seguir la escena ConocoPhillips, a la que Venezuela le debe 10.000 millones de dólares tras la confiscación estatal de sus activos venezolanos en 2007, Shell Plc, que tiene congelado un acuerdo de gas venezolano en alta mar, la española Repsol, la italiana Eni SpA y la francesa Maurel et Prom SA.
[–>[–>[–>Reparos y sospechas
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Delcy asumió formalmente el cargo sin olvidarse de Maduro y su esposa, Cilia Flores, y se dejó acompañar por sus familiares y Cabello. Desde que se conoció la designación comenzaron a tronar las críticas en lo que era la izquierda del chavismo histórico o sectores disidentes. A José Antonio Hernández le llamó la atención que haya hablado de una «agenda de cooperación» con EEUU. «Esas palabras, pronunciadas después de un secuestro y bombardeo imperialistas, no suenan a defensa de la soberanía, sino a normalización del atropello», escribió en el portal Aporrea. Ese discurso, sostuvo en esa misma publicación Henry Arroyo Clemente, fue «lastimero e indigno».
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María Corina Machado, la líder derechista desechada por Trump como protagonista de la «transición» por carecer de «respeto» interno, no se demoró en apuntar contra Rodríguez. «La principal arquitecta de torturas, tráfico de personas, aliada de Rusia, China, Irán«, dijo la Premio Nobel de la Paz, todavía imposibilitada de digerir el desaire del magnate republicano.
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[–>El «gran hermano»
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Frente a la previsible dureza de Machado, llamó la atención el tono almibarado de Jorge Rodríguez al asumir un nuevo período como autoridad parlamentaria. Psiquiatra de profesión, le ha tocado manejar la campaña electoral de Maduro, organizar la salida del país de Edmundo González Urrutia, pero, sobre todo, establecer negociaciones públicas y muy privadas con representantes de EEUU en Dubái, Barbados y otros países. Rodríguez, conocido por su dureza retórica, instó a un «diálogo verdadero» con los sectores de la oposición con representación en la AN. «No desdeñemos la posibilidad de que por muy diferente que pensemos, por muy distinto que pensamos, encontrarnos más unidos». Según el médico ya no son horas de las invectivas sino de «encontrarnos» y «arrimar el hombro», porque «cualquier cosa que venga de afuera siempre será peor».
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No faltan los observadores que se preguntan sobre la verdadera posibilidad de una era de rodriguismo en un país con 2.400 generales, una suma superior a la del país que acaba de realizar una operación quirúrgica de proporciones para arrancar a Maduro de su búnker. Mientras tanto, es Trump el que trata de definir las reglas de juego y sin elecciones a la vista. No se sabe si los hermanos, hijos de un insurgente muerto en la cárcel, en 1976, acatarán la imposición que viene desde la Casa Blanca o crearán las condiciones para rebelarse.
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