una lección que le devuelve a escena y las razones del regreso que jamás cristalizó
De nuevo José Mourinho. El técnico portugués vuelve a cruzarse con el Real Madrid desde un lugar que dice mucho de su carrera reciente: el banquillo. Benfica y un empate de octavos de final Campeones que confronta el pasado y el presente del club blanco.
El 4-2 de la fase de campeonato Lisboa, con da luz se transformó en volcán y el Madrid fue superado hasta el liderato final del trubin, sirvió para reactivar la figura del técnico portugués y para alimentar, una vez más, el eterno debate sobre una hipotética vuelta al campeonato. Bernabéu.
Pero la historia de estos trece años en realidad cuenta algo más: la lección competitiva que dejó Mourinho en Madrid convive con una larga lista de razones por las que su regreso nunca pasó de las conversaciones de bar.
La noche de enero Lisboa Fue, en términos de narración, perfecto para Mourinho. Se enfrentó a un Madrid en crisis, donde el equipo aún digería golpes internos y externos, y aplicó una lección táctica que en ocasiones le recordó al entrenador que había llegado Chamartín en 2010 para competir con Barça de Guardiola.
El Benfica, limitado respecto al conjunto blanco, se comportó como un equipo grande, intenso, estructurado y sin complejos, mientras el Madrid parecía desbordado en duelos, ritmo y convicción.
Esta victoria, más allá de la mesa, devolvió a Mourinho al panorama europeo como un entrenador capaz de seguir activando los grandes partidos, y de ahí nació la oleada de voces que volvió a alzar, casi por inercia, su nombre ligado al banquillo del Bernabéu.
Este impulso estuvo acompañado de un elemento legal que alimentó el debate. El contrato de Mourinho -confirmado por él mismo- con el Benfica incluye una cláusula que le permite rescindir sin penalización en los diez días siguientes al último partido oficial de la temporada, dejándole libre para fichar por cualquier otro club sin tener que pagar gastos de rescisión.
José Mourinho, en el entrenamiento del Benfica este lunes
EFE
Una fórmula destinada a proteger al técnico en caso de cambios internos en el Benfica y que, por cierto, hace que su nombre esté siempre «al alcance» de cualquier gran proyecto que pueda llamar a su puerta, incluido el Real Madrid.
Sin embargo, desde la sala principal del Bernabéu no se han dado pasos reales en esta dirección desde 2013.
La memoria de Mou.
El club recuerda la etapa de Mourinho en el Madrid como una etapa de crecimiento competitivo y cambio cultural. Bajo su mando llegaron una liga de 100 puntosA copa del rey Al frente Barcelona, A Supercopa de España y tres semifinales consecutivas de la Liga de Campeones, además de la sensación de haber roto el dominio del mejor Barça y devolver al equipo blanco la condición de serio aspirante a Europa.
Veladas icónicas, remontadas y un discurso que reforzó la ambición de la afición del Real Madrid quedan en el recuerdo. Por eso su sombra sigue siendo alargada: cualquier comparación de carácter competitivo o de intensidad remite todavía al Madrid de 2010-2013.
Pero es precisamente el éxito que siguió lo que permite comprender por qué no hubo un segundo acto. Tras su marcha, el club apostó por perfiles como carlo anceloti Y Zinedine Zidane Entrenadores de una escuela casi opuesta, basada en un manejo tranquilo del vestuario, flexibilidad táctica y una relación menos conflictiva con el entorno.
Con ellos, el Madrid encadenó un ciclo de seis Ligas de Campeones y títulos que reforzaron la idea de que, para este grupo de jugadores y por la constante exposición del club, este tipo de liderazgo funciona mejor.
Volver a Mourinho significaría reintroducir una energía diferente, más volcánica, que, en los bajos del Bernabéu, ya no se veía como imprescindible para ganar.
Una curva descendente
También le influyó la evolución de la carrera del portugués. Desde su salida de Madrid, su carrera ha alternado entre éxitos y turbulencias: un segundo ciclo en Chelsea con un conflicto final, un manchester unido en el que dejó títulos y fricciones, un Tottenham sin trofeos y uno Roma que llevó a la final europea pero de la que también salió en medio de tensiones.
José Mourinho, dirigiendo el entrenamiento del Benfica con el escudo del club al fondo
EFE
Su paso por Fenerbahçe y ahora para el Benfica muestra a un entrenador siempre competitivo, capaz de veladas como la de Da Luz, pero ya no ese ganador casi infalible que se sentaba en el banquillo del Bernabéu tras ganar la Champions con Entre.
A la hora de calibrar un proyecto a medio plazo al más alto nivel, esta curva descendente pesa sobre las decisiones.
La relación con el presidente
El otro eje principal de esta historia es la relación personal con Florentino Pérez. Durante su paso por el Madrid, el presidente y el técnico construyeron un fuerte vínculo, basado en la idea de que Mourinho era el hombre ideal para fortalecer al equipo y devolverlo a lo más alto de la competición.
Tanto es así que eso fue lo que le dijo el propio presidente y José Ángel Sánchez cuando decide marcharse al finalizar su tercer año en el banquillo: «Ahora viene lo bueno, lo más difícil ya está hecho».
Pero Mourinho, agotado por la tensión y seducido por el regreso al Chelsea, ya había tomado una decisión: «Fue lo mejor para mí y para el Madrid después de tres años duros, intensos y casi violentos. Nos separamos en el momento adecuado», admitió de nuevo en rueda de prensa.
Con el tiempo, sus caminos se separaron. Los cambios de club, de números de teléfono y de prioridades han diluido los contactos, pero no han desaparecido: «La última vez que hablé con el presidente fue cuando fiché por el Benfica. Me envió un mensaje diciendo: ‘José, estoy muy feliz de que vuelvas a estar en un gran club'», dijo Mourinho.
Durante la reciente visita del Madrid a Lisboa en la fase liguera, el reencuentro tuvo que esperar ya que Florentino no viajó. Será ahora, en esta reunión, cuando se puedan ver las caras, ya sea en Da Luz si el presidente decide viajar, o en el Bernabéu dentro de una semana. “Tengo una gran amistad con el presidente y su familia”, añadió.
José Mourinho, este lunes durante la rueda de prensa con el Benfica
Cable de noticias ZUMA / dp / DPA
Entre medias hay anécdotas que alimentan la narrativa, como la confesión del propio Mourinho de que estuvo «muy cerca» de visitar el Estadio Blanco hace unos meses, durante una gira personal por grandes clubes europeos tras dejar el Fenerbahçe, del que renunció en el último momento ante la llamada del Benfica para cerrar su fichaje.
Episodios como este alimentan la sensación de un destino cruzado, pero no cambian el contexto: el Madrid ha avanzado en un camino en el que Mourinho ocupa un lugar de memoria y respeto, no una opción inmediata.
La afición sigue dividida entre quienes ven en él el hombre que cambió el carácter del equipo y quienes asocian su silueta a un periodo de tensión permanente, y el club ha encontrado en otros perfiles un modelo ganador que se adapta mejor a su proyecto actual.
La cláusula de salida de su contrato con el Benfica y veladas como el 4-2 pueden devolverle a los primeros planos y volver a proyectar su sombra sobre el Bernabéu, pero la lección de estos años es que este capítulo pertenece ya a una época que difícilmente tendrá segunda parte.
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