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una perla española entre costa, prados y caserías

una perla española entre costa, prados y caserías
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  • Publishedmayo 6, 2026



El refugio de Marcelino García Toral Está en un rincón mínimo de la geografía asturiana: cascosuna parroquia de sólo 178 habitantes en la comuna de Villaviciosa.

Allí, entre los verdes prados, las granjas dispersas y los Cantabria Muy cerca, el técnico encuentra el contrapeso perfecto a la tensión del banquillo de élite. No es un destino turístico masivo ni un nombre que le suene familiar al aficionado medio, y es precisamente en esta eufemismo donde reside gran parte de su encanto.

Careñes no es un pueblo típico, sino un puñado de casas y fincas agrícolas agrupadas en un territorio que mira al mar y al mismo tiempo se respira campo.

A pocos kilómetros de Villaviciosa, su paisaje condensa muchas postales típicas del campo asturiano: sidrerías, caminos estrechos bordeados de muros de piedra y un silencio sólo interrumpido por el ganado y el viento.

En este escenario, el técnico se reconoce. De hecho, alguna vez lo definió con una frase que hoy es seña de identidad de la casa: “Es un pueblo pequeño, pero es mío”.

La parroquia es parte del llamado Región de la Sidracon Villaviciosa como gran referente. El entorno de Careñes se divide entre manzanos, praderas y suaves colinas que descienden hacia la costa cantábrica.

Esta mezcla de proximidad al mar e interior verde le confiere una personalidad especial: es fácil, en pocos minutos, pasar de una masía tradicional a un mirador natural sobre el Mar Cantábrico. Para alguien como Marcelino, acostumbrado al ruido mediático y a la presión constante, este cambio de aires supone casi una desconexión física y mental.

Marcelino García Toral, en un partido contra el Villarreal

Marcelino García Toral, en un partido contra el Villarreal

EFE

El paso del tiempo ha sido beneficioso para Careñes en cierto sentido: no ha sufrido una urbanización agresiva ni un turismo de masas que hubiera modificado su escala. La vida sigue girando en torno al trabajo agrícola, las relaciones vecinales permanentes y un ritmo lento que contrasta con la velocidad del fútbol profesional.

Esta fidelidad a lo rural es otra de las razones por las que el lugar se convirtió en su refugio emocional. Allí, el entrenador deja de ser un personaje y vuelve a ser un vecino.

El patrimonio también nos permite comprender la singularidad del sitio. La Iglesia de Santa Cecilia, templo de origen medieval, resume la historia de un territorio pequeño pero de profundo arraigo.

Su arquitectura sencilla, construida en piedra y sin grandes alardes, encaja con el tono general del paisaje: nada es excesivo, nada pretende deslumbrar. Es una Asturias sin artificios, en la que todo parece pensado para durar más que para llamar la atención.

El hecho de que uno de los entrenadores más reconocidos de España provenga de un lugar tan pequeño añade otra capa de lectura. El contraste entre la amplitud de su carrera y la amplitud de su origen refuerza la idea de que Careñes es mucho más que un punto en el mapa: es un ancla.

Entre costa, prados y caseríos, Marcelino mantiene un refugio donde empezó todo, y al que siempre podrá volver cuando el fútbol, ​​con su ruido y urgencia, se vuelva demasiado apremiante.



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