Zapatero, en el limbo
Rodríguez Zapatero observa la política como si levitase, flotando sobre la gravedad de cualquier sospecha por fundada que sea. Nada grave, viene a decir. Solo un amigo. Un asesor. Un dinero cobrado. Una coincidencia. Un rescate multimillonario del Gobierno que, por supuesto, no tuvo nada que ver con nada, por más que a ojos de casi todos los españoles fuera un hecho insólito e injustificado soltarle, durante la pandemia, 53 millones a una compañía con una cuota de mercado del 0,1 por ciento en la aviación comercial española. Y por más que el propio expresidente figure como hacedor o intermediador de Sánchez.
[–>[–>[–>Zapatero reconoce haber recibido cantidades de ese amigo hoy detenido, el mismo que, según consta en la investigación, asesoraba a Plus Ultra y que, curiosamente, guardaba en su domicilio el dinero de los pagos. El mismo Zapatero que viste y calza, y que se mueve como pez en el agua tanto en el Gobierno español como en lodazal chavista, resulta que era el asesor del asesor. Cobré pero no influí, asegura. Aunque sigue sin explicar en qué consistía el famoso asesoramiento. La clave está siempre en ese «no». No influyó, no habló, no sugirió. No levantó el teléfono. Nuestro hombre está en el limbo. Todo sucede a su alrededor, nunca a través de él. Los amigos hacen negocios. Los gobiernos rescatan empresas. El dinero circula y las detenciones llegan. Pero él permanece en el plano superior del que asesora en busca de un entendimiento global. ¿Dónde está el conflicto si solo hay una relación privada y una asesoría? Si únicamente se trata de una coincidencia temporal de millones públicos y vínculos personales. La pregunta, en estos momentos, es si basta con negar la influencia para que las sospechas desaparezcan. Zapatero, levitando, mientras puede sonríe, reconoce lo justo y niega lo que parece esencial. El dinero escondido alimenta las suspicacias n
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