20 millones de personas ya han visitado su tumba
Cuesta encuadrarla. No por falta de espacio, sino por exceso de gente. La tumba de mármol blanco del papa Francisco se resiste a la foto limpia: siempre hay un hombro, un móvil en alto, una mano que se persigna. En la Basílica de Santa María la Mayor, bajo una cruz y una única palabra —’Franciscus’, en latín, como un susurro—, descansa el Pontífice argentino. Un año después de su muerte –el 21 de abril de 2025– el lugar funciona más como una estación o punto de destino que como un templo: un flujo continuo de gente que viene, espera, se acerca, mira, reza y se va.
[–>[–>[–>La cola arranca en el lateral izquierdo del edificio y serpentea sin dramatismo, con esa paciencia resignada de los aeropuertos. No es la Roma del gran ruido, pero sí la de las visitas casi obligadas: entrar, guardar silencio, el ‘selfie’ quizá, y salir por la otra puerta. La basílica, poco dada al bullicio, se ha acostumbrado a este murmullo constante.
[–> [–>[–>Visitantes frente a la tumba del Papa Francisco en la Basílica de Santa María Maggiore. / EFE
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El cardenal lituano Rolandas Makrickas, arcipreste del templo, lo explica con números. «Según la policía italiana, unos 20 millones de personas visitaron la tumba del Papa durante el año jubilar», apunta. A eso se suman más de 50 de delegaciones oficiales —incluidos los Reyes de España y varios jefes de Estado y de Gobierno— y un detalle que se repite en los pasillos: «Mucha América Latina».
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«Los peregrinos latinoamericanos, los argentinos en particular, quieren compartir sus impresiones sobre la tumba, que es tan sencilla que resulta única… como era él«, añade. El resultado es prosaico: hoy entran en Santa María la Mayor dos tercios más de fieles que antes de que Francisco fuera sepultado aquí.
[–>[–>[–>«Francisco te llegaba»
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Makrickas no recurre a grandes palabras para explicar la devoción, tan presente aún, por Francisco. Habla de sus rasgos cuando estaba vivo, de cercanía, de sencillez, de humor –»de su forma de humanizar el encuentro«, dice–, como si enumerara virtudes domésticas más que teológicas. Quizá ahí esté la clave: un papa que sabía hacerse entender sin manual. Y que ahora, incluso, puede que se entienda mejor.
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Fuera de la sacristía, donde el lenguaje se vuelve menos solemne, las explicaciones son incluso más simples. Nerea, empleada bancaria de Alicante, lo resume sin rodeos: «Fueras creyente o no, Francisco te llegaba. Por cómo hablaba, por lo que defendía. Se implicaba, libraba sus batallas«. A su lado, Raquel, profesora de Matemáticas, afina la idea: «Progresista, sí, pero sobre todo un papa de calle». Más atrás en la fila, algo desorientada, Kin Bin Xi, llegada de Corea del Sur, reduce también todo a lo esencial, que a veces es lo más preciso: «He venido porque es un papa famoso… y porque somos cristianos». No parece necesitar mucho más.
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[–>Con todo, el peso del legado del papa argentino no es una impresión vaga. Incluso antes de su muerte, las encuestas en Italia ya lo apuntaban: un 75% confiaba en él —incluido un 60% de no creyentes—; un 80% destacaba su apuesta por la paz; y un 60% seguía recordando aquella imagen de marzo de 2020, en plena pandemia de covid, cuando caminó solo por la plaza de San Pedro.
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Un misa romana
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Por ello también el aterrizaje del más prudente (al menos, por ahora) León no ha sido en este año precisamente un paseo por una llanura castellana. El nuevo Pontífice, que comparte con Francisco muchas ideas, se ha visto atrapado en esa extraña coreografía de los inicios: la de gobernar con el retrovisor. No solo le tocó poner el punto final a Dilexi te —esa exhortación apostólica que el argentino dejó a medio camino entre la intención y el papel—, sino que tuvo que hacer las maletas para cumplir con su agenda de viajes. Un ejemplo: Turquía y Líbano, que no fueron viajes de elección, sino escalas de un gran despliegue que Francisco ya había dejado empaquetado y listo para facturar antes de irse.
[–>[–>[–>La capital de Italia recordará a Francisco este martes con una gran misa precisamente en Santa María la Mayor. «Una misa importante, concelebrada por cardenales, obispos, con el cuerpo diplomático y los fieles que deseen participar. Se lo va a recordar como recordamos a nuestros seres queridos, con esta celebración eucarística», ha explicado el sacerdote argentino Guillermo Karcher, uno de los colaboradores más cercanos del fallecido Francisco y quien ha organizado el acto.
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Para la ocasión, Karcher, que aún sigue en Roma trabajando para el Vaticano, también ha recordado el vínculo de Francisco con la capital de Italia, que este martes también celebra su cumpleaños número 2.779, coincidiendo con el aniversario papal. «Si se observa, mirando su tumba a la derecha, está la capilla de ‘Salus Populi Romani’, la Virgen patrona de Roma y salud del pueblo romano. Él era muy devoto de esa advocación, y como obispo de Roma, iba frecuentemente antes y después de cada viaje, incluso tras salir del hospital», ha recordado.
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