Rodrigo Cuevas, el niño que saludaba por la calle cuando volvía de pasar el verano en Rodiezmo, regresa a Oviedo
De guaje, cuando regresaba de pasar todo el verano en Rodiezmo, Rodrigo Cuevas iba por Oviedo saludando a todo el mundo, como hacía en el pueblo, para desesperación de su madre. Ahora han pasado los años y el cantante recorre esta mañana de abril los mismos escenarios de su infancia con LA NUEVA ESPAÑA a menos de una semana del inicio de la gira de «La Belleza», el viernes y sábado en el Pabellón de la Magdalena en Avilés. Y sea en la pista finlandesa del Naranco, al lado del colegio Parque Infantil donde participó en su primer «hit», frente a la Escuela Municipal de Música en el Rosal o por las calles del Antiguo, todos le lanzan un piropo -»guapu», «el artista más grande», «Rodrigo, eres un lujo», «¿viste que te recomendó el disco Pedro Sánchez?»- y él les devuelve la gracia. «Lo llevo muy bien, la gente es muy cariñosa, y como a mí me gusta saludar a todo el mundo, como en el pueblo, soy feliz».
[–>[–>[–>En la pista finlandesa / Mario Canteli
[–>[–>[–>
El viaje al Oviedo donde se crió Rodrigo Cuevas tiene más de rural de lo que pudiera parecer. Su güela de Llaranes (Avilés) había llegado ya antes a La Ciudad Naranco, donde seguían sus tías. Allí vivió Rodrigo Cuevas los primeros años, y en las aulas del Parque Infantil descubrió naturaleza y música. «Téngole mucho cariño, paselo pipa, era un cole familiar. Salíamos a la pista, a la viína. Teníamos un profe, Chema, que nos enseñaba muches coses de la naturaleza. Estaba Consuelo, Amor, Anselmo el conserje, y también Esteban el de música. Con él tenáimos un grupo, ‘Pentagrama’, y un hit que se llamaba «Sarajevo». Fuimos a lo de ‘Veo, veo’ pero Teresa Rabal no nos cogió, ¡mal!».
[–> [–>[–>[–>[–>[–>
Rodrigo Cuevas tira de móvil y enseña el vídeo de YouTube que documenta aquel éxito infantil, en el que sale sosteniendo la cartulina con la letra R. Entonces no cantaba, solo tocaba la flauta dulce y alimentaba un amor a lo silvestre corriendo por el monte o trepando a coger ciruelas a un pruno que ha seguido creciendo a la entrada del colegio.
[–>[–>[–>
La música llegaría poco después, cuando entró en la Escuela de Música, en la primera promoción del centro, que ahora celebra treinta años. «Mi profesor era Manuel Antonio Rodríguez Bravo. Se me daba muy bien el piano y es lo que hacía todo el día. Tocar el piano y ver a Lina Morgan en la tele».
[–>[–>[–>
Rodrigo Cuevas posa con un grupo de seguidores frente a la Escuela de Música de Oviedo. / Mario Canteli
[–>[–>[–>
Junto a la sede de la Escuela municipal de música, en el Rosal, Cuevas explica el camino algo complicado que le acabó llevando a esta profesión. Nadie le dijo nunca que podía dedicarse a esto y en el instituto la única idea era la selectividad y la Universidad. En ese momento y había ingresado en el Conservatorio Profesional, y el piano que tanto le gustaba le empezó a aburrir. «Estaba desmotivao. Me aburría tocar a Mozart, me ponía nerviosu. Era una música muy felizona, y a mí gustábanme más los románticos. Así que se lo dije a mi profe, a Mari Paz y me sugirió que, como tenía buen oído, cogiera un segundo instrumento. Ella me dijo la trompa. Pero yo llegué a casa y dije ‘mamá, que dice Mari Paz que tengo que hacer tuba’. Y si lo dije el lunes, el viernes ya empecé a clases de tuba. Nunca les dije que me había equivocado, porque ya tenía bastante fama de desastre». La gracia es que sería su profesor de tuba, Pablo Merino, el que le explicó por primera vez que la música podía ser una carrera profesional. Él y la profesora Pilar Lobo, que le abrió a la música de las vanguardias, la contemporaneidad y cosas «más interesantes» marcaron la vocación que seguiría con los estudios superiores en Barcelona.
[–>[–>[–>
Allí fue, precisamente, donde empezó a cantar. Y lo hizo por una cuestión práctica. Había empezado a tocar mucho en la calle, con el acordeón, y descubrió que si, además, cantaba, le daban más dinero.
[–>[–>
[–>Antes de dejar Oviedo Rodrigo Cuevas ya había empezado a apurar su adolescencia en la ciudad. Por las salas de entonces: Kapital, Stravaganza… Las tardes en la Real eran un clásico y el cantante recuerda perfectamente cómo se subía a la gogotera a bailar. «Había que encaramase por donde la cabina del DJ. Comprábamos en las tiendas de pesca eso que partíamos, fluorescente, para ponerlo en la boca mientras bailábamos todo aquello Eurodance de entonces».
[–>[–>[–>

Frente al conservatorio de Oviedo, en Corrada del Obispo. / Mario Canteli
[–>[–>[–>
De camino al Conservatorio por el Antiguo, el autor de «Manual de belleza», su último disco, hace un alto frente a la Caja Negra, en la calle Jesús. Allí hizo su primer concierto. Ya había vuelto de Barcelona y estaba instalado en Galicia. Tenía el dúo de copla y verbena psicodélica «La Dolorosa Compañía», con Lúa Gándara. Habían venido a tocar a Gijón dos días y entraron allí a preguntar si podían tocar en el local. El promotor cultural José Álvarez les dijo que ya les conocía, que había visto ya algún vídeo de ellos, y les permitió actuar al día siguiente.
[–>[–>[–>Durante sus años gallegos fue cuando Cuevas empezó a rumiar la idea de hacer algo más folclórico y personal y empezó a formarse en la tonada, con Anabel Santiago. Pero tener que venir a Oviedo a las clases y vivir en un pueblo de Pontevedra donde atendía un rebaño de cabres y oveyes no fue fácil. «Los lunes me despertaba muy temprano y atendía a los animales. Les dejaba el pienso, todo listo, y bajaba a buscar a una vecina, Lidia, que me llevaba en coche hasta Vigo. Allí cogía el autobús a las ocho y media. Llegaba a las dos de la tarde a Oviedo. A las cinco tenía clase con Anabel y por la noche tocaba en el Al Fondo Hay Sitio, en la calle Oscura, para sacar un poco de dinero para pagarme el viaje de vuelta. Era más probe que les rates».
[–>[–>[–>
Echando la vista atrás, aquel encuentro con José Álvarez en La Caja Negra fue profético, porque algún tiempo después, en Casa Quilo, célebre chigre de El Rayo, en La Tenderina, sería de nuevo el mismo promotor quien le invitaría a debutar dentro del festival de Localidades Agotadas, que organizaba la asociación cultural Lata de Zinc. Allí se vio por primera vez algo más parecido al Rodrigo que ahora ensaya el estreno de su nueva gira bajo la dirección de Terrivle Studio, el mismo equipo que trabaja en los conciertos de Rosalía. «Era la época en que hacía striptease y me colgaba de los árboles. Era joven y muy flexible y eso a la gente le gusta».
[–>[–>[–>
Las cosas ahora se han hecho más grandes. En el concierto del viernes y el sábado (todavía queda alguna entrada para el segundo día) habrá una escenografía especial donde se ubicará «el llagar de la panoya dorada». El decorado celebra el paisaje y el arte asturiano. Hay cuatro toneladas de panoyas que Rodrigo y los suyos esfoyaron a mano y una recreación de un club similar a lo que ya se ha visto en la pieza de vídeo de «Llagares». Rodrigo Cuevas afila la sonrisa pícara y antes de despedirse, frente a la puerta del Conservatorio de Oviedo, avisa: «va a ser un sarao grandísimo». n
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí