La diplomacia se reactiva para buscar apoyos al despliegue de una fuerza internacional en Gaza para detener la guerra
La diplomacia ha fallado estrepitosamente en Gaza, pero no está del todo muerta. La decision de Israel de ocupar militarmente toda la Franja y desplazar forzosamente a más de un millón de personas de su capital, unida a la declaración formal de la hambruna por parte de Naciones Unidas, han reactivado los esfuerzos para explorar la única fórmula aparente que queda para detener la total destrucción del enclave: el despliegue de una fuerza internacional. Tanto Francia como el Estado de Palestina lideran la búsqueda de vías legales y apoyos en la ONU para el despliegue militar de una «fuerza de estabilización» o de «protección» en Gaza. No será fácil, dada la oposicion frontal de Estados Unidos y del propio Israel, pero al ordenamiento jurídico internacional aún le queda algún cartucho para detener el «plausible genocidio» en curso, como lo ha definido el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ).
«Existe un creciente apoyo al despliegue de una fuerza internacional, especialmente desde que se declarara la hambruna, pero también a raíz del riesgo de inanición de los últimos tres meses», asegura desde Nueva York, Jaclyn Streitfeld-Hall, directora de Política e Investigación del Global Center for the Responsability to Protect. Varios países se están planteando qué forma podría tener y de qué modo podría ayudar. Todavía no están alineados en cómo autorizarlo, pero hay una creciente presión. Según Streitfeld-Hall, se están explorando tres rutas distintas: la aprobación en el Consejo de Seguridad; una autorización de la Asamblea General bajo el mecanismo Unión pro Paz; o una intervención unilateral de un Estado o grupos de Estados.
Francia es el país más proactivo en este sentido. «El Consejo de Seguridad debe ponerse a trabajar ya mismo en establecer una misión y darle un mandato», afirmó Emmanuel Macron a medidos de agosto. El presidente galo dijo haber ordenado a sus diplomáticos que trabajen junto a sus aliados para tratar de crear «una coalición internacional» dispuesta a desplegar una «misión de estabilización» en Gaza. También el embajador de Palestina, Riyad Mansour, pidió la semana pasada en la ONU la «intervención de fuerza de protección internacional» para «detener el genocidio». Una idea también respaldada públicamente por Turquía, Pakistán o Kuwait.
Obligaciones internacionales
«No estamos pidiendo a nadie que vaya a la guerra contra Israel. Lo que pedimos es que se proteja a nuestro pueblo de acuerdo con las obligaciones internacionales, incluida la obligación de prevenir el genocidio», aseguran a este diario fuentes cercanas a la misión de Palestina en la ONU. Esas obligaciones están sobre la mesa desde principios de 2024, cuando el TIJ afirmó que existe «un riesgo plausible de genocidio» en Gaza, ordenara a Israel medidas cautelares para prevenirlo y recordara a los 153 países firmantes de la Convención contra el genocidio su obligación de hacer lo propio con medidas diplomáticas, económicas o jurídicas.
En gran medida, nada de eso ha ocurrido. Tanto por el rechazo de Israel, como por la renuencia de sus aliados a imponer costes a sus violaciones de la legalidad internacional. También han sido ignoradas hasta seis resoluciones —estas no vinculantes— de alto el fuego y protección de los civiles aprobadas con una amplia mayoría en la Asamblea General, la última promovida por España. De ahí que ahora se esté planteando como último recurso el envío de una fuerza internacional.
«El llamamiento del presidente Macron a una fuerza de estabilización es realmente importante. Es una indicación de que los Estados están finalmente convencidos de que las muestras de preocupación, las condenas y las exhortaciones a Israel no funcionan. Si no hay un coste para Israel por sus crímenes, no se detendrá», sostienen las fuentes cercanas a la delegación palestina. París también se dispone a reconocer en breve al Estado palestino, lo mismo que han anunciado Reino Unido, Canadá o Australia.
Las rutas preferidas
La vía preferida por Francia y Palestina es la más difícil. Pasa por buscar la autorización del Consejo de Seguridad invocando el capítulo VII de la Carta de la ONU, que contempla el uso de medidas coercitivas, incluida la fuerza militar, para restaurar la paz internacional. De aprobarse, la resolución sería vinculante, otorgando plena legitimidad a la intervención. Pero el veto de EEUU, que ha bloqueado todos los intentos de imponer un alto el fuego en el Consejo, está casi asegurado. «Es interesante que Francia quiera recurrir al Consejo de Seguridad. Sugiere que, de algún modo, lo consideran una opción viable», señala Streitfeld-Hall.
De fracasar esa ruta, al menos Palestina tratará de recurrir al mecanismo de Unión pro Paz en la Asamblea General. Ese mecanismo se concibió para permitir que la Asamblea pueda recomendar medidas colectivas, incluido el uso de la fuerza, cuando al Consejo de Seguridad está bloqueado por el veto de uno o varios de sus miembros permanentes, como sucede ahora. Aunque no es vinculante, ha funcionado en ocasiones. La primera vez en Corea (1950), cuando dio pie a la intervención armada de una coalición de 16 países liderada por EEUU y bajo bandera de la ONU. También se aplicó durante la crisis de Suez (1956) y en la República Democrática del Congo en los años 60, donde sirvió para el despliegue de la mayor misión de paz de la ONU durante la Guerra Fría. Palestina tendrá que apoyarse en sus aliados porque, al no ser miembro de pleno derecho de la ONU, no puede introducir resoluciones.
«Si apuestan por una resolución Unión pro Paz no hay garantías de que vaya a funcionar, pero teniendo en cuenta que la Convención sobre el genocidio obliga a sus Estados miembros a actuar, vale la pena al menos intentarlo», afirma Streitfeld-Hall desde el Global Center for the Responsability to Protect. El horizonte debería despejarse en las próximas semanas, por más que no quede mucho tiempo para salvar a la población de Gaza. «El clima ha cambiado en Occidente. Muchos están avergonzados de la catastrófica situación y el inimaginable sufrimiento. La pregunta es si existe una coalición de países dispuestos a intervenir físicamente. Y lo cierto es que está todavía por ver», afirman las mencionadas fuentes palestinas.
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