Expertos cuestionan el plan del Pentágono para realizar controles de testosterona a los militares
El plan del Departamento de Defensa de Estados Unidos para someter a controles anuales de testosterona a una parte importante del personal militar ha despertado dudas entre especialistas en salud masculina, que consideran insuficiente la evidencia científica en la que se apoya la medida.
[–>[–>[–>La iniciativa, impulsada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, contempla evaluar los niveles de esta hormona en militares en activo y reservistas de 30 años o más. El objetivo declarado es detectar posibles déficits que puedan afectar al rendimiento físico, la longevidad profesional y la preparación para el combate. En caso de observarse valores bajos, los tratamientos serían voluntarios.
[–> [–>[–>Sin embargo, varios médicos consultados por Reuters advierten de que el cribado generalizado de personas sin síntomas no forma parte de las recomendaciones habituales de las principales sociedades médicas. La testosterona baja suele diagnosticarse cuando coinciden niveles hormonales reducidos, confirmados mediante más de un análisis, y síntomas como pérdida de fuerza, cansancio persistente, reducción del deseo sexual o alteraciones del estado de ánimo.
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Resultados «engañosos»
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Los especialistas señalan que una medición aislada puede ofrecer resultados engañosos. Los niveles de testosterona varían a lo largo del día y pueden disminuir temporalmente debido a la falta de sueño, el estrés, una enfermedad, el exceso de peso, una mala alimentación o un entrenamiento físico intenso. Por ello, consideran que una cifra baja no debería conducir automáticamente a un diagnóstico ni al inicio de un tratamiento.
[–>[–>[–>La terapia con testosterona puede resultar útil en pacientes que presentan una deficiencia hormonal confirmada, pero también conlleva riesgos. Entre sus posibles efectos se encuentran la reducción de la producción natural de testosterona y espermatozoides, problemas de fertilidad, encogimiento testicular, aumento de la densidad de la sangre, acné, caída del cabello, alteraciones prostáticas, cambios de humor o determinados trastornos cardiovasculares.
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Parte de la justificación del Pentágono procede de investigaciones realizadas entre miembros de unidades de operaciones especiales. Algunos de estos soldados presentan el denominado “síndrome del operador”, relacionado con la exposición repetida a explosiones, lesiones cerebrales, estrés extremo, privación de sueño y una elevada exigencia física.
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[–>Cambios en el día a día
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Los médicos cuestionan, no obstante, que los resultados observados en grupos sometidos a condiciones excepcionales puedan trasladarse al conjunto de las Fuerzas Armadas. En muchos casos, explican, los niveles hormonales podrían mejorar mediante cambios en el descanso, la alimentación, el peso corporal o la carga de entrenamiento, sin necesidad de recurrir a medicamentos.
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El Departamento de Defensa tampoco ha detallado todavía qué criterios utilizará para interpretar los resultados, cómo se confirmarán los posibles diagnósticos ni de qué manera se aplicará el programa a las mujeres. Los expertos reclaman protocolos claros que eviten tratamientos innecesarios y garanticen que las decisiones médicas se adopten de forma individualizada. El debate enfrenta así el interés del Pentágono por mejorar el rendimiento de sus tropas con las reservas de una parte de la comunidad médica, que pide prudencia antes de convertir el control de testosterona en una prueba rutinaria para miles de militares.
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