Sobrevivir al abuso sexual sufrido por un hijo
Juanma se presenta un lunes en La Opinión de Málaga casi al mismo tiempo en que un redactor está leyendo el correo electrónico que había enviado unos días antes. Nueve años después de la sentencia que acreditaba que su hijo sufrió a los cuatro años abusos sexuales por parte de un pariente, tiene la ya incontenible necesidad de contar lo duro que sigue siendo el día a día. Lo hace con el consentimiento expreso de la víctima, ahora adolescente y con secuelas que intenta paliar con terapia. 45 años, músico percusionista, vecino del distrito Centro y padre de otra niña, tiene diagnosticada depresión crónica y necesita atención psiquiátrica y psicológica desde que ocurrieron los hechos. Su mujer también acude regularmente a las terapias en las que a veces coinciden los tres juntos. La cicatriz no cierra.
[–>[–>[–>Quiere que le escuchen y al mismo tiempo dar visibilidad a un problema que no se soluciona ocultándolo como si nunca hubiera pasado. Está convencido de que su testimonio puede ayudar a otras familias que están pasando o van a pasar por lo mismo. «Es importantísimo detectar el problema cuanto antes, evitar que el abuso sexual infantil, que casi siempre procede de alguien muy próximo, se prolongue en el tiempo», explica antes de enumerar los síntomas que él no supo descifrar en su primogénito. Recuerda que pasó de ser en muy poco tiempo un niño totalmente sano a sufrir terrores nocturnos, a hacerse pipí y caca en la cama, a tener problemas de apetito: «El pediatra no detectaba nada y pensamos que podría ser algo pasajero, pero días después el niño me contó lo que le estaba pasando cuando lo recogí de la casa donde ocurrían los hechos». Lo primero que hizo fue convocar a su familia y exponer la situación, pero asegura que le pidieron silenciar el asunto y solucionarlo de forma interna. El crío siguió con los síntomas y lo llevaron al Hospital Materno Infantil, donde los médicos que lo exploraron confirmaron los abusos y denunciaron de oficio.
[–> [–>[–>Juanma Gutiérrez, en otra imagen en el Parque. / Álex Zea
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La judicialización del caso supuso que prácticamente toda su familia le diera la espalda, situación que se hizo más cruda tras la sentencia y de la que la víctima siempre ha sido consciente: «se sigue sintiendo el culpable de todo». El pasado mes de mayo, en una recaída del chico que afectó a su rendimiento académico, Juanma se vio obligado a contar la situación de su hijo a los responsables del colegio, que no sabían nada y ofrecieron todo su apoyo para ayudarlo, tanto en el plano personal como en el escolar. Finalmente, ha finalizado el curso limpio y muy motivado por seguir los pasos de su padre en el mundo de la música.
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Una búsqueda de reparación
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Marta Lledó, la psicóloga de la familia, considera que la decisión de Juanma de visibilizar su caso es «un paso importante en su proceso de búsqueda de reparación». Un camino que considera especialmente complejo por el doble trauma que supone afrontar el abuso a su hijo y el posterior rechazo de gran parte de la familia, que apostaba por resolver el asunto de forma interna. Para Lledó, esto ha dejado a las víctimas reales en una posición muy injusta: «pasaron de necesitar protección, apoyo y reparación, a ser señaladas como culpables por haber denunciado».
[–>[–>[–>La profesional, que tiene una consulta en El Molinillo en la que atiende a adultos, adolescentes y niños, argumenta que todo suceso traumático genera necesidades emocionales en los afectados, que lo primero que esperan es el apoyo y la validación de su entorno más próximo. «Que les crean, que les acompañen, que les confirmen que no ha hecho nada malo y que no están solas. Cuando sucede lo contrario, cuando la historia se niega, se minimiza o se cuestiona, la herida se agrava», abunda. Esto ha podido ralentizar la reparación emocional de Juanma y los suyos, algo que no suele pasar únicamente con el respaldo de la justicia. Marta advierte de que una sentencia puede cerrar un capítulo, pero para muchas familias comienza otro en el que ya no sienten el apoyo del sistema.
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Marta cree que el paso de Juanma tiene dos sentidos. «Por un lado, busca visibilidad y validación: necesita que su historia sea escuchada y reconocida, especialmente después de no haber recibido ese respaldo dentro de su propia familia. Por otro también hay una intención de concienciar, de que otras familias que estén pasando por algo parecido no se sientan tan solas y sepan que pedir ayuda y proteger a un menor nunca debería vivirse como una traición».
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[–> [–>[–>[–>[–>[–>[–>Redes sociales
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Juanma ocupa buena parte de su tiempo en No al abuso infantil, como denomina las cuentas que gestiona en Facebook e Instagram para proteger a la infancia y concienciar sobre el abuso a los niños. También trabaja desde hace poco en un canal de Youtube que ha llamado Romper el Silencio. En su última conversación con el periódico se le nota mucho más contento que la mañana de aquel lunes. Hay varias personas que han contactado con él buscando ayuda y hasta solicitándole su participación en un campamento para que dé una charla sobre su experiencia.
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