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Alcaraz vence al «sanchismo»

Alcaraz vence al «sanchismo»
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  • Publishedfebrero 4, 2026



Orgullo de país, orgullo de ser y sentir español. La histórica victoria de Carlos Alcaraz representa la España del esfuerzo, la dignidad de una marca nacional, la categoría personal y deportiva de un joven murciano de veintidós años que ha alcanzado la cima en el mundo del tenis de raqueta. El pasado domingo, a la vez que el Club de Tenis Chamartín de Madrid, repleto de seguidores, celebraba su victoria, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, celebró un mitin en Teruel con el mismo discurso de siempre: ataques al PP como símbolo de la extrema derecha y arquitecto de recortes sociales que, naturalmente, sólo él, como gran salvador, garantiza. Allí, antes del acto, Sánchez fue regañado por algunos asistentes, prueba de que no puede salir a la calle sin ser abucheado y recibir protestas ciudadanas. En una loca carrera hacia adelante, el líder supremo quema a sus ministros candidatos y lleva a su partido a una debacle electoral sin importarle lo más mínimo. Acorralado por el asedio judicial de su familia y sus dirigentes de confianza, algunos en la cárcel y otros procesados ​​en los tribunales, el líder socialista colapsa la legislatura, divide su Gobierno, presiona a las federaciones del PSOE y afronta un inevitable final de ciclo. No hay nadie más ciego que quien no quiere ver.

El pasado domingo, en las pistas de Australia, un español de primera fue la viva imagen de la derrota del «sanchismo». Coraje, principios, tenacidad ejemplar ante la complacencia y posiciones jugosas para los compinches. También a la vez que su victoria, el líder del PP protagonizaba un acto en Calatayud, dentro de esta decisiva campaña electoral aragonesa. Lleno de equipaje, en una dura intervención ante los militantes, denunció la decadencia y degradación que asola España, la tragedia ferroviaria, la trampa de la regularización de los inmigrantes y la corrupción socialista. Alberto Núñez Feijóo fue más allá al condenar el lema del PSOE: «Quien pueda robar, que robe». Feijóo pasa el resto en Aragón y ha regresado muy satisfecho de la cumbre del Partido Popular Europeo celebrada en Croacia. En su capital, Zagreb, apoyado por los máximos dirigentes del PPE, expuso la grave situación institucional de España y aseguró que el tema de la inmigración es puro electoralismo con el único objetivo de comprar votos en el futuro. El objetivo también lo marcó la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, para quien el decreto reglamentario del Gobierno busca alterar el censo electoral. Grave acusación contra el último atropello de un «sanchismo» a la deriva, que no se detiene ante nada.

El nerviosismo se extiende en las filas de la izquierda. Mientras el proceso judicial avanza entre basura nauseabunda, véanse las recientes comparecencias de Antonio Hernando y Santos Cerdán hablando de las cloacas, los fontaneros, las saunas y los prostíbulos del suegro de Pedro Sánchez, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, fue sometido a una caza indescriptible durante su intervención en la Comisión Dana del Congreso. Un interrogatorio asqueroso, liderado por ese analfabeto personaje de ERC, Gabriel Rufián, que se pasa la vida en la sede de una capital española que él niega, pero donde gana bien. Por no hablar de los diputados de Podemos, Sumar y Bildu, que se sonrojarían en cualquier Parlamento de un país democrático. Le propinó un gran golpe al portavoz de Bilduet, Óscar Matute, al recordarle las ochocientas víctimas asesinadas bajo el yugo terrorista. Una vergüenza que Feijóo afrontó con serenidad y defensa franciscana, bajo la impresentable conducta de la presidenta de la comisión, la socialista valenciana Carmen Martínez, expresamente adoctrinada por una insólita ausencia de neutralidad que exige su cargo. «¿Pero qué comisión es esta?» -Preguntó asombrado Núñez Feijóo.

Así las cosas, este fin de semana nos enfrentamos a unas elecciones decisivas en Aragón, que podrían volver a dar un duro golpe al «sanchismo». Todo hace pensar que los esfuerzos del presidente del Gobierno por apoyar a los «Pili tristes» y engordar a Vox para hacerle la vida imposible al PP, caerán en el vacío bajo la égida de un partido cerrado, doblegado y sin el sentido de Estado que tuvo en otros tiempos.

La semana parece bastante oscura, pero Sánchez resiste, desprecia la sesión de control en el Senado y viaja a Dubái para presentar en la Cumbre de Gobierno, celebrada en Emiratos Árabes Unidos, el nuevo fondo soberano patrocinado por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) bajo el lema «España crece», dotado con 10.500 millones de euros de fondos europeos que aún no se han gastado. Hay dinero para propaganda «sanchista», no para el mantenimiento de la red de infraestructuras, cuyas deficiencias afloran cada día más y colocan al ministro Óscar Puente en la gestión más desastrosa.

El presidente ha decidido comparecer en el Congreso para explicar la tragedia ferroviaria de Adamuz y la negligente gestión de su equipo el próximo 11 de febrero, es decir, tras las elecciones aragonesas, donde se augura una revuelta de los socialistas. Ningún primer ministro europeo duraría en el cargo cuando todos sus colaboradores, tanto en el Gobierno como en el partido, están en el punto de mira de la justicia, acusados ​​o en prisión.

Mientras tanto, su Gobierno está fracturado como revela el nuevo enfrentamiento entre la vicepresidenta Yolanda Díaz y el titular de Economía, Carlos Cuerpo. El comunista ha presentado un informe, «La democracia en el trabajo», que pretende obligar a las empresas a incorporar a trabajadores y sindicalistas en las Juntas Directivas y reforzar las inspecciones. El colmo del control para los empresarios, cuyos empresarios lo rechazan de plano. Naturalmente, los ministros de Sumar pican al PSOE, pero nadie dimite. Fuera de las prebendas hace mucho frío.



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