Clara victoria nacionalista en las primeras elecciones en Bangladesh tras la revolución popular
La victoria del Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP) completa el movimiento pendular en la política del país asiático. Durante casi dos décadas fue perseguido y boicoteó con sobradas razones las pasadas elecciones que, como era costumbre, ganó la Liga Hawami, ahora ilegalizada y ausente en la votación de ayer. Pero la historia reciente bangladesí la resume, por encima del enfrentamiento de formaciones políticas, el de dos mujeres. Khaleda Zia, fallecida en diciembre y cuyo hijo será investido primer ministro, y su némesis, Sheikh Hasina, descabalgada del poder dos años atrás en una revuelta popular y clamando hoy desde el exilio indio contra la presunta farsa electoral.
[–>[–>[–>Ese relevo de dinastías o, en aproximadas palabras de Lampedusa, el cambio total para que todo siga igual, arruina la voluntad regeneradora de la Generación Zeta que protagonizó aquel movimiento y que ansiaba un país moderno, sin corrupciones ni linajes. Es deseable que la presión popular obligue al nuevo gobierno a esmerarse y atender las necesidades de su juventud.
[–> [–>[–>El recuento parcial concede al BNP una mayoría holgada en el Parlamento con 212 asientos frente a los 70 de la coalición liderada por el partido Jamaat-e-Islami. En ella está incluida el Partido Nacional Ciudadano, formado por los estudiantes de aquella revuelta, y que para desmayo de muchos de sus seguidores decidió alinearse con los islamistas. Ganó cinco de los 30 asientos en los que competía.
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Tarique Rahman, líder del BNP, descartó las celebraciones tras su rutilante victoria y emplazó a sus seguidores al rezo. Los perdedores denunciaron algunas irregularidades en el proceso pero acabaron reconociendo su derrota y prometiendo una oposición responsable. No hay anuncio oficial pero es seguro que será aprobada en referéndum la Carta de Julio. Es una ley que pretende evitar abusos como los de Hasina: limita los mandatos del primer ministro, contempla una segunda cámara baja parlamentaria, refuerza las competencias del presidente y blinda el estamento judicial.
[–>[–>[–>Del exilio al poder
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“Tengo un plan”, dijo Rahman al aterrizar en Dakka en diciembre tras 17 años en el exilio londinense. La desgracia le iba a golpear pocos días después con la muerte de su madre y ex primera ministra, Khaleda Zia, liberada de la cárcel tras el derrocamiento de Hasina. Su padre, Ziaur Rahman, también primer ministro, fue asesinado en 1981. Rahman huyó de Bangladesh en 2008 tras ser torturado por el gobierno militar y diez años después fue condenado en ausencia a cadena perpetua por participar en un atentado con granadas contra Hasina que dejó 24 muertos. Cables diplomáticos estadounidenses lo describen como “fenomenalmente corrupto”. Una conversación con Mohammed Yunus, el Nobel de la Paz que ha dirigido el gobierno interino, allanó su regreso. En la campaña electoral se ha presentado como un defensor de los pobres, de la rectitud y de la democracia.
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Recibe un país con muchos deberes pendientes. El más urgente es devolver la estabilidad a las calles y acabar con las tensiones que han golpeado a las principales industrias, especialmente la textil, que da de comer a la mayoría de bangladesíes. No ha aclarado qué hará con la Liga Hawami. La paz en el país depende de ello porque Hasina sigue contando con mucho apoyo. La exprimera ministra ha pedido hoy desde India la nulidad de “las elecciones inconstitucionales e ilegales” y el levantamiento de la suspensión a las actividades de su partido.
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[–>Rahman también deberá de lidiar con un clima enrarecido en el vecindario. Bangladesh ha mantenido tradicionalmente unas relaciones muy cercanas con India desde que esta la ayudara a independizarse de Pakistán en 1971. Con Hasina, que protegió a la minoría hindú de la mayoría musulmana, llegaron a su cúspide, pero la sintonía quedó arruinada con su caída. Dakka acusa a Delhi de proteger a una mujer que fue condenada a muerte por la justicia bangladesí por los 1.400 jóvenes fallecidos en la revuelta de dos años atrás. Tanto Narendra Modi, primer ministro indio, como Asif Ali Zardari, presidente paquistaní, felicitaron ayer a Rahman por su victoria y mostraron su intención de cooperar en el camino democrático.
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