Colombia decide en las urnas si gira a la ultraderecha o mantiene la herencia del Gobierno de Petro
Colombia palpita el Mundial de fútbol con ilusiones mayores a las de la política. La selección ha ganado su primer partido y el miércoles se enfrenta a República Democrática del Congo. El fútbol es el efímero momento de concordia nacional. Antes de que el equipo que lidera Luis Díaz se presente en el Estadio Guadalajara contra la República Democrática del Congo, los colombianos tienen un desafío mayor y que divide profundamente las aguas. Este domingo deben decidir si quieren al ultraderechista Abelardo de la Espriella o a su rival de izquierdas, Iván Cepeda, como el presidente que debe comenzar a reemplazar el 7 de agosto a Gustavo Petro. El abogado y empresario obtuvo el pasado 31 de mayo el 43,8% de los votos, contra el 41% de su rival del Pacto Histórico. La diferencia sorprendió a propios y extraños. No había sido contemplada por las encuestas que ahora le otorgan entre entre 3,9% y 7,6% de ventaja a un candidato que además tiene la entusiasta bendición de Donald Trump.
[–>[–>[–>Lo que la camiseta de la selección une sentimentalmente, la política separa. De la Espriella ha utilizado ese símbolo hasta que la justicia dijo que esa prenda era de todos. la segunda vuelta de las elecciones presidenciales es para él «una final». Ha logrado reunir detrás suyo a todo el espectro de derechas, los sectores urbanos más acomodados y aquellos que en la clase media empobrecida ven en un millonario excéntrico con avión privado y ropa lujosa un modelo de superación personal. El candidato que se hace llamar «el Tigre» y considera a su base electoral como «tigrecitos» y «tigresas», recibe además el respaldo de las iglesias pentecostales y la llamada «familia militar»; parte del empresariado, que nunca quiso a Petro, la «farándula» y exestrellas del balompié como el «Pibe» Valderrama. En las vísperas de la contienda, no solo las modelos, DJs, ciclistas y deportistas decidieron cantar su voto. Hasta Carlos Lehder, fundador del Cartel de Medellín junto con Pablo Escobar, hizo saber de su entusiasmo con el candidato de Defensores de la Patria. Nada se compara por estas horas con el papel de Trump. El multimillonario republicano ha sido enfático en comunicar sus simpatías por tercera vez consecutiva. «Salgan y voten por ‘El Tigre'», pidió el magnate republicano en condición de garante de quien sería su nuevo gran aliado en América Latina. «Él no decepcionará».
[–> [–>[–>Petro tiene una popularidad del 51%, según una reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC). Parte del de esa aceptación viene de los cuatro millones de personas que dejaron de ser pobres. Esas adhesiones no coinciden en las encuestas con las preferencias en este segundo turno. El presidente ha denunciado la existencia de una «alianza internacional de ultraderecha» que integran su colega argentino Javier Milei y el primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu, y que «con ayuda de autoridades de EEUU, sus aliados y de narcotraficantes, fluye ahora a Colombia para comprar votos que elijan a un defensor de los genocidas».
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El gran desafío
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Cepeda tuvo el pasado 31 de mayo el mayor caudal de votos de un candidato de izquierdas en la historia de ese país sudamericano. Lo han elegido sectores populares, jóvenes, comunidades indígenas y sindicatos, intelectuales y disidencias sexuales. Ha realizado su campaña electoral en desventaja. Sin el dinero de su oponente ni la preferencia de Washington. Cree que el «voto escondido», aquel que el radar de los encuestadores no registra, será decisivo y a su favor en la noche del domingo.»Hago una llamada sincera a quienes nos acompañan: no se dejen arrastrar por el odio o la provocación. Respondamos a la agresión con argumentos, a la mentira con la verdad y a la violencia con la serenidad». La exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, fue la que con más énfasis se puso del lado de Cepeda. Lo hizo después de que el candidato aceptara la participación del sector privado en el sistema de salud.
[–>[–>[–>El primer turno fue una radiografía de la cultura electoral de Colombia: un 42,15% de la ciudadanía en condiciones de sufragar se quedó en sus casas mayoritariamente. Un porcentaje no pudo acudir a las urnas por vivir en zonas de conflicto armado. La izquierda necesita además de ese universo de votantes para revertir el curso de los acontecimientos. Y también del centro político que ha sido muy crítico con Petro pero observa con estupor el ascenso del utraderechista.
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La violencia de siempre
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Mientras que Cepeda se ha presentado como el continuador de las reformas sociales favorables a los que menos tienen, De la Espriella ha priorizado el tema de la seguridad en su oferta electoral. La violencia es un asunto crucial en Colombia. El Gobierno ha destacado que los homicidios han disminuido un 4,6% durante los primeros meses de este año. Sin embargo, han recrudecido las disputas armadas en las zonas donde existen grupos narcotraficantes, paramilitares, las remanencias de las FARC que no firmaron el acuerdo de paz de 2016 y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). De la Espriella no solo prometió «destripar» a esas facciones. La «mano dura» ha venido acompañada de resonancias bíblicas. Más que presidente colombiano y candidato de Defensores de la Patria, el millonario quiere ser un nuevo Ciro el Grande. Aquel rey persa facilitó la salida de Babilonia del antiguo pueblo de Israel. Al mirarse en el espejo del antiguo monarca, De la Espriella se ganó la adhesión de las iglesias evangélicas que de antemano ya lo consideraban un defensor de la familia tradicional y un combatiente de la «ideología de género». El abogado es visto como la continuidad y la superación del expresidente Álvaro Uribe. El líder de la derecha colombiana en lo que va del siglo, fue citado días atrás por una fiscal delegada ante el Tribunal Supremo por su presunta participación en la conformación de grupos paramilitares cuando gobernaba la región de Antioquía. «Es una trama electoral», dijo
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[–> [–>[–>[–>Ecos de antiguas divisiones
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Las disidencias de las FARC resolvieron intensificar sus actividades en vísperas de la segunda vuelta. Una manera de darle la razón a De la Espriella y reactivar los enfrentamientos de una década atrás, cuando una mayoría de la sociedad decidió rechazar en una consulta popular el acuerdo entre el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC para poner fin a un conflicto armado de más de medio siglo. No casualmente, recordó el diario El Espectador, el ultraderechista se impuso en buena parte de los centros urbanos, regiones más integradas a la economía nacional y territorios opuestos a ese entendimiento. «Siento al país como cuando ganó el ‘No’ en el plebiscito», señaló Angélika Rettberg, decana de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes. A su criterio, el anhelo de «paz total» de Petro partía de «un diagnóstico correcto». Sin embargo, el presidente «no logró desarrollar una estrategia coherente para manejar simultáneamente procesos distintos» de negociaciones con tantas facciones armadas. La distancia entre los objetivos y lo alcanzado se expresaron en las urnas.
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Temores nocturnos
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Al concluir la primera vuelta, Petro hizo señalamientos críticos sobre el funcionamiento del escrutinio que favoreció a De la Espriella. Todo quedó en un arrebato presidencial a través de X. Ni siquiera Cepeda acompañó más allá del 31 de mayo esas consideraciones. La posibilidad de que algo similar suceda en la noche del domingo en caso de un triunfo de la ultraderecha ha sido advertida por el diario bogotano El Tiempo. «Algunas figuras del Pacto Histórico han sugerido que una derrota de su candidato traería consigo graves alteraciones del orden público. Es inaudito hacer menciones a la violencia antes de los resultados electorales y sin siquiera conocer cómo va a actuar quien resulte elegido. Se juega con el país y con la tranquilidad ciudadana». Para la publicación «es irresponsable jugar con candela (fuego), pues las chispas en un polvorín serán después muy difíciles de apagar».
[–>[–>[–>De la Espriella se siente vencedor de antemano y le habló a Trump como un futuro colega. «Compartiremos, usted y yo, una responsabilidad que nos conceden Dios y el Pueblo: combatir a la izquierda radical. Presidente, usted es una inspiración para quienes, como lo está haciendo usted, queremos cambiar la política para siempre». El profesor de filosofía Francisco Cortés Rodas se erizó al leerlo. «Si De la Espriella gana, entraremos a los tiempos en los que ha regresado la venganza».
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