Condenado a 6 años de cárcel por violar a una joven a la que acosó durante un año por redes
La Audiencia de Valencia ha impuesto una condena de seis años de cárcel y una indemnización de 20.000 euros, 15.000 de ellos por daño moral, a un hombre que violó a una mujer a la que llevaba meses acosando sexualmente a través de Instagram, tras encontrársela casualmente en una discoteca del centro de Valencia. Para llevar a cabo su acción, el tribunal deja claro que se aprovechó del estado de embriaguez de la víctima, a la que además dio «un trato vejatorio», ya que después de consumar la acción, la dejó abandonada de madrugada en mitad de la calle: la chica se despertó horas después, mal vestida, sin ropa interior y desorientada, tirada en el suelo, entre dos coches, en una calle de la ciudad desconocida para ella.
[–>[–>[–>Los hechos, juzgados entre el 30 de enero y el 2 de febrero pasados por la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Valencia, ocurrieron entre la noche del sábado 15 de octubre de 2022 y la madrugada siguiente. La mujer había ido esa noche a una discoteca en una de las grandes vías de Valencia, acompañada de un amigo suyo. Cuando llegó, estaba «completamente normal». Hasta cuatro cinco testigos lo han asegurado, entre ellos, tres camareros y un empleado de seguridad.
[–> [–>[–>Rechazó todas sus propuestas
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Solo una hora después, y en principio únicamente por el consumo de alcohol porque no se ha podido acreditar si pudo ser drogada con alguna sustancia, pasó a estar seriamente afectada por el consumo de alcohol y, al parecer, cocaína. Durante un tiempo prolongado, algunos de esos testigos la vieron bailar y observaron cómo el ahora condenado, que se acercó a ella en cuanto la reconoció entre la multitud, aprovechó que en ese momento ya tenía síntomas claros de ebriedad para restregar sus genitales contra los glúteos de la chica, de lo que ella «ni siquiera fue consciente por su estado», recoge la sentencia.
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Antes de llegar a lo sucedido esa noche, el magistrado ponente de la sentencia recoge, con detalles y pruebas, que ambos se habían conocido por Instagram un año antes y que el acusado, con mensajes y audios, le propuso a lo largo de todo ese tiempo de manera directa sus proposiciones sexuales. La mujer no solo rechazó todas y cada una de ellas, sino que incluso llegó a recriminarle el tono y la actitud invasivos, dado que ni se conocían ni había entre ellos confianza alguna.
[–>[–>[–>Tras la violación, él volvió al local
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Alrededor de la una de la madrugada, los testigos narran que los vieron salir por la puerta del local, a ella «con la mirada ida» y a él, normal, «guiándola o conduciéndola», es decir, dirigiendo sus pasos. Lo que pasó a partir de ahí, deja acreditado la sentencia, es que él la subió a su coche y recorrió la ciudad durante 17 minutos (la geolocalización de los teléfonos lo ha demostrado) hasta la casa de sus abuelos, en el Cabanyal. Allí permaneció el acusado con la chica hasta las 2.15 horas, hora a la que él volvió a coger el coche para regresar a la misma discoteca, de la que solo se ausentó, según se desprende de los hechos probados, para consumar esa agresión sexual aprovechando que la mujer que lo había rechazado durante todo un año estaba en una situación que hacía «inválido cualquier posibilidad de consentimiento».
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Ya no se sabe si en el regreso iba con su víctima a bordo o no, porque el teléfono de ella se cayó en la calle, delante del portal de los abuelos, y ahí permaneció hasta que agentes de UFAM de la Policía Nacional lo encontraron a la mañana siguiente, en una brillante investigación que ha permitido ahora la condena del agresor reconstruyendo lo ocurrido a pesar de la ausencia absoluta de memoria que la chica tenía respecto a lo ocurrido esa madrugada.
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[–> [–>[–>[–>Tirada entre los coches
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Lo que sí se sabe es que él volvió a entrar en el local a esa hora, las 2.15 horas, y que la joven despertó mucho después, tirada entre dos coches, en mitad de una calle, desorientada, sin móvil, sin cazadora, sin bolso, sin ropa interior, sin dinero y sin apenas recuerdos, con el pantalón colocado del revés y el body, desabrochado y subido por encima de la cintura. Asustada, subió a un taxi que pagó su madre cuando llegó a casa, en un municipio fuera de Valencia.
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Dadas las señales evidentes de que había sufrido una agresión sexual, por mucho que no recordase, la madre la acompañó al hospital y se puso en marcha el protocolo habitual, lo que permitió que los ginecólogos y la forense exploraran a la chica. Su trabajo fue fundamental, ya que recuperaron un tampón en el que había quedado impregnado -igual que en el pantalón- la huella genética del ahora condenado, así que de poco sirvió que no apareciese la braga.
[–>[–>[–>Con los escasos datos que recordaba, dos agentes de UFAM Investigación empezaron por lo poco que recordaba la joven y lograron reconstruir sus pasos desde la discoteca hasta la casa familiar del ahora condenado, en el Cabanyal. Allí encontraron el móvil y al sospechoso, entonces de 30 años, a quien la mujer reconoció sin dudarlo.
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El acusado no dijo la verdad
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El tribunal no solo se ha apoyado en esa investigación, sino que, además, ha tenido en cuenta la coherencia del relato de la chica, los testimonios del personal de la discoteca y las mentiras en las que ha sido descubierto el acusado durante su declaración en el tribunal, quien admitió inicialmente la relación, diciendo que había sido «consentida» para acabar diciendo que en la casa solo había habido «caricias y besos» mutuos.
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Pero el tribunal pone el acento en su versión «mendaz», es decir, mentirosa, ya que lo que es indiscutible son las pruebas reunidas: su perfil biológico en la región vaginal gracias a la recuperación del tampón; la geolocalización del móvil de ella, que demuestra que subieron al coche nada más salir del local así que no es verdad que fueran caminando a lo largo de toda la Gran Vía, mostrándose con acciones «una atracción sexual recíproca», como sostuvo el reo; el clarísimo testimonio de los camareros y el empleado de seguridad cuando apreciaron que ella estaba casi inconsciente, lo que desmonta su versión de que ella estaba totalmente normal (lo mismo declararon un primo y un amigo suyo aportados por la defensa, a quienes el tribunal no creyó en ningún momento); la pérdida de objetos «tan valiosos actualmente» como el móvil, el bolso y la cazadora -estos dos últimos fueron localizados por la Policía Nacional en el guardarropa de la discoteca al día siguiente-, lo que da una idea del estado de la mujer; y, por último, los mensajes de Instagram en los que ella rechaza toda pretensión sexual con él a lo largo de todo un año, incluso se niega tan siquiera a quedar alguna vez con él en persona, lo que lleva a los magistrados a considerar absolutamente falso que la mujer hubiese cambiado de repente de parecer esa noche.
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Máxima indemnización por el trato vejatorio
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Por todo ello, le imponen 6 años de cárcel -dos menos que los pedidos por la Fiscalía-, una orden de alejamiento y prohibición de comunicación con ella que estará vigente por 8 años, 7 de libertad vigilada para cuando salga de prisión y 13 años de prohibición de trabajar, sea remunerado o no, con menores.
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Así mismo, establece que deberá indemnizar a la mujer, hoy de 38 años, con 15.000 euros en concepto de daño moral y 5.000 más por las secuelas psíquicas. Son las cuantías pedidas por la acusación particular, ejercida por el letrado Jorge García-Gascó en nombre de la víctima, sensiblemente más altas que las que pidió el fiscal. El tribunal lo explica: merece pagar con las cifras más altas por el trato especialmente vejatorio, dejándola tirada en la calle en mitad de la noche a sabiendas del estado de inconsciencia en el que estaba sumida, y porque estuvo prolongando la agresión sexual toda la noche, desde ese primer contacto no consentido en la pista de baile hasta el piso superior de la casa de los abuelos.
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