«Cuidar no puede ser sinónimo de dejarse a una misma para el final»
Cuidar puede ser uno de los actos más generosos que existen, pero en España este trabajo tiene una marcada brecha de género. Madres, hijas y esposas. Proporcionan más del 80% de la atención personas mayores o dependientes. Es una tarea que surge de … afecto, pero esto a menudo se convierte en una carrera a campo traviesa sin objetivo y sin descanso. Para Adriana Anoruo, enfermera especialista en salud mental del Hospital Dr. Rodríguez Lafora de Madrid, el principio para estas mujeres debe ser claro: su propio bienestar es la base para cuidar de los demás.
“Cuidar es una tarea exigente, continua y muchas veces solitaria”, explica Anoruo, miembro del Consejo General de Enfermería, colaboradora de la iniciativa ABC Cuidamos Contigo. Esta invisibilidad acaba teniendo consecuencias nocivas para la salud mental de quienes apoyan el sistema. De hecho, la literatura científica respalda esta realidad: metaanálisis publicados por investigadores de la Universidad de Jaén confirman una relación directa entre el estrés percibido por el cuidador y la aparición de morbilidad psicológica, particularmente ansiedad y depresión.
El síndrome del “cuidador exhausto”
La ciencia confirma que las mujeres no sólo se preocupan más, sino que también experimentan un mayor impacto. Estudios sobre diferencias de género en los cuidados (como los realizados en España y publicados en revistas especializadas como Envejecimiento y salud mental) sugieren que las mujeres reportar niveles de sobrecarga más altos. De hecho, tienden a asumir las tareas más intensivas y tienen menos recursos de ocio o apoyo social.
En enfermería, esto es lo que llamamos “síndrome del cuidador agotado”. Según Anoruo, las señales de advertencia son Fatiga extrema, irritabilidad y sensación de estar atrapado.. “Muchas mujeres no se permiten hablar de su malestar por miedo a parecer egoístas”, explica la experta. Sin embargo, el cuerpo acaba avisándonos con la somatización: dolores musculares crónicos y cefaleas que ocultan un agotamiento emocional extremo.
“Muchas mujeres no se permiten hablar de su malestar por miedo a parecer egoístas”
Uno de los mayores desafíos para estas mujeres es romper el mito de la dedicación absoluta. La evidencia científica destaca que el apoyo social es el principal factor protector contra el malestar psicológico. Cuando el cuidador se siente apoyado, el riesgo de sufrir trastornos mentales disminuye considerablemente.
«No podemos dar lo que no tenemos. Dedicarse un tiempo cada día, aunque sea brevemente, es fundamental. La salud mental del cuidador es fundamental igual de importante que el de la persona que está siendo atendida”, recuerda la enfermera del hospital Dr. Rodríguez Lafora. Reconocer la necesidad de cuidarse a uno mismo no es un acto de egoísmo, sino de responsabilidad.
La enfermera, un aliado estratégico
Reconocer que se necesita ayuda es el paso más difícil. Pedir apoyo a familiares, acudir a servicios sociales o participar en grupos de apoyo son estrategias validadas para reducir la carga. En este proceso, la enfermera de atención primaria o el especialista en salud mental son figuras clave para detectar los síntomas a tiempo podría volverse crónico.
“Si notas algún síntoma persistente de tristeza, insomnio o ansiedad, habla con tu enfermera”, concluye Anoruo. En un sistema que descansa sobre los hombros de tantas mujeres, cuidar la salud mental del cuidador es, ahora más que nunca, una prioridad. prioridad de salud pública.
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