De iglesia en iglesia en Asturias siguiendo el prerrománico | El blog de viajes de Paco Nadal | El Viajero
Asturias es una de las regiones españolas que más atractivos turísticos ofrece. Puedes visitarlo con muchas excusas: sus montañas, sus playas, su patrimonio industrial, sus ciudades, su gastronomía… Vamos, que motivos no faltan. Una de las cosas que más me ha cautivado siempre es viajar por Asturias tras las huellas del prerrománico, ese arte tan asturiano como la sidra, que por su valor fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. Me fascina la elegante sencillez de estas pequeñas iglesias esparcidas entre prados y montañas, auténticas filigranas arquitectónicas construidas en el siglo IX.
Primero entremos en algo de contexto. Tras la caída del Imperio Romano, la Europa cristiana de los siglos V al XI se basó en estas fuentes clásicas para desarrollar un arte y una cultura propios que también incorporaron elementos de los pueblos germánicos y la influencia oriental que les llegó desde el sur. En Europa fue el estilo carolingio. Pero en el reino de Asturias, aislado del Islam por la Cordillera Cantábrica, apareció otra forma de construir iglesias y edificios civiles, inédita hasta ahora por la solidez de sus construcciones -evitó en todo momento la madera- y la incorporación de decoración. Se le llama prerrománico. Su mayor éxito fue el uso de la bóveda de cañón casi dos siglos antes de que se generalizara en Europa. Y el uso de contrafuertes para sustentar los muros y arcos de medio punto inclinados, que hicieron innecesarios los arcos de herradura visigóticos. Se podría dudar de que Asturias fuera la vanguardia arquitectónica del cristianismo en el siglo XVIII.
De los 14 edificios considerados hasta ahora puramente prerrománicos, nueve se encuentran en Oviedo y alrededores, por lo que parece obligado iniciar esta ruta en la capital del Principado.
La Cámara Santa de la Catedral de San Salvador es uno de los edificios más representativos de este estilo. Actualmente alberga el museo de reliquias que el cabildo catedralicio ha ido coleccionando a lo largo de los siglos. Según el catálogo, este tipo de caja fuerte sacrosanta contiene la Sábana Santa, la cruz que llevó Pelayo durante la Batalla de Covadonga, fragmentos de la cruz de Cristo, la tierra santa por la que caminó Jesús y uno de los cántaros de las bodas de Caná. Además de otros tesoros, digamos «singulares», de este fenómeno de coleccionar reliquias que tanto odiaba Lutero, como una sandalia de San Pedro, la leche materna de la Virgen María, parte de la vara con la que Moisés separó las aguas del Mar Rojo o los cabellos y huesos de varios santos.

Alfonso II el Casto, además de muy casto según las crónicas, también fue un prolífico urbanista. Muy cerca de la catedral de Oviedo mandó construir, entre los años 812 y 842, una iglesia que, afortunadamente, ha llegado hasta nosotros casi intacta. Se trata de San Julián de los Prados, también conocida como Santullano, la mayor y una de las iglesias prerrománicas asturianas más antiguas, catalogada entre las obras medievales más destacables de toda Europa. Su interior aún presenta buena parte de los frescos policromados originales, frisos de formas geométricas entrelazadas y repetidas, con referencias a palacios, figuras del reino vegetal y elementos arquitectónicos, que aún sorprenden por su bella ejecución. San Julián de los Prados merece una visita tranquila y, a ser posible, en cierta soledad para perderse en el sonido de sus pasos y el murmullo de su propia respiración rodeado de uno de los conjuntos pictóricos del Alto Medievo más relevantes del continente, que nos habla de la espiritualidad de aquella época lejana.

Luego salimos a las dehesas y montes que rodean Oviedo. A tres kilómetros del centro, en una deliciosa pradera en la ladera del monte del mismo nombre, aparece Santa María del Naranco, primera joya del prerrománico asturiano. Sus formas armoniosas, elegancia, proporciones y sencillez son aún mayores si tenemos en cuenta que fue construido en el año 842. Se ha especulado sobre si fue un palacio del rey Ramiro I o una iglesia. Es posible que originalmente fuera un palacio rural (la zona era rica en caza) que luego se convirtió en iglesia debido al colapso de la cercana San Miguel de Lillo. Consta de dos plantas abovedadas, con un gran salón de recepción en la planta superior que remata a ambos lados en balcones de triple arco que se han convertido en el símbolo de Asturias. En la planta inferior se conserva una cripta. Es una de las visitas imprescindibles en los alrededores de Oviedo.

A poco más de 200 metros de Santa María se encuentra San Miguel de Lillo, que formaba parte del mismo conjunto palaciego que Ramiro I. Es normal pensar que nació como capilla real, una típica iglesia prerrománica, de planta basilical de tres naves. Pero los sucesivos derrumbes dejaron sólo el pórtico, el acceso al coro y el inicio de las naves. Quizás por eso Santa María se transformó en iglesia. Lillo aún conserva una hermosa decoración escultórica y capiteles de influencia bizantina y oriental. Se pueden observar restos de lo que fue una rica decoración pictórica de las paredes.
Es hora de abandonar Oviedo y tomar la A-64 dirección Villaviciosa. Muy cerca de la villa sidrería por excelencia, en un claro del fondo del valle del Bides, en la ruta histórica del Camino de Santiago del Norte que da acceso a Oviedo por el Alto de la Campa, aparece en una pradera entre arboledas una pequeña y singular iglesia. No es una ermita más. A pesar de su pequeño tamaño, tiene un aire diferente, una presencia. Es armonioso, elegante, con una decoración exterior que no es llamativa sino cautivadora. Se trata de la Iglesia de San Salvador de Valdediós, llamada El Conventín, otra obra maestra del prerrománico de Asturias.

San Salvador de Valdediós fue consagrado por siete obispos el 16 de octubre de 893, bajo el patrocinio de Alfonso III, como relata la inscripción en el paseo marítimo. Se trata de una construcción de grandes proporciones para la época, con tres naves sin crucero, decoración pictórica en sus muros y fuertes influencias mozárabes, que forma parte de las actuaciones que los reyes asturianos llevaron a cabo para consolidar el cristianismo en sus territorios. Hacia el año 1200 se instalaron allí los monjes cistercienses, ampliando el conjunto con la construcción del gran convento anexo que vemos hoy; Es por ello que la antigua iglesia mozárabe empezó a llamarse El Conventín. Imprescindible realizar una visita guiada por su interior. Valdediós es un lugar que rezuma paz y armonía y propicia la contemplación.
Por su parte, Priesca, un pequeño pueblo situado a 11 kilómetros de Villaviciosa, cuenta con la última de las iglesias prerrománicas asturianas, consagrada en el año 921 en tiempos de Alfonso III. A pesar de su sencillez, San Salvador de Priesca está lleno de detalles, suficientes para pasar muchas horas en su interior, fascinado por las obras que los canteros y artesanos asturianos fueron capaces de construir hace casi 1.100 años.
Así, repartidos en los pliegues del antiguo reino de Asturias, surgen muchos otros testimonios de la actividad constructiva de esta dinastía, desde Alfonso II hasta su sucesor Ramiro o Alfonso III el Grande -con quien llegaría el apogeo-, para fortalecer y dar identidad a sus territorios ante las amenazas identitarias.

Otros ejemplos son Santa Cristina de Lena, sobre un cerro que domina el valle del río Lena, con su construcción más tosca que las demás y una sola nave rectangular, lo que revela que fue realizada por un maestro distinto al que construyó las del Monte Naranco. O San Pedro de Nora y su preciosa torre; la fuente de La Foncalada, único ejemplo de construcción civil prerrománica en un entorno urbano; Santiago de Gobiendes, en Colunga, con vistas al mar; el museo prerrománico del palacio Valdés-Salas, en Salas… o pequeños pero bonitos detalles como el altar prerrománico de la iglesia de Santianes de Pravia que don Fortunato Selgas, un indio rico que con su hermano Ezequiel construyó un palacio modernista cerca de Cudillero, compró por 25 pesetas en una taberna donde lo utilizó como mesa, para ponerlo en la iglesia de Jesús Nazareno.

Un recorrido por los avatares históricos de un reino en transición que intentó crear en estas montañas un cristianismo ambicioso, diferente del gótico y carolingio gracias a imponentes edificios, símbolos del poder teocrático y político ejercido por el rey, y que hoy constituyen una excusa perfecta para descubrir Asturias de una manera diferente.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí