El PSOE se aferra a una ficción
Decía T. S. Elliot que «el ser humano no puede soportar demasiada realidad» y, sin querer compararnos con el autor de «La tierra baldía», podríamos decir que aferrarse a una ficción es, a veces, la forma más desesperada de no mirar de frente una evidencia que ya nos ha vencido.
[–>[–>[–>La política española de la polatrización, los muros frente al adversario y el trazo grueso populista deja poco espacio para la poesía, pero la frase de Elliot se ajusta a la reacción que el Gobierno, el PSOE y sus terminales mediáticas han tenido tras las elecciones andaluzas. Que La Moncloa y Ferraz respiren tranquilos tras la debacle de MAría Jesús Montero porque la pérdida de la mayoría absoluta deja a Juanma Moreno en manos de Vox no deja de sorprender.
[–> [–>[–>Independientemente de lo que suceda finalmente, y de que Moreno pueda o no cumplir su compromiso de no incorporar a Vox a su Gobierno, lo cierto es que el PP ya oficializó en un documento del 23 de febrero que asume con normalidad el fin de las mayorías absolutas y que, para llegar a la Moncloa o gobernar en cualquier autonomía, necesitará a Vox. Sin dramas ni aspavientos, porque es lo que demandan en las urnas los votantes de centroderecha. Aquel documento se refería a los pactos autonómicos, pero en la práctica suponía naturalizar ante los electores los acuerdos con la ultraderecha allí donde fueran necesarios.
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Desde entonces, ha habido dos comicios autonómicos en los que el PP se ha impuesto con claridad. La ciudadanía ha normalizado la cohabitación de PP y Vox, por lo que el muro levantado por Sánchez al principio de la legislatura ha acabado siendo una prisión para el propio PSOE.
[–>[–>[–>Seguir pensando, tras cuatro contundentes derrotas autonómicas en seis meses, que los pactos del PP con Vox servirán para que los electores recuperen la confianza en Sánchez en 2027 es engañarse, no ver las evidencias y no asumir la propia debilidad. Quien se empeña en gobernar contra la realidad acaba gobernado por ella.
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