El silencio ya no es una opción cuando el dolor se desprecia
El dolor por el accidente de tren de Adamuz, que se cobró la vida de 45 personas el 18 de enero, se expresó en una carta abierta. Esta no es una declaración política ni un manifiesto colectivo, sino el testimonio directo de un hijo que perdió a su madre. Fidel Sáenzhijo de Natividad de la Torre, envió una durísima carta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchezen el que denuncia el trato recibido por las familias tras la tragedia y cuestiona directamente la actuación del ejecutivo antes y después del incidente.
“El silencio ya no es una opción cuando se ignora el dolor y se disfraza la verdad”. Con esta frase abre una carta que nace, según explica, de la necesidad de no guardar silencio ante lo que considera una humillación adicional del duelo. Desde el día del accidente, escribe, su familia ha vivido no sólo con la ausencia de Natividad, sino también con una convicción devastadora: «Desde el 18 de enero de 2026, no sólo hemos vivido con la ausencia, hemos vivido con la certeza de que quienes se suponía que debían protegernos nos han fallado. Y, peor aún, se niegan a admitirlo».
La Natividad viajó en el tren Alvia con varios miembros de su familia, dos nietos, un hijo y un sobrino, cuando se produjo la colisión con un convoy Iryo que había descarrilado segundos antes en la provincia de Córdoba. Para Sáenz el accidente no puede considerarse un destino inevitable. En la carta ataca el discurso oficial del gobierno.quien le critica por hablar de empatía, eficiencia y transparencia. “A este lado del dolor, estas palabras no consuelan: indignan”, afirmó.
Uno de los pasajes más convincentes del texto se refiere a los exámenes de la seguridad vial. “La eficiencia no descarrila, la eficiencia no mata”, escribe, antes de lanzar una de las frases más duras de toda la carta: “Si las revisiones hubieran sido efectivas, mi madre estaría viva”. Insistir, añade, en que “todo funcionó correctamente” no es una defensa, sino “una humillación”.
La carta también dedica un apartado especialmente crítico a la suspensión de los funerales de Estado anunciada tras el accidente. Sáenz denuncia que se aplazó “sin explicación, o más bien omitiendo la verdad”, y agradece a la diócesis haber promovido un funeral religioso para despedir a las víctimas. «Tendremos quienes salven al pueblo y a la diócesis para decir adiós a las víctimas», escribe, al tiempo que muestra su perplejidad ante las sospechas del gobierno ante un acto religioso que, subraya, sólo busca «el consuelo, el respeto y la dignidad de los muertos».
En este contexto, pide al Ejecutivo que no asista al funeral si se escenifica su presencia. «La solidaridad no consiste en utilizar nuestro dolor como escenario político», advierte, antes de pedirles expresamente que no asistan «salvo para compartir nuestro dolor».
La carta termina con un mensaje que trasciende lo personal y resalta una división más profunda. «Ya nos han destrozado la vida, no terminemos de destruir España», escribe Sáenz, que firma el texto como «un hijo que llora a su madre, una familia destrozada y unos ciudadanos que ya no se sienten representados». Un testimonio que transforma el dolor íntimo en acusación pública y que refleja el sentimiento de abandono que, semanas después de la tragedia, sigue pesando sobre muchas familias Adamuz.
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