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Escándalo entre ingenieros y vecinos por el derribo «con nocturnidad» de una pequeña presa de 400 años en Segovia

Escándalo entre ingenieros y vecinos por el derribo «con nocturnidad» de una pequeña presa de 400 años en Segovia
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  • Publishedenero 18, 2026



El pasado 13 de enero, por la noche, la Confederación Hidrográfica del Duero inició los trabajos de demolición de la presa de Puente Mesaen el curso del río Cega entre los municipios de Cabezauela y Veganzones, en Segovia. En un comunicado, la organización, dependiente del Ministerio de Transición Ecológica de Sara Aagesendefendió el derrumbe con el argumento de que se trata de una estructura «en estado de abandono» y en «desuso». También mencionó la necesidad de «garantizar la continuidad fluvial del río» en línea con la normativa europea que ha llevado a Aagesen y su predecesora, Teresa Ribera, a impulsar la eliminación de pequeñas presas o azudes en otros puntos de España.

La organización, que promete crear «un área recreativa mediante la restauración ambiental de la zona», afirma que no había ningún «concesionario» que pudiera justificar mantener «un obstáculo en el río». Y añade que supuso «un riesgo potencial para las personas», favoreció a «especies exóticas» y impidió «el libre flujo de agua, energía y sedimentos».

La medida, sin embargo, ha recibido una respuesta muy dura tanto de los vecinos y autoridades de las dos localidades como de los ingenieros, que ven esta decisión como un Un golpe inexplicable al patrimonio hidráulico español. Según la prensa local, un grupo de ciudadanos intentó detener el derribo y tuvo que acudir la Guardia Civil, tras lo que continuaron los trabajos. En declaraciones recogidas por Efe, el alcalde de Cabezuela, florentino descalzoexpresó su «sentimiento de impotencia y engaño» ante lo que estaba sucediendo y denunció que en una reunión hace dos años les prometieron que no tocarían el azud por el arraigo entre los vecinos. Palabras similares fueron expresadas por el alcalde de Veganzones, Pedro Luis CuestaSe enfrentaron a un derribo nocturno y que les había pillado «por sorpresa». Pese a los argumentos de la CHD, Descalzo aseguró que la demolición tendría consecuencias medioambientalescon un río que bajará «dos metros más arriba» y que afectará a las operaciones madereras y al ecosistema ribereño.

La presa ahora perdida Tenía entre 400 y 500 años. y fue construido para alimentar un molino. Los vecinos recuerdan ahora cómo también se utilizaba como lavadero y, sobre todo, lugar de recreo. Los agricultores y ganaderos también han criticado el colapso: «Nuestra provincia está sufriendo La irracionalidad del Ministerio de Transición Ecológica y la Confederación Hidrográfica del Duero que dirige el Gobierno de la Nación», apunta Asaja Segovia en un comunicado, afirmando que se trata de «una destrucción manifiesta de riqueza». Y cita otros dos derribos en la provincia, los embalses de Navafría y Moraleja de Coca, que a su juicio «deberían mantenerse por el servicio que prestan y la retención de agua que provocan, tan necesario para nuestra sociedad».

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El azud antes de su derribo.

Entre los ingenieros, la medida también ha causado «indignación», según señalan en un artículo en sus redes sociales. José Trigueros, presidente del Colegio de Ingenieros Civiles, de Canales y Portuarios e Ingeniería Civil. “En el patrimonio hidráulico no sólo importa el año exacto, sino también la antigüedad funcional, la integración en el paisaje, la continuidad de uso y el valor etnográfico y territorial. A partir de estos criterios -los aplicados por la ingeniería, la historia y el propio patrimonio cultural- se construyó el azud de Puente Mesa. una obra histórica de varios siglos, digna de estudio, conservación y adaptación, No demolición sin alternativa», señala sobre una infraestructura que «seguramente existió antes del siglo XVIII, y muy probablemente desde finales de la Edad Media» y cuyo «trazado, tipología constructiva y materiales del azud de Puente Mesa son consistentes con obras hidráulicas tradicionales de más de 400-500 años de antigüedad».

«De noche y contra el pueblo»

«Ingeniería —buena ingeniería—», dice Trigueros, «no actúa de madrugada, no se esconde y no evita el contraste técnico ni el diálogo social. El carácter nocturno con el que se llevó a cabo este derribo no es una anécdota operativa: es una decisión consciente. Y cuando una administración elige la noche es porque sabe que lo que va a hacer no resiste la luz del día».

El ingeniero recuerda lo que denunciaron los alcaldes: los contactos de hace años entre las autoridades en los que se trasladaban «compromisos explícitos de restauración y conservación». «Se habló de soluciones técnicas, de compatibilizar la continuidad fluvial, la seguridad y el patrimonio. Como ingeniero, sé que estas soluciones existen y están bien probadas.. Como ciudadano confirmo hoy que no quisieron aplicarlas. Cuando se promete restauración y se acaba derribando, no estamos ante un error técnico, sino una mentira institucional», apunta. En su nota, la Confederación Hidrográfica del Duero alega que en estos años los ayuntamientos no solicitaron «la preceptiva concesión de agua».

La «devastación» de la Transición Ecológica

Según Trigueros no se trataba de un elemento «ajeno al río», sino «una obra hidráulica tradicional, integrada en el territorio desde hace siglosconocida por la población local y asumida como parte del paisaje y de la vida social». «Su eliminación no responde a una urgencia inevitable, sino a una forma de entender la transición ecológica que confunde protección con destrucción», afirma el ingeniero, que lamenta que «el discurso medioambiental se utilice como coartada para borrar el patrimonio hidráulico sin análisis rigurosos, sin estudios comparativos de alternativas y desconociendo a los municipios afectados. La ingeniería civil española ha demostrado durante generaciones que es capaz de mejorar los ríos sin destruir su historia. «Ignorar ese conocimiento es despreciar la profesión misma.»

Y señala que el responsable es la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesenbajo cuyo mandato «la acción sin transparencia, sin consenso y sin respeto al patrimonio hidráulico español«, recurriendo «a la nocturnidad como método y al hecho consumado como argumento». Eso no es gobernar con criterios técnicos; es imponer decisiones a distancia».

«El azud ya no está ahí. Pero lo realmente grave es el mensaje que queda: que el patrimonio hidráulico se puede destruir sin debate, sin alternativas y sin dar explicaciones. Y eso no sólo daña a un río o a un pueblo; daña la credibilidad de las instituciones y degrada el significado mismo de la ingeniería al servicio de la sociedad«, afirma Trigueros, que advierte de que «la transición ecológica será compatible con el territorio y su historia, o fracasará». Y, por supuesto, no se puede construir de noche ni contra la gente».



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