José Antonio Kast asume la presidencia de Chile, el giro político más drástico en el país desde el retorno de la democracia en 1990
Al mediodía de Santiago, cuando el sol marque las 12, el ultraderechista José Antonio Kast iniciará su presidencia en Chile. Nunca antes desde la restauración democrática en 1990 el país sudamericano había experimentado un giro político de esa naturaleza. Kast no solo es un hombre identificado con este presente regional donde Donald Trump intenta reordenar todo lo que sucede al sur del Río Bravo en función de los intereses de Washington. Este hijo de un oficial nazi y hermano de un ministro del dictador Augusto Pinochet llega al Palacio de La Moneda para continuar por otros medios la obra interrumpida durante más de tres décadas. «El cliché de que la cura para las dolencias de la democracia es más democracia, resulta parcialmente equivocado», comentó al respecto el exministro de Michelle Bachelet Andrés Velasco en un artículo titulado ‘La paradoja de la regresión democrática’.
[–>[–>[–>Kast recibirá de Gabriel Boric los atributos de mando frente a más de 1.000 invitados, entre ellos el rey Felipe VI, el anarcocapitalista Javier Milei, la dirigente de la oposición venezolana María Corina Machado, y representantes de Vox. Ganó su derecho a gobernar un país que estaba en manos de la izquierda y el centroizquierda al imponerse de manera contundente en el segundo turno de las elecciones de enero. El líder del Partido Republicano obtuvo 7,26 millones de votos, dos millones más que la exministra y dirigente del Partido Comunista, Jeannette Jara.
[–> [–>[–>El mandatario entrante cuenta con 76 diputados en un hemiciclo de 155. Necesita apenas dos votos para alcanzar la mayoría y es muy posible, según los analistas, que los obtenga de los representantes del Partido de la Gente, que cuenta con 14 escaños, o la Democracia Cristiana. En el Senado se encuentra en una situación similar.
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Gobierno de emergencia
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La victoria de las urnas, pese a los llamamientos a evitar la «catástrofe» obedeció al descrédito de la gestión Boric y las promesas de Kast, su antagonista desde hace años, de llevar adelante un «gobierno de emergencia» para atender cuestiones que preocupan a los chilenos como la seguridad, el control migratorio y un mayor crecimiento de la economía. Bernardo Fontaine trabaja en la inmediata aplicación de 90 medidas. Se espera que la ultraderecha promueva aumentar las penas para los delincuentes vinculados al crimen organizado, un proyecto de ley que tipifique como delito la entrada ilegal al país y un fuerte dispositivo tecnológico en las fronteras.
[–>[–>[–>El empresariado respalda sin matices el recambio político. El economista y académico de la Universidad de Chile Óscar Landerretch recomendó al Gobierno, en medio de las olas de optimismo del mundo de los negocios, «administrar cuidadosamente ese capital político inicial para evitar que las expectativas se transformen en frustración». Pepe Auth, columnista del portal Ex Ante, formuló la misma sugerencia. «La luna de miel de los gobiernos hoy es muy breve, por eso están obligados a marcar diferencias desde el mismo momento en que entran a La Moneda».
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El ajuste que se viene
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La austeridad comienza por casa, quiso decir Kast cuando comunicó que instalará su residencia en la misma sede del Ejecutivo. Allí vivirá con su esposa y primera dama a la vieja usanza, María Pía Adriasola. La otra cara de la moneda del recato personal es un futuro ajuste económico de envergadura. El ministro de Hacienda entrante, Jorge Quiroz, instruyó a las demás carteras a realizar un recorte del 3% del gasto. Se busca un ahorro de 6.000 millones de dólares durante los 18 primeros meses de mandato. Pero también Kast quiere promover una rebaja de los impuestos corporativos y otras medidas de corte neoliberal. El horizonte del presidente se ha nublado en virtud del conflicto en Oriente Próximo. Chile es importador neto de crudo y su precio internacional ha escalado demasiado. El impacto podría ser duro. «Un petróleo por encima de los 100 dólares es un golpe directo a la estructura de costos del país «, dijo Emanoelle Santos, analista de XTB Latam.
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[–>La restricción presupuestaria llegará también con fuerza al área de la cultura. Kast quiere imprimir un profundo giro conservador, enfocado en la promoción de lo que ha llamado los «valores tradicionales» de Chile, a tono con su rechazo a los sectores feministas y de la comunidad LGBTIQ+. En esa dirección, el mandatario, un fervoroso católico, ha designado como próximo capellán de La Moneda al sacerdote, un integrante del Schoenstatt. Se trata de una organización marcada por redes de poder y denuncias de abusos, una de ellas involucró en su momento al exarzobispo de La Serena, Francisco José Cox, expulsado del sacerdocio por el papa Francisco tras denuncias de abuso sexual contra menores.
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El apellido Kast ha tenido su impronta durante la dictadura militar. Su hermano mayor, Miguel, fue ministro y presidente del Banco Central. El electorado no tomó en cuenta los debates sobre el pasado trágico a la hora de votar, pero las secuelas de lo ocurrido entre 1973 y 1990 pueden volver a hacerse visibles si prosperan las intenciones de beneficiar a los represores condenados por haber violado los derechos humanos. En su última intervención como presidente, Boric hizo un llamamiento al Congreso a rechazar el proyecto que conmuta penas por razones de edad o enfermedad porque «consagra la impunidad».
[–>[–>[–>Roce con Lula
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El pasado sábado, Kast fue uno de los asistentes en EEUU a la cumbre de jefes de Estado latinoamericanos que han decidido alinearse con Trump. El flamante Gobierno se propone ser consecuente con esa orientación que ya le depara algunos costos políticos. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, decidió no viajar a Santiago para la toma de posesión de Kast después de enterarse de que había invitado nada menos que a Flavio Bolsonaro, el hijo del presidente golpista condenado a prisión, a quien el padre le delegó la tarea de pelear por la presidencia en los comicios de octubre. Actualmente existe una suerte de empate técnico entre Bolsonaro Jr y Lula. La ultraderecha brasileña ya no solo cuenta con Milei como aliado sino su colega al otro lado de la cordillera de los Andes.
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