La cadena rusa RT inicia su transmisión en abierto en Chile entre denuncias de graves irregularidades
Sucedió sin previo aviso, sin que tampoco mediara la autorización previa de la Comisión Nacional de Televisión (CNTV), el ente regulador del sector en Chile. El 16 de junio, Telecanal, una de las televisiones generalistas de Chile, dejó de emitir su habitual programación local enlatada y de publicidad, sustituyéndola por la señal de RT en español, el canal del Kremlin proscrito en Europa y EEUU al inicio de la guerra de Ucrania e identificado por la UE como «herramienta» del Kremlin que «amenaza» la seguridad en los países receptores. Algo así como si en España, ‘Cuatro’ o ‘La Trece’ suspendieran repentinamente sus emisiones y las cedieran de la noche a la mañana a una cadena de propaganda vinculada a un Gobierno extranjero involucrado en una devastadora guerra.
Las subsiguientes protestas, no solo de partidos políticos, sino también de académicos especializados fueron respondidas de inmediato por Mauricio Ampuero, comunicador chileno estrella en RT, con argumentos ya esgrimidos en otras partes del mundo y resumidos en la supuesta «falta de pluralismo» en los países críticos, o el derecho de los televidentes a «saber más», uno de los tradicionales eslóganes de la plataforma audiovisual para cautivar audiencias fuera de Rusia. «Pensé que sería bienvenida, pluralismo puro, ¿no?, pero la primera reacción fue clamar por censura», arremetió el presentador, antes de dar paso a una serie de entrevistas callejeras a ciudadanos que, sin excepción, apoyaban la difusión de la plataforma audiovisual rusa.
La gran importancia que el Kremlin concede a esta nueva pica televisiva clavada en un país latinoamericano, región prioritaria para las campañas de influencia de Moscú, según coinciden los expertos, quedó de relieve en seguida. No solo la embajada de Rusia en Santiago de Chile criticó las voces chilenas que protestaban por la medida, sino que también terció en la polémica desde Moscú la sancionada portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Maria Zajárova. «La aparición de medios rusos en la televisión chilena no estuvo exenta de una campaña de desprestigio de políticos y medios prooccidentales… la objetividad y profesionalidad de Russia Today le han granjeado una merecida credibilidad en muchas partes del mundo», proclamó.
Primer cuestionamiento
Debates sobre el carácter propagandístico de RT aparte, el primer cuestionamiento que realizan expertos y académicos chilenos no tiene nada que ver con los contenidos, ni con el origen de la plataforma audiovisual. La cadena emite a través de la señal de un canal cuya propiedad recae en última instancia en el empresario mexicano Remigio Ángel González, apodado ‘El Fantasma’, quien, según investigaciones periodísticas y académicas, también detenta el control de otro canal generalista, denominado La Red, lo que, en opinión de Pedro Anguita, profesor de la facultad de Comunicación en la universidad de Los Andes, viola flagrantemente la ley: «El sector de la televisión está regulado por las leyes 18.838 y 19.733; un mismo concesionario no puede tener más de una frecuencia; es la primera transgresión de la ley». La segunda tiene que ver con la ausencia de autorización previa de las autoridad correspondiente. «La ley permite la cesión de la señal, pero no de esta manera; más allá de que (RT) sea rusa, polaca o paquistaní, lo que hizo Telecanal como mínimo requería la autorización de la CNTV y la Subsecretaría Nacional de Telecomunicaciones«, critica Anguita.
Los contenidos están siendo examinados con lupa por los expertos, por si son constitutivos de violación de la legislación sobre propaganda electoral, precisamente cuando el país andino encara la recta final de las presidenciales del próximo 16 de noviembre marcadas por la polarización y en las que se perfila una batalla entre opciones de extrema izquierda y derecha. «A partir de septiembre tenemos que ver lo que hace RT ante las elecciones; en Chile existe una franja electoral obligatoria, y esta normada en tiempo y en técnica, no en contenido», advierte Maria José Labrador, directora del Centro de Estudios de Comunicación Aplicada (CECA) en la universidad del Desarrollo, en Santiago de Chile.
Esta académica, no obstante, constata un gran desconocimiento en su país respecto al origen de RT y a lo que significó en Europa, incluyendo en el seno de la propia CNTV, que es la institución que decidirá finalmente acerca de la legalidad de la operación. «Hace falta (en Chile) un análisis más profundo, porque es un canal que transmite comunicaciones oficiales del Gobierno, mensajes globales financiados por el Estado, emplea las redes sociales como arma, y por supuesto recurre a la desinformación, una potencial injerencia extranjera» que podría «resquebrajar la solidez y estabilidad» de la democracia chilena, recuerda.
Las sanciones decretadas hasta ahora contra Telecanal han sido limitadas, de un montante equivalente 1.200 euros, por motivos superfluos como no respetar el pluralismo o emitir contenidos inaadecuados para horarios infantiles. Pero lo que los académicos Anguita y Labrador demandan es que el ente regulador acabe de una vez con la irregularidad de que un mismo empresario posea de forma indirecta dos canales en los que apenas invierte dinero y con los que realiza operaciones oscuras. «Parece como si (al propietario) solo le interesara tener esta inversión pasiva esperando a que alguien le compre algo, sacar algún rédito«, aventura el profesor de la universidad de Los Andes. «Son dos canales subutilizados y mal pagados; hay mérito suficiente para que el CNTV caduque la concesión y la licite a otros operadores», concluye.
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