Los objetivos divergentes de Israel y EEUU en Irán complican las rampas de salida para acabar con la guerra
Tras amenazar el sábado a Irán con destruir sus centrales eléctricas si no abría el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas, Donald Trump optó el lunes por poner en pausa su ultimátum para dejar aparentemente espacio a las negociaciones con Teherán. El anuncio llegó poco antes de que abrieran las bolsas en Estados Unidos y cogió con la guardia bajada al Gobierno israelí. «Gran parte de la iniciativa se desarrolló de forma discreta y pocos en Israel conocían plenamente los detalles», escribió el diario ‘Haaretz’. Binyamín Netanyahu tardó cinco horas en reaccionar públicamente para dar su apoyo implícito a la iniciativa, lo que no significa necesariamente que confíe en sus posibilidades de éxito o que estuviera plenamente informado. Solo un día antes, de hecho, el Ejercito israelí afirmó que prevé combatir «varias semanas más» en Irán para poder conseguir sus objetivos.
[–>[–>[–>A medida que pasan las semanas desde el inicio de la agresión militar sobre Teherán va quedando claro que los objetivos de Israel y EEUU no necesariamente coinciden. Y todavía menos los condicionantes que enfrentan sus líderes. Trump está bajo una enorme presión de sus aliados internos y externos para dar cuanto antes carpetazo a la guerra, muy impopular entre los estadounidenses a poco más de medio año de las elecciones legislativas y con costes onerosos para sus socios árabes del Golfo Pérsico. Un escenario muy distinto al que enfrenta Netanyahu, quien lleva más de 30 años esperando esta oportunidad y cuenta con el apoyo abrumador de su población para destruir la «amenaza existencial» iraní.
[–> [–>[–>Esas divergencias fueron expresadas abiertamente la semana pasada en el Capitolio. «Los objetivos declarados por el presidente son distintos a los objetivos expuestos por el Gobierno israelí», dijo la directora nacional de inteligencia, Tulsi Gabbard, durante una comparecencia en el Congreso. Gabbard explicó que Tel Aviv se ha centrado en «desarticular» al régimen iraní, mientras Washington ha priorizado la destrucción de su arsenal de misiles balísticos y su armada. También el jefe de la CIA, John Ratcliffe, insinuó que las aspiraciones de uno y otro difieren, por más que públicamente se esfuercen en transmitir lo contrario. «Para ser claros, los objetivos del presidente en la Operación Furia Épica no incluían el cambio de régimen. Eso podría ser diferente a lo que buscaba Israel», dijo Ratcliffe.
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Tiempos dispares
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Lo cierto es que Trump sí enarboló el cambio de régimen durante los primeros días del asalto militar, instando a los iraníes a hacerse con el control del país. Pero a medida que el régimen dejaba patente su solidez a pesar de haber perdido a muchos de sus líderes, la música fue cambiando. Todo lo contrario a lo que ha hecho Israel. Este mismo domingo Netanyahu reiteró en una entrevista a Fox News que su país aspira a destruir «completamente» el programa nuclear iraní y su capacidad para fabricar misiles, pero también a «crear las condiciones para que el pueblo iraní derroque a esta tiranía».
[–>[–>[–>Al margen de la suerte que puedan correr los ayatolás, es evidente que Israel tiene poca prisa en acabar con la guerra, mientras EEUU busca con creciente interés rampas de salida. «Trump parece estar interesado en aplicar en Irán el modelo de Venezuela, basado en alinearse con un miembro pragmático del régimen y acceder a sus vastas reservas de petróleo y otros recursos», escribe Eric Lob, analista del Carnegie Endowment for International Peace. «Por otro lado Netanyahu parece apostar por el método de ‘cortar el césped’, que debilita a Irán y prolonga el conflicto». ‘Cortar el césped’ es como llaman los israelíes a la degradación de las capacidades militares de sus enemigos.
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Ataques no coordinados
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La disparidad de intereses ha quedado patente en varias ocasiones en estas tres semanas largas de guerra. Algunos de los ataques de Israel, concebidos para expandir el conflicto, han sido públicamente reprobados desde Washington. Sucedió tras la voladura de una treintena de depósitos de combustible en Teherán el pasado 8 de marzo, que provocaron una lluvia ácida sobre la capital iraní, y más recientemente tras el bombardeo del yacimiento gasístico de Pars Sur, el mayor del mundo. El propio Trump dijo entonces que «no sabía nada» del ataque.
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[–>Esa misma dinámica podría repetirse si acaba habiendo negociaciones directas con Irán, algo que, de momento, Teherán niega. Israel siempre se ha opuesto a los acuerdos negociados con su archienemigo. Tanto que acabó convenciendo a Trump durante su primer mandato para dinamitar el pacto alcanzado por Barack Obama en 2015 para restringir el programa nuclear iraní. «Digámoslo así: Cualquier acuerdo aceptable para Israel superará de largo las líneas rojas de Irán y, al revés, cualquier acuerdo que la Administración (Trump) alcance con Irán no será aceptable para Israel. Es un círculo que no se puede cuadrar», ha escrito en X Danny Citrinowicz, un influyente exfuncionario de la inteligencia militar israelí.
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