qué revisar antes de comprar uno (y qué garantía tienes)
Cada vez es más común encontrarlo coches electricos usadosporque poco a poco se van consolidando en el parque de vehículos español. Así que, si quieres dar el salto a la movilidad eléctrica, tienes donde mirar sin recurrir a un modelo nuevo o de kilómetro cero.
Por supuesto, lo que hay que tener en cuenta es esto. No es lo mismo comprar un coche eléctrico que comprar un coche de gasolina o diésel de segunda mano. En este caso no sólo hay que tener en cuenta el kilometraje o el estado del motor, sino también la batería. A priori puede parecer una buena oportunidad por el precio o porque es un modelo reciente, aunque puede esconder algunas diferencias importantes en términos de autonomía, carga o degradación.
Qué buscar en un coche eléctrico antes de comprarlo
El primer aspecto, y casi el más importante, es el estado real de la batería. No el prometido por el vendedor, sino el que muestra el coche en los datos. La mayoría de los fabricantes ofrecen informes sobre el estado de la batería (SOH) y algunas tiendas de automóviles eléctricos incluso tienen herramientas para medirlo.
Las baterías suelen perder entre un 2% y un 5% de capacidad al año, dependiendo del uso, la temperatura y la frecuencia de carga rápida. Sirve como referencia aproximada para detectar si el coche sigue un patrón normal o no.
El kilometraje, en este caso, no nos aporta tantas pistas como en el caso de un vehículo de gasolina o diésel. Un vehículo con muchos kilómetros puede estar en buen estado, sobre todo si su dueño lo ha tratado bien, y uno con muchos kilómetros puede incluso haber sufrido más de la cuenta por la carga rápida.
Consulte también el historial de mantenimiento. En los eléctricos no hay filtros de aceite ni tradicionales, pero sí, actualizaciones de software que afectan directamente al rendimiento. Un coche obsoleto puede consumir más o cargar peor de lo que debería. Y no olvides:
- Estado del puerto de carga: El desgaste, la holgura o las fallas en las conexiones pueden causar problemas todos los días.
- Capacidad de carga efectiva: No todos los modelos soportan la misma potencia y esto afecta los tiempos de carga.
- Sistema de regeneración de energía.: debe funcionar de forma progresiva y sin tirones.
- Frenos y suspensión: El peso adicional de la batería hará que estos elementos tengan un rendimiento diferente al de un coche de gasolina o diésel.
- Prueba de autonomía real: Independientemente de lo indicado en la tabla, comprobar la respuesta del vehículo en condiciones normales de uso.
Un consejo: una buena prueba de conducción no significa simplemente dar una vuelta a la manzana para comprobar tus sensaciones. Asegúrate de que el coche recupere energía correctamente, que entregue potencia de forma constante y que la autonomía sea la prometida.
La batería no es lo único: ojo con los fallos electrónicos

Desde entonces, un coche eléctrico no es sólo su batería transporta sistemas electrónicos complejos que gestionan la carga, el climatizador, la conectividad o las asistencias a la conducción. Y en este sentido también pueden surgir problemas.
No es raro que un coche eléctrico usado tenga sensores, pantallas o módulos de software defectuosos, especialmente si no ha recibido actualizaciones. En los coches con motor de combustión los fallos mecánicos suelen ser mucho más notorios. Sin embargo, los problemas suelen ser más sutiles en los eléctricos: Pérdida de eficiencia, cargas más lentas, errores intermitentes…
Y en cuanto al mantenimiento, es imprescindible contactar siempre con un taller experto y formado en coches electrificados.
Sea como fuere, la legislación española establece una garantía mínima de un año para los vehículos usados en la compra a un concesionario o profesional, debiendo Cubrir defectos que no surjan del uso normal o del desgaste normal del vehículo.. Sin embargo, en el caso de una compra entre particulares, sólo es posible presentar una reclamación en caso de vicios ocultos. El problema es que no es fácil de demostrar.
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