Trump busca avanzar a marchas forzadas en Gaza, pese al inmovilismo de Israel y Hamás
A las puertas de su primer aniversario al mando de la Casa Blanca, Donald Trump quiso sacarse una espinita que llevaba meses clavada. La semana pasada, el presidente estadounidense anunció a bombo y platillo el inicio oficial de la segunda fase del alto el fuego en la Franja de Gaza. Pero muchos temen o, más bien, desean que las suyas sean palabras vacías. Sus aliados israelíes no se lo han querido tomar en serio —el primer ministro, Binyamín Netanyahu, ha tachado el anuncio de una simple «acción declarativa«— y Hamás sigue sin estar dispuesto a entregar las armas sin la retirada de las tropas israelíes. A su vez, el pueblo gazatí constata que nada ha cambiado mientras entierra a sus últimos muertos a manos del Ejército israelí.
[–>[–>[–>«Lo que la población de Gaza necesita para vivir con dignidad y seguridad no está vinculado a ningún gobierno u organismo internacional«, denuncia Ahmed, un gazatí desplazado junto a su familia al centro de Gaza. Con los nuevos anuncios de la Administración Trump sobre la segunda fase de la tregua y la formación de la Junta de Paz que supervisará el gobierno de transición integrado por tecnócratas palestinos, «no ofrecen nada en claro». «No hay garantía de detener los ataques, ni señales de un retorno a la normalidad y no hay seguridad para que la ocupación [en referencia a Israel] «comprometerse» con lo acordado, explica a este diario mientras informa de los recientes ataques que está sufriendo a su alrededor.
[–> [–>[–>Obsesión por terminar con guerras
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Durante su campaña presidencial, Trump prometió poner fin a las guerras de Ucrania y Gaza. Un año después de su retorno a la Casa Blanca, ambas siguen bien activas. En octubre, el presidente estadounidense se apuntó un tanto al obligar a los israelíes a acceder a un alto el fuego en el enclave palestino. Es, de momento, la tregua más larga desde el inicio de la ofensiva militar israelí hace dos otoños, que ha arrasado con más de 71.440 vidas palestinas. «La primera fase del alto el fuego tenía el objetivo principal de poner fin a la guerra intensiva, y eso es lo que ocurrió, por lo que podríamos considerar esta primera etapa exitosa», constata Ghaith Al-Omari, investigador de The Washington Institute for Near East Policy, a EL PERIÓDICO.
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«No creo que esta guerra intensiva retorne pronto, porque Trump no quiere que vuelva«, añade Al-Omari. Sin embargo, el júbilo de esos días iniciales hace semanas que se agotó, y eso está cansando a Trump. Pese a sus esfuerzos negociadores, el conflicto a gran escala en Gaza está detenido y bloqueado a la vez, porque, hasta sus anuncios de esta semana, parecía no haber avances. Durante estos tres meses, más de 450 palestinos han sido asesinados por el Ejército israelí, pese a la tregua. Ahora, el gobierno de tecnócratas palestinos que debe gobernar Gaza durante este período transitorio se ha formado, y la Junta de Paz que debe supervisarlo y que el presidente estadounidense dirigirá, también. Pero el Ejecutivo de Netanyahu no parece avanzar en la misma línea.
[–>[–>[–>Netanyahu y los ultras, a la suya
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Los integrantes más radicales de la coalición no tienen reparos en desafiar abiertamente a Trump al abogar de forma pública por la ocupación de la Franja. El plan de 20 puntos elaborado por el presidente estadounidense descarta explícitamente la presencia militar de Israel o la anexión del territorio gazatí. «Necesitamos estar presentes en Gaza y en todo el territorio de Israel», declaró hace unos días el ministro de Justicia, Yariv Levin, miembro del Likud de Netanyahu. «Israel debe mantener el control de la Franja de Gaza», añadió el legislador de extrema derecha, Simcha Rothman, durante una conferencia celebrada en la Knesset, el Parlamento israelí, titulada ‘Gaza – El día después’.
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Esta misma semana, medios internacionales, como The Wall Street Journal, o israelíes, como The Times of Israel, informaban de los planes paralelos de Netanyahu. El primer ministro, escéptico de que Washington pueda asegurar el desarme de Hamás, ha hecho que el Ejército israelí diseñe un plan de contingencia para apoderarse de más territorio de la Franja. Estas nuevas operaciones militares intensivas buscan terminar lo que el alto el fuego les obligó a dejar a medias, incluida una ofensiva en Ciudad de Gaza prevista para marzo. Algo así entraría en colisión directa con la propuesta de paz de Trump, que incluye el despliegue de fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz. No obstante, eso sigue siendo otra de las incógnitas del futuro inmediato de Gaza porque ningún país se ha comprometido a ellas.
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[–>Incógnitas de la segunda fase
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La segunda fase de la tregua incluye compromisos que las partes implicadas no parecen dispuestas a aceptar, lo que pone a Trump en una situación complicada. Con su anuncio, no ha aclarado cómo garantizará que Hamás entregue las armas, a pesar de que el grupo se ha negado a hacerlo hasta que las tropas israelíes se retiren del territorio. Tampoco hay información sobre cómo se financiará la Junta de Paz ni el gobierno de tecnócratas palestinos, ni cómo se abordará el enorme reto de la reconstrucción. Sólo la retirada de los 68 millones de toneladas de escombros que hay en la Franja tardaría siete años en completarse, según Naciones Unidas. Ali Shaath es el exoficial gubernamental elegido para administrar Gaza como jefe del comité tecnocrático palestino y planea empujar los restos al mar Mediterráneo y reconstruir la infraestructura destruida en un plazo de tres años.
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Desde octubre, este alto el fuego ha funcionado sin un cronograma concreto. El anuncio por parte de Trump de esta semana se ha hecho de forma unilateral, sin que el Gobierno israelí lo haya reconocido, aunque sí que la Autoridad Palestina le dio la bienvenida anunciando la creación del comité de tecnócratas. Mientras, en Gaza, la mayoría de la población malvive en viviendas improvisadas o edificios dañados en el 47% del territorio del que se han retirado las tropas israelíes. Con la entrada en vigor de la tregua, Hamás recuperó rápidamente el control de estas zonas y se mantiene ahí con fuerza, lo que dificulta el desarme y la transición de poder. Los gazatíes, por su parte, reclaman tener su propia voz en todo esto. «No somos números», recuerda Ahmed. «Queremos decidir nuestro destino por nosotros mismos», concluye.
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