Un turismo variopinto
En la búsqueda de la excelencia turística en Gijón falta todavía por resolver un tipo de visitante que a día de hoy sigue generando voces a favor y en contra, especialmente dentro de la hostelería y hotelería, con negocios que les reciben con los brazos abiertos y otros que tienen carteles advirtiendo el veto. Justo el fin de semana en el que los primeros socorristas tomaban posesión de sus uniformes en las playas urbanas –un servicio que durante años ha sido ejemplo para otros concejos–, la capital marítima del Principado se llenaba de despedidas de soltero en el arranque de la temporada de baños. No una ni dos ni tres. El aluvión de grupos, de hombres y mujeres, también alguno mixto, se dejó sentir durante el puente festivo. Solo el aguacero al inicio de la tarde de ayer despejó por unas horas el trasiego de disfraces –algunos originales, todo hay que decirlo– y las siempre molestas voces de quienes pasan las horas de folixa fuera de sus ciudades natales.
[–>[–>[–>Hace ya varios años que desde el área de Turismo del Ayuntamiento se apuesta por otro tipo de públicos como el deportivo, el cultural o el familiar. Pero si los objetivos del plan estratégico lanzado recientemente desde la Casa Consistorial son el bienestar ciudadano, la cohesión social y el retorno real para la economía local –por mucho dinero que dejan estos grupos– cabe plantearse si la ciudad debería poner coto a este tipo de celebraciones que, a lo sumo, solo cumplen uno de los ejes.
[–> [–>[–>Lo de este fin de semana fue algo constante. Y, además, las empresas que organizan actividades para estos perfiles ya advierten que el primero de mayo es el pistoletazo de salida para la temporada de despedidas. Es una muestra más de que Gijón está de moda, pero si algo demuestran las modas es precisamente falta de personalidad. Gijón tiene otro carácter y convendría poner límites, que turistas ya hay bastantes.
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