CHUS NEIRA | Luz Casal, la voz para la que la trabaja
Es muy posible que en la aldea coruñesa de Orros, en Boimorto, Luz Casal tenga alguna vecina de esas que siguen desafiando diariamente su longevidad con un vaso de aguardiente en ayunas y la determinación de salir a trabajar al campo cuando el gallinero todavía duerme. La trayectoria de la cantante, su voz, su presencia escénica y discográfica, su arte, recuerda un poco al de esas mujeres, corajudas y resueltas, que uno puede encontrar en cualquier rincón de Galicia. A Luz, como a ellas, no la escucharás lamentarse por la leche derramada ni perderse en ensoñaciones de lo que está por venir. Igual que una gigantesca mujer rural retratada en un mural del sindicato agrario de los años treinta, los afanes de la cantante gallega están solo en su trabajo y sus frutos son fecundos. Así la vimos en las últimas semanas, en el Grand Rex de París o en el Movistar Arena de Madrid, presentando su último disco, Me voy a permitir (y van 18), con el mismo empeño y entrega que lo hizo en el histórico concierto de Amnistía Internacional en Chile en 1990 o cantando por Agustín Lara para Almodóvar un año después de aquello.
[–>[–>[–>Piensa en mí fue, más que un hito en la carrera de Luz Casal (Boimorto, 1958), un cruce de caminos y una prueba de que el rock, la chulería macarra, es actitud, movimiento, acción, ¡hagámoslo! Cuando todos le alertaron del peligro que para una rockera de cuero negro como ella entrañaba meterse en las hechuras de un bolero, del despiste que podía provocar en los seguidores que la habían aupado desde el No aguanto más al Loca, ella aceptó el envite y subió la apuesta con una interpretación cruda y cierta que dio a la actuación de Marisa Paredes toda la verdad.
[–> [–>[–>Luz Casal cantó, siempre lo ha hecho así, como la primera vez, cuando el orbayu le sorprendió camino del colegio por las calles de Avilés y se atrevió a soltar las cuerdas vocales, empapada de melodías y a dejarse escuchar.
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La marquesa de Luz y Paz, un honor reciente que recogió con todo el agradecimiento y sin ninguna tontería, tuvo dos padres en la biografía y en la geografía. José fue el biológico, Maximino, el tercero en discordia, pareja de su madre Matilde y otro acompañante en su vida. En el territorio, Galicia ha sido la tierra larera, el lugar al que volver y fundar un festival con su compañero, Paco Pérez Bryan, a imagen y semejanza de su querido Glastonbury. Y Asturias, Avilés, la ciudad en la que vivió hasta los quince años. Uno es de donde hace el bachillerato, decía Max Aub. Luz Casal estudió allí con Las Doroteas, debutó en el escenario con la agrupación gijonesa y el grupo Fannys, dedicó todas las horas de sumundo a cantar y pronto se plantó en Madrid. Los comienzos no fueron fáciles, pero en aquellos años de trinchera Luz militó con los profesionales, abriendo en las giras del Rock de una noche de verano de Miguel Ríos o haciéndole los coros a Rosendo Mercado en el directo de Leño, sí señor. Con la inspiración de Bob Marley (El ascensor) había iniciado un camino en solitario apuntalado por éxitos como el mencionado No aguanto más (1983) o la inesperada Rufino (1985), el tonti-rock’n’roll que le pidió a Carmen Santonja.
[–>[–>[–>Fue asomarse a los noventa con su quinto LP, V, producido por Paco Trinidad, y precipitarse a los números uno, con Loca, No me importa nada y Te dejé marchar.
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Desde entonces, y después de Almodóvar, Luz Casal cantó lo que quiso, rodeada siempre por los mejores músicos y en los mejores estudios, aupada por un público europeo, Francia primero, que vio en ella una mujer rotunda, noble, oceánica, tan alejada de la fragilidad gala y tan cercana, la piel en el escenario, en el directo.
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[–>A las dos últimas décadas les puso Luz buena cara y remango cuando vinieron mal dadas. Respondió a los dos cáncer de mama grabando mejores discos −La Pasión y después de tomar París siguió por Italia hasta rendir a Atenas, desplegando las armas de una mujer capaz de cualquier repertorio, abrazando el regalo de su voz adulta y permitiéndose seguir ocupando un lugar único en este país y en este continente. Dueña de la tierra que lleva trabajándose más de media vida y haciendo suyo el legado de Mercedes Sosa, Violeta Parra o Rosalía de Castro, Luz Casal sigue siendo la única que puede permitirse cantar por Aznavour con Carla Bruni sin dejar de ser nuestra insobornable, cruda y altanera dama del rock del país. Que no falte.
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