No se trata solo de ‘calmar’, sino de prevenir la cronificación del trauma
La gijonesa Natalia Lorenzo Ruiz es psicóloga experta en Emergencias y coordinadora de la Comisión de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes del Colegio Oficial de Psicología del Principado de Asturias. En esta entrevista, aporta algunos criterios y orientaciones de interés general para una gestión eficaz, desde el punto de vista emocional, de tragedias como el accidente ferroviario acontecido en Aldamuz (Córdoba), que hasta el momento suma 39 muertos y más de 150 heridos.
[–>[–>[–>¿Cómo debe abordarse el plano psicoemocional de una tragedia de estas dimensiones?
[–> [–>[–>Desde una intervención temprana, profesional y coordinada. En las primeras horas, es fundamental garantizar contención emocional, sensación de seguridad y apoyo básico a las personas afectadas. No se trata solo de “calmar”, sino de prevenir la cronificación del trauma. Es clave respetar las reacciones normales ante una situación anormal, ofrecer información clara, favorecer el acompañamiento y activar dispositivos de apoyo psicológico especializados tanto para víctimas directas como para familiares y primeros intervinientes.
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¿Cuáles son las claves del apoyo a los familiares de los fallecidos?
[–>[–>[–>La clave está en un acompañamiento humano, continuo y respetuoso. Es imprescindible una comunicación clara, empática y honesta, evitando mensajes contradictorios. También es importante facilitar espacios de intimidad, respetar los tiempos del duelo y ofrecer apoyo psicológico especializado desde el primer momento. Además, el acompañamiento debe mantenerse más allá de las primeras horas, porque el impacto emocional suele intensificarse cuando baja la presión mediática y operativa.
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¿Y las pautas básicas del apoyo a los heridos?
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[–>Debe abordarse desde una perspectiva integral. No solo hay que atender las secuelas físicas, sino también el impacto psicológico del accidente: miedo, ansiedad, estrés agudo o sensación de vulnerabilidad. El seguimiento psicológico es fundamental, porque algunas reacciones aparecen días o semanas después. También es importante implicar a las familias, ofrecer información clara y respetar la intimidad de las personas afectadas durante todo el proceso de recuperación.
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¿El debate público sobre lo sucedido debe tener límites para no exacerbar los ánimos?
[–>[–>[–>El debate es legítimo, pero debe ser responsable. En fases tan tempranas es fundamental evitar la especulación, los juicios prematuros y la sobreexposición del sufrimiento. El tratamiento mediático influye directamente en el impacto psicológico de las víctimas. Pedimos prudencia informativa, respeto a los tiempos de la investigación y un enfoque centrado en las personas afectadas, no en el sensacionalismo.
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¿Qué cabe pedir a las instituciones?
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Coordinación real entre dispositivos, recursos suficientes para la atención psicológica, y una respuesta continuada en el tiempo. No basta con la fase de emergencia: es necesario un plan de seguimiento. También es clave la transparencia informativa y el compromiso con la prevención. Desde los Colegios profesionales de Psicología insistimos en la importancia de integrar de forma estructural la atención psicológica en los planes de emergencia.
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¿Qué puede hacer el conjunto de la sociedad para remar a favor de las víctimas?
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Mostrar respeto, empatía y responsabilidad. Evitar difundir rumores, imágenes sensibles o información no contrastada. Apoyar las iniciativas oficiales de ayuda y entender que el duelo necesita espacio y silencio. Como sociedad podemos contribuir creando un entorno protector, menos hostil y más humano, que facilite la recuperación emocional de las personas afectadas.
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