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retraso en dar datos, ocultación a partidos y muestras con sesgo

retraso en dar datos, ocultación a partidos y muestras con sesgo
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  • Publishedabril 20, 2026



Hay una anécdota, un tanto apócrifa, que se atribuye a Pablo Picasso: un día alguien le dijo que aquella modelo no se parecía en nada al retrato que él le había hecho, que el cuadro reflejaba una realidad muy distorsionada, y el pintor respondió que «se parecerá».

Algo parecido ocurre con la CEI. Su presidente, el socialista José Félix Tezanos, no deja de predicar las bondades de su trabajo al frente de su organización, la impecabilidad de su servicio a la sociedad frente a los «magos» y «charlatanes» que considera proliferan en su sector. Sin embargo, la realidad sigue contradiciéndolo. Y como Tezanos no tiene la gracia de Picasso, y el dinero que utiliza es el de todos los españoles, cada vez son más las voces internas y externas que dicen «hasta aquí».

LA RAZÓN ha podido saber que existe una malestar creciente entre los trabajadores del propio CIS, funcionarios que no están en las salas donde se toman las decisiones estratégicas, pero que sí sufren daños reputacionales y una constante atención mediática. Muchos no explican ni comprenden los numerosos cambios que ha realizado Tezanos y que contribuyen al descrédito de una institución que antes rehuía los focos para garantizar su neutralidad.

intención de voto

Aunque la lista de cambios es extensa, uno de los más perjudiciales ha sido prácticamente en la filosofía, en la identidad del trabajo del CIS. Existe una sensación creciente de que la organización ya no se centra tanto en estudiar la sociedad española, sino más bien actúa como un encuestador (el más poderoso de todos) que sigue recopilando información electoral para el Gobierno y que, además, no comparte con el resto de partidos políticos.

Esto se nota, entre otras cuestiones, en que ya incluye preguntas sobre intención de voto en prácticamente todos sus estudios. Y lo hace a pesar de que el tema estudiado nada tiene que ver con el comportamiento electoral.

El último estudio publicado por el CIS, “Actitudes y demandas de los andaluces tras las inundaciones”, es un perfecto ejemplo de ello. De las 25 preguntas del cuestionario, sólo las nueve primeras versan realmente sobre las inundaciones, mientras que el resto son preguntas sobre las elecciones autonómicas que se celebrarán el 17 de mayo en la comunidad autónoma.

Además, la encuesta cuenta con una amplia muestra de 6.000 entrevistas y está diseñada para obtener un mínimo de respuestas por provincia; es decir, por circunscripciones electorales. Por poner un ejemplo comparativo, la encuesta flash realizada por el CIS para las elecciones andaluzas de 2022 solo contó con 4.000 entrevistas. Esto significa que El CIS ha convertido un estudio sobre las inundaciones en una encuesta preelectoral del 17M.

Cambios metodológicos

Sin embargo, esa intencionalidad no es lo único que molesta. También hay una parte técnica, y una de las críticas más recurrentes entre los expertos consultados por este periódico es que Tezanos también ha cambiado la metodología a la hora de realizar las encuestas y la ponderación a la hora de analizar los resultados, sin haberlo explicado bien y sin demostrar que el nuevo sistema es mejor que los anteriores.

Por ejemplo, durante la pandemia se pasó de un modelo de encuesta presencial a uno telefónico. Si bien es cierto que sirve para aumentar el número de personas encuestadas, las encuestas realizadas demuestran que existen Sesgos importantes en la muestra.sobrerrepresentación de personas educadas y de izquierdas en comparación con otros perfiles.

Se ve perfectamente en el último barómetro realizado, el de marzo. El 33,4% de los entrevistados por el CIS afirmó haber votado al PSOE el 23J. Por otro lado, el 22,9% de los encuestados había votado al PP. La muestra genera una diferencia de diez puntos entre ambos partidos cuando, en realidad, el PP fue quien ganó las elecciones del 23J con el 33% de los sufragios. A Vox votó el 12,4% y en la muestra de ese barómetro son sólo el 9,6%.

Muchos expertos, como dijeron en la comisión de investigación llevada a cabo por el PP en el Senado, consideran que esta muestra ya invalida las conclusiones extraídas después, por mucho que intenten corregirlas con diferentes modelos de ponderación. Pero incluso en la ponderación se han introducido cambios que pocos se explican.

Hasta la llegada de Tezanos, el CIS venía utilizando un modelo de estimación de voto común al resto de casas privadas de votación (que además suelen ser más precisos que el CIS cada vez que se celebran elecciones), y que utiliza como factor principal la intención de voto directa, corregida por recuerdo de voto, y una ponderación demográfica.

Tezanos, en cambio, sustituyó ese modelo por otro llamado «modelo bidimensional de inercia-incertidumbre Alaminos-Tezanos», creado por él mismo, poco transparente y que ofrece resultados que, cada vez que se abren las urnas, suelen acabar siendo desmentidos rotundamente.

Como dato curioso, el Alaminos que da nombre al método es Antonio Alaminos, mano derecha de Tezanos y con mucha presencia en la institución, a pesar de que no forma parte del CIS. En 2023, su hijo obtuvo un puesto como funcionario en el CIS gracias a un concurso de méritos (es decir, sin examen) y a un tribunal en el que cuatro de sus cinco miembros eran subordinados del propio Tezanos. Este premio generó mucho malestar interno.

Horquillas anchas

Volviendo a la estimación de votos, lo cierto es que el CIS no siempre fracasa. Hay momentos en los que el resultado es acertado, como ocurrió en las últimas elecciones en Castilla y León. Pero el hecho de que el dardo haya dado en el blanco no se debe tanto a su precisión como a que también ha alargado el lanzamiento. Ahora el CIS ofrece rangos enormes en su estimación, hasta diez escaños, mientras que antes de Tezanos eran uno o dos.

En la encuesta previa a las elecciones de Castilla y León, Tezanos estimaba un resultado de entre 28 y 38 escaños para el PP y entre 26 y 35 escaños para el PSOE. Eso es un margen de diez y nueve abogados, respectivamente. Llama la atención: dio la misma importancia a que el PSOE ganara al PP por siete escaños, que a que el PP ganara al PSOE por 12. Y esa fue la conclusión a la que llegó tras realizar 8.039 entrevistas, mientras que las casas particulares hacen entre 1.000 y 2.000 y ofrecen rangos de una o dos, en su mayor parte.

De hecho, en las elecciones de Castilla y León de 2019, con Tezanos ya al mando, el CIS realizó una encuesta con sólo 1.638 encuestados y ofreciendo un rango de nada más que un escaño. ¿Eso hizo que la estimación fuera terrible? Al contrario, clavó los resultados que acabó obteniendo el PP. En las elecciones anteriores, las de 2015, el CIS realizó 2.989 entrevistas y dio rangos de un escaño.

Microdatos para algunos

Otro problema que contribuye al descrédito de la institución es su gestión de los microdatos. Estas son las respuestas dadas por todos los encuestados. Una de las defensas más habituales del CIS es explicar que sus microdatos se hacen públicos, y que, si hay personas que no están de acuerdo con sus estimaciones, pueden utilizar esa información para hacer los cálculos que consideren necesarios. Sin embargo, este es un argumento bastante complicado.

Al no existir una norma que regule cuándo se deben hacer públicos estos microdatos, el CIS los está retrasando y la información se difunde cuando ya no es tan relevante. Volviendo al ejemplo de Castilla y León, la encuesta preelectoral se publicó el 20 de febrero, tres semanas antes de las elecciones del 15 de marzo. Sin embargo, los microdatos no se publicaron hasta el 27 de marzo, dos semanas después de las elecciones.

Esta es una cuestión llamativa porque los microdatos, las respuestas a las preguntas, son lo primero que se obtiene, mucho antes de los cálculos que hace el CIS después. Si se publicaran antes de las elecciones sería una información muy valiosa para los distintos partidos. Pero no se hace así. Por otro lado, el Gobierno ha recibido información antes de que se haga pública, como demostró Pablo Iglesias cuando aún era vicepresidente del Ejecutivo y compartió, por error, información del CIS que aún no había sido publicada en un grupo de mensajería.

A pesar del creciente descrédito en el que se ha ido hundiendo la CEI, éste no se ha reflejado en su asignación presupuestaria. Ha ocurrido al revés: a los españoles cada vez les cuesta más dinero. En los presupuestos de 2023, los últimos aprobados por el Congreso, tenía una provisión de 12,7 millones de euros. Ese es el dinero que cuesta actualmente oficialmente, se puede decir, ya que no se han aprobado nuevos Presupuestos Generales del Estado.

Sin embargo, El Consejo de Ministros lleva año tras año aprobando partidas específicas para el centro de Tezanos. En 2023 aprobó una dotación extra de 3,2 millones, en 2025 hubo otra de 4,8 millones y este 2026, el pasado mes de marzo, una de 1,9 millones de euros. La única explicación que dio Hacienda para esta nueva inyección fue que el CIS necesita «financiar insuficiencias crediticias en la dotación destinada a costear estudios y trabajos técnicos».

Además, el año pasado se subió el sueldo a Tezanos elevándole a un rango equivalente al de subsecretario de Estado, por lo que pasó a ganar 100.000 euros al año. Un premio para el presidente de una institución que, cada día que pasa, sufre para superar lo que le hacen.

Los llamados de atención

Hay un último factor que no es tan técnico, pero que también molesta mucho a los trabajadores del CIS: las constantes llamadas de atención de su presidente.

Antes de la era Tezanos, los ciudadanos no sabían quién era el presidente de la organización, lo que facilitaba hacer su trabajo en silencio, centrando la atención en sus resultados.

Sin embargo, con Tezanos al mando, la CEI está continuamente en el punto de mira. Y no sólo por la oposición política al Gobierno o por los medios críticos con el Ejecutivo, sino porque el propio Tezanos la alimenta. El presidente del CIS no tiene problemas en aparecer repetidamente en los foros que lo invitan, escribe periódicamente editoriales provocativas en la revista «Temas» y cada vez que se le coloca un micrófono no deja indiferente a nadie.

Incluso está escribiendo un libro llamado “El CIS de Tezanos” y que se publicará en cuanto deje la organización. Para muchos trabajadores de la CEI, esta actitud de regodearse ante las críticas es absolutamente innecesaria y no contribuye a calmar las aguas, que es, de hecho, lo que muchos ya piden a gritos.



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